Mudanza

Una mudanza es lo más parecido a un parque de atracciones, sólo que mucho más caro. Empieza uno estudiando la topografía de un lugar extraño, tu propia casa, descubriendo micromundos inquietantes (la pelusilla agazapada detrás de un mueble, los apuntes de antropología de cuando Lévi-Strauss aún era inmortal, un sinfín de bombillas fundidas y pilas gastadas), pero siempre a toda prisa, sabiendo que no hay tiempo que perder y que las sucesivas atracciones sólo llegarán a ser memorables si vamos saltando de una a otra a toda velocidad. Es entonces cuando toca empaquetar el pretérito imperfecto, cercar cada categoría de objetos con muros de cartón, despedirse con voz queda de todas esas previsibles bajas colaterales hechas de porcelana o cristal, y celebrar fugazmente el hallazgo de ese libro que estuviste buscando durante tanto tiempo y que irremisiblemente perderás de nuevo sin haberlo leído. Contratos, resguardos, títulos, duplicados, la papelería de las certificaciones oficiales que algún día, tal vez, cuando se produzca el apagón digital, volverán a servir para acreditar tu identidad ante los funcionarios del Castillo. No hemos visto naves en llamas más allá de Orión, pero sí hemos encontrado agujeros de broca del tamaño de la cabeza de Rutger Hauer.

[En tiempo real, en mi tiempo real, la casa es la misma, aunque han derruido el edificio de enfrente y ahora hay más luz pero también un goteo constante de constructores que hablan por sus móviles mientras le echan un vistazo al solar vacío. La casa, esta casa, sólo ha tocado pintarla, sustituir muebles viejos por otros made in Suecia y arreglar algún que otro desperfecto. Pero soplan vientos de mudanza, y es por eso que estreno hoy este blog, esta casa virtual recién pintada: la vieja (la primera) se había ido derrumbando entre la apatía y el exceso de celo. Hago propósito de enmienda, por supuesto, pero mucho me temo que mis planes, sean los que sean, no sirvan de mucho ante la inercia de las viejas estrategias.]

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12 comentarios sobre “Mudanza

  1. Después de seguirte observarte en el chigre desde la mesa de al lado durante bastante tiempo, ha llegado el momento de manifestarme. No soy mucho de hablarles a desconocidos en los bares, sin embargo una pequeña intervención telefónica en la radio de tanto en tanto ya me gusta más.

    Bienvenido a la nueva casa, que la disfrutes y la disfrutemos.

  2. Pues nada, les mudances yá sabes que son una actividá humana un aquello fatigosa. Pero que sía pa bien. préstame lo de la Radio Interior, pero –entiéndeme– pa mi tien una familiaridá un tanto inquietante… nun sé, nun sé.
    Un abrazu

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