Mes: mayo 2012

Política del espejo

Si colocas dos espejos frente a frente, ¿qué se refleja en ellos? No el vacío, ni ninguna otra ominosa realidad resistente al raciocinio. A no ser que el experimento adquiera proporciones surreales y dispongamos de un cubo cuyas caras internas sean, todas ellas, espejos, en cuyo caso nada podrá reflejarse al no haber luz. En condiciones cotidianas, dos espejos frente a frente tenderán a reflejar una y otra vez todo aquello que rebose fuera de sus bordes: obtendremos así un ramillete de fragmentos oblicuos de un mundo con dos grandes lágrimas en su seno.

Nos hemos habituado a un ejercicio especular de la política y a una política especulativa: reflexión como acto reflejo sobre un futuro no escrito pero proyectado desde la propia reflexión (el presidente habla porque se dispara la prima de riesgo, y la prima de riesgo vuelve a dispararse porque ha hablado el presidente). Política especular por cuanto cada pieza del discurso es un reflejo de otra y, todas ellas, la imagen invertida de un mundo circundante cuyos mecanismos el discurso no capta sino deformados.

¿Es Rajoy un Cascos invertido, o son ambos un reflejo bifronte de otra cosa? Rajoy: el hombre que reinó sin poder. Cascos: el hombre que pudo reinar y no reinó. ¿Equivocaron la estrategia sus respectivos domesticadores, proyectando en uno una fortaleza sin asideros naturales, fingida a base de exagerar inopinadamente una debilidad intrínseca, y en otro una ferocidad sin causa, simple reflejo de un tropismo en busca de discurso que lo legitimara?

Quidditch

Sospechábamos que Cristóbal Montoro se había escapado de alguna saga épica tardomoderna, tipo Terramar o Mundodisco, y no íbamos descaminados. Al menos, en lo de formular un conjuro y esperar obtener consecuencias, nos ha salido mago, aun cuando las consecuencias (como a menudo les ocurre a los magos) no fueran las esperadas. Profetizó plagas bíblicas sobre las cuentas públicas asturianas y ha empezado a cumplir, bien que sin poder evitar que algún efecto colateral le diera en los morros: fue abrir Montoro la boca y precipitar un acuerdo de investidura entre PSOE y UPyD cuyo primer efecto será el de enviar a Cascos al hiperespacio. Ya es algo. Es previsible que sus viejos compañeros del PP le acompañen en el viaje.

Así pues, a Montoro le vieron el envite y es lo suyo que le tocara mostrar las cartas. Bien es verdad que las cartas las había repartido Cascos, así que nadie gana. Menos que nadie, el millón de asturianos atrapados en medio de este partido de quidditch y a quienes, ni se les permite participar en el juego, ni tienen el menor interés en ese absurdo deporte: víctimas, como los demás, de esta peculiar versión de la doctrina Otegi por la cual los poderes públicos han decidido socializar el sufrimiento. El sufrimiento de los bancos, se entiende.

En cuanto a Cascos, poco margen de maniobra le queda, a no ser que se decida a emular a Boris Yeltsin y bombardear la Xunta Xeneral del Principáu. No es muy plausible, pero no descartemos nada: ha sido un año muy largo, muy inútil, lleno de ruido y furia.

La amenaza fantasma

Hete aquí que Cristóbal Montoro y sus muchachos, henchidos de un súbito sentimiento quincemayista, se preguntaron por qué tomar una plaza pudiendo tomar toda una comunidad autónoma. Así que cogieron sus pancartas, sus bongos, sus vuvuzelas, y se inclinaron todos a una sobre el mapa y escogieron Asturies, patria querida, y zas, ahí queda eso: amenaza de intervención para la única comunidad autónoma que aún tiene un gobierno en funciones, y ojito las demás, que esto va en serio.

¿Va en serio? No lo sé, y no me urge averiguarlo porque, de ser así, se sabrá muy pronto y saldremos de dudas. Ahora bien, ¿de qué dudas? Ciertamente, son unas cuantas las que todo esto me suscita y, como últimamente he venido descubriendo que este país nuestro rebosa de mentes prodigiosas y confío en que no todas ellas estén ocupadas dirigiendo La Razón, ahí van unas cuantas. Agradecería respuestas concisas y, si vienen con membrete oficial, mucho mejor.

Primero. ¿Qué es eso de intervenir una comunidad? Según la Ley de Estabilidad Presupuestaria, en vigor desde hace un par de semanas, se trataría de que el gobierno español se hiciese cargo del control de las cuentas públicas de la comunidad intervenida, obligando al gobierno autonómico a realizar un depósito del 0,2 % del PIB de la comunidad (que se convertirá en multa si en el plazo de tres meses no se ha corregido la desviación presupuestaria) e iniciando una auditoría de las cuentas a cargo de un grupo de expertos que propondrán unas medidas de obligado cumplimiento. Hasta aquí, lo que ha dicho la prensa, más o menos, a propósito de la amenaza que pesa sobre Asturies. Ahora bien, si uno se lee la Ley de Estabilidad Presupuestaria, puede pensar que nos hemos perdido algún episodio: todas esas medidas (llamadas en bloque “intervención”) aparecen consignadas como “medidas coercitivas” en el artículo 25, pero para llegar a ellas habría de ocurrir que el plan de estabilidad presentado por la comunidad autónoma hubiese sido rechazado por el Consejo de Política Fiscal y Financiera por segunda vez consecutiva, tras haber sido devuelto en su versión original. Naturalmente, todo esto es sólo lo que yo he sacado en limpio después de una sola lectura de la ley en cuestión, pero sé que caben otras interpretaciones, entre ellas, la de la propia Consejería de Hacienda de Asturies, que rebaja todavía más la credibilidad de la amenaza. No obstante, lo que a mí me preocupa es la carga semántica del significante “intervención”, y su posible asociación con lo contemplado en el artículo 155 de la Constitución, como si nos hallásemos ante una efectiva suspensión del ejercicio de las competencias autonómicas. Cierto que hay semejanzas entre una cosa y la otra, pero me gustaría que alguien me aclarase (insisto en lo del membrete) si son lo mismo, puesto que no veo por ningún lado que el Senado vaya a votar ni las intervenciones anunciadas ni las desmentidas, un trámite ineludible, según la Constitución, para despojar a una comunidad de su autonomía efectiva.

Segundo. ¿Es casual que la advertencia se realice al día siguiente de haberse conocido el fallo del Tribunal Constitucional que devolvía al PSOE el escaño perdido y hallado en el templo? ¿Que se anuncie, también, al día siguiente de que PSOE y UPyD hiciesen público su desacuerdo sobre la circunscripción electoral única, lo cual impediría un pacto de investidura entre ambas fuerzas y abriría otra vez la puerta a un entendimiento PP-FAC-UPyD? Digamos que estas dos preguntas puedo respondérmelas yo solito, pero la única respuesta posible me genera más desazón que tranquilidad, dado que aquí, y no en las cuentas públicas, es donde se ve un intento efectivo y brutal de intervención: ¿o acaso no parece que el gobierno español está advirtiendo al PSOE de que, si finalmente gobierna Asturies, se las van a hacer pasar muy putas, lo mismo que le advierten a Cascos (quien, por cierto, no ha dicho ni mu, para variar), sólo que a este con otra letra y otra música: “gánate a los de UPyD y haz las paces con nosotros, o te las verás con nuestros auditores”; lo mismo que, finalmente, a UPyD, para evitar tentaciones abstencionistas que pudieran poner a Asturies al borde de unas nuevas elecciones, las terceras, de las cuales cabría esperar un hundimiento cuasi definitivo de la derecha, tanto de la facista como de la otra? Sí, es cierto, la pregunta es muy larga, pero la respuesta, creo, es más que breve.

Un asuntu menor

Hai un par de selmanes conocióse que l’Asociación d’Escritores d’Asturies nun diba convocar esti añu los Premios de la Crítica pa obres publicaes en llingua asturiana, o lo que ye lo mesmo: a los Premios de la Crítica, convocaos y concedíos añalmente por esa asociación, namás diben poder optar obres escrites en llingua castellana. Dicho asina, suena mal. Dicho de cualaquier otra manera, tamién. Efectivamente, la mayoría de los socios d’esa asociación escriben namás en castellanu (pero nun foi siempre asina), y tamién ye verdá que la mayoría de los escritores que trabayen n’Asturies (en cualquier idioma) nin son miembros de l’asociación nin-yos importa demasiao lo qu’esta faiga o dexe de facer (pero de nuevu pue dicise qu’esto paez que foi a más últimamente). A les clares voi dicilo, y espero que nun-y paeza mal a naide: l’Asociación d’Escritores d’Asturies ye una asociación minoritaria y d’escasu prestixu, poro les sos decisiones, por absurdes que paezan, nin van cambiar el mundu nin van tener efectu dalu na lliteratura asturiana.

Agora bien, si la decisión d’escluir al asturianu de los Premios de la Crítica la tomara la Tertulia Cultural El Garrapiellu, o la Peña Sportinguista de Turón, entiendo yo que naide nun diba echar mucho tres d’ello, quitando los socios que nun-yos gustara la midida. Yo, a lo menos, como escritor, nun diba sentime agraviáu nin ofendíu. Pero que lo faiga una asociación que se llama Asociación d’Escritores d’Asturies, por más que yo nun seya sociu d’ella nin pensara nunca en selo (nin naide me lo pidiera), aféctame: porque na so denominación ta implícita la voluntá de representar a un colectivu del que, dende’l mio particular individualismu, soi parte. Por eso firmé, xunto con otres más de doscientes persones, el Manifiestu de protesta pola exclusión de les obres en llingua asturiana de los Premios de la Crítica.

Conté que con eso bastaba y sinceramente pensé que l’asociación diba rectificar. Húbolos que pensaron diferente. Carlos Suari, ún de los munchos escritores que recibieron el Premiu de la Crítica, decidió nel intre devolve-y a l’asociación el troféu que-y concedieren. Tamos falando d’una pequeña escultura de Jaime Herrero, un artista al qu’aprecio personal y profesionalmente. Yo recibí esi mesmu premiu en dos ocasiones, asina que tengo dos escultures, y la verdá, avagábame desfaceme d’elles, más que nada por respetu al so autor. Igual foi eso, pero, insisto, taba convencíu de que la razón diba ganar esta vegada.

Va ser que non: hai unes hores, l’Asociación d’Escritores d’Asturies (AEA, pa en delantre) fixo públicu un comunicáu sobre les reacciones que llevantó la so decisión. El comunicáu vien firmáu pol so presidente, Mariano Arias Páramo, y nun merez un análisis mui posáu porque nun hai nél nada qu’analizar (refiérome al comunicáu, non al presidente). Agora bien, un par de comentarios sí paguen la pena. Yo, a lo menos, siéntome obligáu a pidi-y al señor Arias Páramo que, si querer nun quier rectificar, polo menos que nun falte. Porque esi tonucu de seminarista resabiáu nun ye’l más adecuáu pa un comunicáu que va lleese como espresión de lo que piensen los socios de l’AEA. Dalgún amigu tengo que sigue siendo miembru d’esa asociación, y francamente nun soi pa imaxinalu gastando eses maneres.

Pela mio parte, he dicir que, si de lo que se trata ye d’insultar, acepto’l brinde, pero diba agradecer un pocoñín más d’estilu en dalguién que presume de presidir una asociación de tantu ringorrango. Mesmo que pasa nel mus, o nun lleves xuegu o faes bien les señes, pero llevar xuegu y que se te note ye perder a lo bobo. Equí’l señor Arias Páramo lleva xuegu (un bon xuegu de prexuicios) pero nótase-y per toes partes la voluntá d’escondelu, quiciás porque yá nun tamos naquella época onde cualquier aspirante a intelectual podía dicir toles faltosaes del mundu a propósitu de la llingua asturiana y de los qu’escribimos nella. Que tenga que facer l’esfuerzu de ser políticamente correctu ye un síntoma de que vamos progresando, igual que lo ye comprobar que la mayoría de los escritores asturianos, asociaos o non, nun cayeron na trampa saducea de ver nesti incidente una causa de discordia ente los qu’escriben nun idioma y los qu’escriben n’otru. A esti pasu, nun pierdo la esperanza de que dalgún día podamos aforranos esti tipu d’espectáculos.

Namás una cita del comunicáu en cuestión, y vamos acabando: “Apreciamos que los firmantes del Manifiestu se interesen tanto por estos premios que han despreciado con su ausencia continuada a la hora de trabajar para conseguirlos y en muchos casos con su indiferencia”. Yo lo único qu’aprecio ye que los dos Premios de la Crítica que llogré foron, a xuiciu de l’AEA, inmerecíos, yá que nun trabayé nada pa consiguilos. Polo mesmo, agora sí, y por muncho que me duelga l’espreciu involuntariu que-y faigo a Jaime Herrero, devuélvo-ylos a l’AEA encantáu de la vida, si con esto me garantiza’l señor Arias Páramo que de agora pa en delantre va ser verdá que “la AEA, en tanto que carece de carácter profesional, no puede bajo ningún concepto arrogarse el derecho de representar a todos los escritores de Asturias”. Entiendo que, si esto nun ye namás retórica barato, l’AEA va facer los trámites correspondientes pa busca-y a l’asociación una denominación más adecuada. Ofreceríame de bona llei a proponer unes cuantes que fueren acordies cola sensibilidá del so presidente, pero nun cuento que los sos socios, o munchos d’ellos, les merecieren.

Agora yá podemos dexar el tema y ocupanos d’asuntos más serios.

 

Migajas intelectuales

¿Qué es un intelectual? Uno diría que es aquel que concita el desprecio de un gran número de personas y la adoración de un público reducido, justo al revés que cualquier estrella del mundo del espectáculo. Claro que así no atrapamos la esencia del intelectual, solo sus condiciones de existencia en la sociedad contemporánea. Pero no vamos, a estas alturas, a hacernos los ingenuos: sabemos lo que hacen los intelectuales, lo que no acertamos a decidir es si eso que hacen tiene un sentido más allá de ciertas inercias heredadas del siglo XX.

A lo largo del pasado siglo prosperó la figura del escritor con formación filosófica cuyas intervenciones públicas eran saludadas con respeto tanto por sus seguidores como por sus adversarios. Aunque en seguida se acuñó la expresión “intelectual comprometido”, el adjetivo no hacía falta: el intelectual se oponía al erudito precisamente en esa dimensión polémica del engagé. Jean-Paul Sartre viene a ser el primer analogado del concepto “intelectual”, y desde hace decenios medimos las dimensiones del intelectual por su semejanza con las maneras sartreanas.

Hay, no obstante, un tipo de intelectual que, más que a Sartre, se asemeja a Bertrand Russell, el otro gran icono de la filosofía popular del siglo XX. Russell, frente a Sartre, procede del ámbito de la especialización científica (la lógica, en su caso), y su activismo político no sigue los dictados de una teorización previa sub specie aeternitatis. Algunos de los intelectuales más influyentes de las últimas décadas son también figuras reconocidas en alguna disciplina de elite: la semiología en el caso de Umberto Eco, la gramática generativa en el de Noam Chomsky, la teoría literaria en el de Tzvetan Todorov. También ellos, como Russell, tienden a evitar la reflexión sistemática sobre los asuntos de la razón práctica, y es como si, al opinar sobre política, religión o moral, lo hicieran desde su condición de ciudadanos, no desde las coordenadas de su experiencia académica.

En Los enemigos íntimos de la democracia, Todorov exhibe una vez más las virtudes y los defectos de esa encarnación contemporánea del intelectual. Cierto, es difícil no asentir a muchas (la mayoría) de sus observaciones sobre los peligros del populismo o los desarreglos del neoliberalismo, pero en conjunto se echa de menos una mayor solidez argumental, toda vez que, al carecer de un andamiaje teórico solvente, tales observaciones se apoyan en el patetismo o, peor aún, en un relato de circunstancias, a saber: la democracia ha vencido a todos sus enemigos exteriores (el fascismo y el comunismo) y ahora solo hace falta desactivar a esos enemigos interiores que no son sino la desmesura en el ejercicio de sus principios fundacionales.

Así pues, no es extraño que de la lectura de Los enemigos íntimos de la democracia salga uno casi desalentado y echando de menos los grandes relatos de la modernidad. Pues si el horizonte de la cosa pública no es más que una combinación de fatalismo ontológico (el pensamiento utópico como desmesura, recordemos) y voluntarismo moral (bien que inspirado en un cinismo paternalista que vendría a decir: sed buenos chicos o lo pagaréis muy caro), la propia idea de democracia deja de ser atractiva per se y sólo conmueve por sus connotaciones épicas.

 [Publicado en El Cuaderno: Semanal de actividad cultural, número 29, 6 de mayo de 2012.]