Senectudes

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Me estoy haciendo viejo. No quiero decir que tenga achaques (gozo de una buena salud de mierda, que es todo lo contrario de la proverbial mala salud de hierro característica de ciertos aristócratas e intelectuales fascistas), tampoco pretendo insinuar que me esté volviendo impaciente (siempre lo he sido) o misántropo (léase el paréntesis anterior). Es más sencillo (o lo que sea): cada vez me pesa más la memoria, lo cual, para alguien como yo, acostumbrado a olvidarlo casi todo, es fuente de angustia permanente.

Como un topo viejo, cada vez uso menos los ojos y más los recuerdos. Me acuerdo de todo lo que en su día fue tan políticamente estridente como los inconsistentes mensajes que el gobierno español emite cada día: sobrevivimos a Barea, a Miguel Ángel Rodríguez y a Pilar del Castillo, así que confío en que sepamos sobrevivir también a Wert, a Guindos y a Mariano Rajoy (aunque Rajoy también sale en esos recuerdos míos, una presencia constante, parte del decorado de aquello que gracias a Vázquez Montalbán conocimos como “la aznaridad”). Me acuerdo del desmantelamiento industrial de mi adolescencia y de cómo un país en llamas quedaba reducido a la condición de anécdota periférica en un contexto de incitación al consumo compulsivo: en mi barrio el desempleo y la heroína escribían los titulares, pero la radio y los periódicos (televisión solo había una, tan pequeña y servil como las muchas de ahora) insistían en que España, como París, era una fiesta, así que una de dos: o no éramos españoles (posibilidad que no descartábamos en absoluto) o no sabíamos divertirnos. Me acuerdo, con permiso de Georges Perec, de cuando pensaba que sólo los viejos escribían de sus recuerdos.

Me gustaría que mis recuerdos me consolaran, ser capaz de refugiarme en la aparente condición cíclica o simplemente recurrente de nuestras miserias colectivas. Pero no puedo: recuerdo también cómo el olvido y la indiferencia acabaron sepultando cada episodio de esta truculenta serie documental que tal vez se titule Desaprendiendo el capitalismo o tal vez (à la Lenin: hoy me van los homenajes) Dos pasos adelante, veinte pasos atrás. Me gustaría pensar que saldremos de esta igual que salimos de aquellas. Pero no creo que saliéramos verdaderamente de aquellas.

Me estoy haciendo joven: me aburren los recuerdos de los viejos.

2 comentarios en “Senectudes

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