De re publica

Arquitectura soviética y narrativa epistolar

Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros». Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos. Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron cuanto Dios había hecho juntamente con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés. Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.

Hechos de los apóstoles, 15, 1-6

El_Greco_-_St._PaulPequeña tormenta perfecta en Podemos. Desencadenante: la epístola de Pablo Iglesias a los círculos, tanto a los gálatas como a los demás, anunciando una asamblea otoñal donde Podemos se reconstituya de acuerdo con sus dimensiones reales; en la misma carta Iglesias anuncia que presentará su propia propuesta de equipo para organizar esa asamblea constituyente.

La misiva no cae bien en los círculos, o al menos da esa impresión (una impresión fomentada en parte por la discusión en redes y en parte por el entusiasta artículo del diario El País, nunca sospechoso de actuar movido por intereses de clase o de partido). Lo cierto es que uno no sabe cuántos círculos se han manifestado contrarios a la iniciativa de Iglesias, ni cuántos la han apoyado, ni si cuentan lo mismo todos los círculos, sea cual sea su diámetro.

Los círculos, esto es, las asambleas (locales o en red) de simpatizantes y colaboradores de Podemos, son uno de los tres centros de este dispositivo que me niego a llamar “movimiento” (no lo es) y me resisto a llamar “partido” (aunque lo haré). Los otros dos centros, el de los llamados “notables” (el núcleo de la Universidad Complutense de Madrid: Iglesias, Errejón, Monedero, etc.) y el de los “orgánicos” (fundamentalmente Izquierda Anticapitalista, por su implantación territorial y su papel en la creación de Podemos), mantienen con el primero un frágil equilibrio a tres bandas.

Parte del éxito de Podemos hasta el momento tiene su explicación en ese equilibrio triangular. Ahora bien, aplicando un razonamiento puramente narrativo (el que más me conviene por trayectoria y experiencia), tampoco hay que ser un lince para darse cuenta de que, sean cuantos sean los centros de una estructura narrativa, a medida que la narración se dilata hay que reforzar esos pilares proporcionalmente, so pena de que la estructura entera se nos caiga encima.

En sus inicios, el peso de esos tres centros de Podemos no era el mismo: tanto el núcleo de la Complutense como Izquierda Anticapitalista pesaban más (producían más información, y por tanto más organización) que los círculos, es más, los círculos fueron emanación de los otros dos centros, no entidades preexistentes a Podemos, por más que en su creación se utilizaran estructuras (potencias) que ya existían. La proliferación de círculos y su metástasis los han vuelto problemáticos para la estructura original de Podemos. Pero, además, el peso de los notables no ha disminuido, al contrario: es un centro sólidamente apuntalado por el interés de los medios. ¿Qué ocurre, en cambio, con Izquierda Anticapitalista? Ocurre que su peso es el mismo de antes y, frente al peligro de volverse insignificante, podría optar por diluir su masa en los círculos, propiciando que un diseño elegantemente triangular se transforme en una estructura binaria, que es, de todas las posibles, la menos atractiva desde un punto de vista estético y la menos resistente desde un punto de vista arquitectónico: comprare usted una tienda de campaña con una hamaca y dígame cuál de las dos preferiría durante un temporal.

Rediseñar esa estructura es urgente y no puede hacerse sin fricciones, cuanto más públicas mejor: democracia es, entre otras cosas, eso. De ahí que quepa indignarse cuando un procedimiento es precipitado, de ahí que quepa (también) rectificar y resetear sin demasiado gasto de energía. Lo que no puede hacerse (no está en nuestras disposiciones anímicas, ni en nuestra memoria de experiencias pasadas) es actuar como si los demás acabaran de caerse de un guindo.

Photo: Copyright Timothy Allen . http://humanplanet.comLos círculos empiezan a ser conscientes de su poder transformador, pero los círculos no son células, ni organismos pluricelulares, sino más bien nichos ecológicos. Es así que, a día de hoy, cualquiera puede estar en Podemos sin ser parte de Podemos, de un modo análogo a como uno puede estar en un bar sin ser parte del bar: un cliente no es un taburete, ni una jarra de cerveza. Es innegable que hay que poner orden en esa metástasis, pero es muy discutible qué tipo de orden estaría dispuesto a aceptar cada uno de esos clientes, habituales o no, en cada uno de esos bares. Cabe optar por un modelo franquicia: los círculos como McDonald’s gestionados por los propios clientes y trabajadores. Cabe optar por un modelo asociación de hosteleros: cada círculo una entidad autónoma con su propia estructura orgánica y, levitando sobre todos ellos, una superestructura colegiada, representativa de esa pluralidad. No he elegido el símil al tuntún: bares y restaurantes suelen distinguir entre clientes y camareros, y en bares y restaurantes suele reservarse el derecho de admisión, pero también es cierto que la diferencia entre un cliente y un camarero no es cuestión de talento (uno no es cliente de un bar porque no sepa servir copas) y también lo es que no es lo mismo echar de un local a un borracho agresivo que impedir la entrada a alguien por ir mal vestido.

Todo esto es solo mi lectura, tan sesgada como pueda serlo cualquier otra. Desde luego, no tan objetiva como el relato de El País, con su semisótano y sus catorce mil carteles, pero tampoco tan desenfadada como el comunicado de Izquierda Anticapitalista, que estoy seguro de que pasaría el test de Turing sin demasiada dificultad. Probablemente estoy pasando por alto otros factores, pero, como diría mi amigo Iván Cepedal, no vamos a ponernos a hacer un DAFO a estas alturas.

¿Dónde está el problema? El problema está debajo del debate sobre el modelo organizativo, y solo encapsulado a medias en ese debate: se trata de un problema de fines, y no de medios, de valores, y no de utilidades, y de estrategias, y no de tácticas.

Un problema de fines. ¿Cuál es la finalidad de Podemos? ¿Construir una mayoría parlamentaria de izquierda y poner en práctica un programa de gobierno que solo en parte es compatible con el marco jurídico vigente? ¿Promover un proceso constituyente que dé al traste con ese marco jurídico e instaure un nuevo modelo político e institucional (y, por consiguiente, también territorial) en el Estado español? ¿Preparar institucionalmente el blindaje jurídico para un cambio social que vaya más allá de la asamblea constituyente, en el horizonte de una asamblea infinita?

Un problema de valores. ¿Es Podemos una herramienta en manos de los círculos, y por tanto un dispositivo útil o inútil pero no valioso en sí mismo? ¿O aspira Podemos a la excelencia política y su valor no lo es tanto en relación a las aspiraciones de los círculos como por el efecto contagio que pueda ejercer sobre el resto de partidos e instituciones? ¿Requiere la continuidad de Podemos una mínima estructura orgánica, o puede hacer frente a la metástasis a base de aplausos silenciosos? ¿Hay voluntad de debatir en red unos programas con más de un punto negro, o se impondrá el recurso al cliché para vender el humo de siempre y que solo lo compren los militantes con más tiempo libre y mayores dificultades de socialización?

Un problema de estrategias. ¿Está Podemos preparado para dirigir y canalizar todas y cada una de las mareas de resistencia hacia un escenario de proliferación de conflictos y desbordamiento del régimen, o su papel se agota en el razonamiento táctico de la constitución de un bloque de izquierda? ¿Debe dotarse Podemos con los mecanismos adecuados para integrar la colaboración e incluso la convergencia con otros partidos y procesos, o tiene crédito para seguir maniobrando al margen de esas realidades, como ha hecho con ocasión de la plataforma a favor del referéndum sobre la forma del Estado?

Ya me callo. Seguiremos hablando cuando por fin a alguien le apetezca plantear la cuestión de la composición de clase. Solo una puntualización final: el solo hecho de que alguien en las izquierdas españolas, por una vez en décadas, haya dado muestras de saber lo que se hace, debería ser razón suficiente para prestarle algo de confianza. No se trata de lealtad incondicional, sino de instinto de supervivencia. Por supuesto que duele, pero a nadie le han salido los dientes sin sufrir un poco, y a nadie le importa demasiado, sabiendo que la única alternativa a ese sufrimiento es la desnutrición. Suicide is painless.