Solo un año más pobres, más débiles, más estúpidos

No me sorprende demasiado la fiebre milenarista que se ha apoderado últimamente de las redes sociales. Hubiera sido más oportuna otra cifra, no esta de 2012, ni siquiera enteramente capicúa, pero el clima de hundimiento en que vivimos ha decidido que vale, que es igual, que 2012 puede servirnos de anagrama imperfecto para un nuevo año cero. La culpa no la tiene Rajoy, es cierto, pero no es menos cierto que Rajoy ha contribuido lo suyo, y lo suyo ha sido mucho: después de una aclamación popular cuasi mesiánica, y tras un tórrido romance exprés con algunos de los medios de comunicación más influyentes, por fin ha anunciado su plan secreto para la salvación de España. Hubiera sido preferible la inyección letal.

No deberíamos sorprendernos: toda la información pertinente estaba ahí, a nuestra disposición, desde mucho antes de que Soraya nos asaltara con sus modales de madre superiora. ¿Que los ortodoxos liberales se rasgan los armanis ante la subida de impuestos? Y bien: ¿a quién le importa? ¿Quién se cree aún que esta guerra tiene algo que ver con las ideologías? El león no mata por darwinista, mata por león. La oligarquía expolia porque dejaría de serlo si no expoliara, no porque lo ordenen los iluminados de este o de otro signo.

La escenografía, no obstante, ha sido brillante dentro de la improvisación. Han utilizado algunos recursos habituales (culpar al gobierno anterior, introducir el adjetivo “temporal” para suavizar el golpe, subrayar el carácter “progresivo” de la subida de impuestos como quien luce una sombra de ojos socialdemócrata), pero también han hecho uso de cierta retórica vintage al esconder bajo la alfombra del BOE aquellas disposiciones que, por abstrusas o truculentas, no debían manchar los labios de la portavoz del gobierno. Nada de todo ello ha dado resultado: los influyentes medios de comunicación se sienten despechados, las mesnadas de fieles resentidos se muestran escépticas, cuando no confusas, y los únicos que no se hacen los sorprendidos son los portavoces del capital, sabedores desde el minuto uno de que todo esto, en el fondo, sólo trataba de cómo alimentar, en vísperas de la segunda fase de la crisis, la despensa de las grandes fortunas.

 

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