La vesania: ahora, con sentencia

Algún día los historiadores habrán de estudiar el carnavalesco episodio de la segunda restauración borbónica en España. ¿Comenzó en 1975, o en 1936? ¿Qué pasó, si es que pasó algo, el 23 de febrero de 1981? ¿De qué estaba hecho Fraga? Si es que para entonces la universidad no ha sido abolida por alguno de los múltiples cánceres integristas que padece Europa, el reto intelectual de abordar esas y parecidas cuestiones será poco menos que homérico. Me gustaría vivir para verlo, pero aquellos que hacemos de voz pasiva en esta desbocada función del ruedo ibérico no tenemos el cuerpo, aún, para hermenéuticas. Bastante tenemos con digerir las noticias día a día.

La condena del juez Garzón es la noticia, pero no es una sorpresa. Y aún no tengo claro si tan siquiera debería escandalizarnos. Motivo de escándalo debió serlo el bochornoso proceso que ha conducido a este desenlace. La condena, en sí misma, no parece otra cosa que la consecuencia esperable de toda una serie de desvergüenzas.

Es lo que tiene creerse lo de la transición modélica y la democracia de eficacia probada: no sabemos muy bien qué cara poner cuando la realidad dicta sentencia.

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5 comentarios sobre “La vesania: ahora, con sentencia

  1. Tengo la sensación, Xandru, de que nun acabamos de salir del barroco:
    “¿Quién los jueces con pasión,
    Sin ser ungüento, hace humanos,
    Pues untándolos las manos
    Los ablanda el corazón?
    ¿Quién gasta su opilación
    Con oro y no con acero?
    El Dinero.” Francisco de Quevedo.
    Un saludu.

  2. Paradójicamente, Xandru, algo hay de positivo y muy de agradecer en esta situación, por otro lado infumable y encabronante: estamos asistiendo a un interesante proceso de lo que en la tragedia griega se conocía como “anagnórisis” (la revelación a un personaje de una verdad oculta) colectiva. Lo que hasta ahora era acríticamente asumido como “reconciliación” para todos no era más que un término que venía sustituyendo a los reales “resignación y olvido” solo para unos. La llamada “Transición” suponía en realidad la subrepticia instauración de una ley de punto final… En la Asturies costera existe un dicho que no precisa traducción: “A baxamar too se ve”. En todo lo que tiene de repugnante, el “caso Garzón” nos concede un inapreciable regalo, la cruda exposición de la realidad, la pérdida definitiva de la inocencia. De hecho ahora, como si de un cuento de Juan Rulfo se tratara, hasta los muertos hablan.

  3. Totalmente de acuerdo, Héctor. Solamente añadiría una puntualización: nos falta la catarsis, nos falta la reacción del público ante esa anagnórisis. La tragedia española es que aquí, a la mayoría de la gente, se la pela. Y la minoría indignada, o bien no ha adquirido las destrezas para hacerle frente al tinglado, o bien funciona con el lastre de experimentos fallidos, guerras intestinas y obsesiones recurrentes.

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