De ángeles y palmeras

La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud fue el último libro que Christa Wolf entregó a la imprenta. Cabría considerarlo un testamento, no sólo por su condición de última obra (su autora fallecería tan sólo un año después), sino también, y muy especialmente, por el afán de recapitulación que recorre sus páginas: hay mucho en ellas de confesión, pero también, inevitablemente, de reconstrucción. Reinvención del personaje Christa Wolf, un personaje tal vez incómodo o controvertido, pero que no merecía, en cualquier caso, semejante ejercicio de automutilación.

Los hechos: Christa Wolf fue objeto de acerbas críticas cuando en 1992 se hizo público que había colaborado con la Stasi. A distancia, desde Los Ángeles, la autora asistió durante varios meses al descuartizamiento de su figura pública, y de esa experiencia nace La ciudad de Los Ángeles, en cuyas páginas, más que una explicación, lo que hallamos es una negación más o menos matizada de esa acusación pero también la asunción de la mancha moral en ella implícita. La evocación de la infancia, la transcripción de ciertas cartas escritas desde Estados Unidos por una anónima exiliada, el diálogo constante con los descendientes norteamericanos de las familias judías que lograron huir de la persecución nazi: todo ello pretende ilustrar un contexto, mostrar el compromiso de la autora con la RDA como consecuencia lógica del rechazo del nazismo antes que como un ideal político asumido voluntariamente y desplegado en una trayectoria vital de más de cuatro décadas.

Así las cosas, La ciudad de Los Ángeles deja un regusto amargo. El lector (este lector) pasa de la compasión a la irritación y viceversa, sin acabar de creerse del todo el monumental tinglado conceptual que Wolf se construye para huir, tal vez, de la vergüenza. No debe de ser fácil ejercer de conciencia crítica de un país durante tanto tiempo y, de repente, encontrarte con que ese país ya no existe. En todo caso, uno siempre sospechó que lo que individualizaba a la RDA, en contraste con los demás Estados de su entorno, era un cierto tufillo hegeliano, y hay mucho de sentir hegeliano en La ciudad de Los Ángeles: su melancolía es la de un sujeto histórico enfrentado a una realidad post histórica. El drama, inevitable.

Los ángeles son seres fungibles, y sus relaciones con la literatura, delicadas. Han demostrado ser muy útiles como iconos para abordar el desmoronamiento del “socialismo real” (así Kundera, en El libro de la risa y el olvido). También Wolf recurre a ellos, ya desde el propio título (el título original, donde no aparece el topónimo Los Ángeles), pero aquí adquieren una fisonomía espectral, como si la pureza, su rasgo distintivo, hubiese de ser aquella que adornó la trayectoria de los intelectuales que combatieron el nazismo: Brecht, Eisler, Thomas Mann, los grandes nombres propios del exilio alemán en aquella “Weimar bajo palmeras” cuyas huellas Wolf rastrea en una California sacudida aún por las consecuencias del asesinato de Rodney King. El resultado es un libro de memorias fragmentado y tenuemente recorrido por la percepción de que podría haber un hilo conductor entre tanto tema disperso que la autora no ha sabido o no ha querido desenmadejar.

[Publicado en El Cuaderno: Semanal de cultura de La Voz de Asturias, número 18, 19 de febrero de 2012.]

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