No es un rescate: esto es peor

Minutos antes de producirse la comparecencia de Luis de Guindos para informar sobre la reunión del Eurogrupo, la web de El País saludaba a sus lectores con un suculento titular en cuerpo de letra tamaño apocalipsis: “RESCATE A ESPAÑA”. Se abrían los cielos. La cotidianidad empezaba a vestirse de gris. Tambores en lo profundo. Por fin, compareció el ministro del parné y dio lectura a un tedioso manifiesto progubernamental que no creo yo que sorprendiera a nadie. Finalmente, anunció que Europa proporcionaría a España “apoyo financiero” para recapitalizar la banca. Una banca, recordemos, que hace unos meses presumía de hipersaneamiento crónico. También empezó así lo de la Armada Invencible.

Calló el ministro y empezó el lío. ¿Por qué no decía “rescate”? ¿Qué eufemismo era ese del “apoyo financiero”? ¿Cómo que Europa no va a imponer condiciones económicas a España? Estábamos tan convencidos de ir a vérnoslas por fin con el dragón de siete cabezas, que no acabábamos de creernos lo de la lagartija con cuernos de plastilina que nos mostraban en su lugar. Algo no marchaba. El ministro escondía algo.

En pocos minutos, un aluvión de especulaciones dejó nuestro Twitter tan espeso que, de haber sido una sopa, hubiéramos podido mantener en él una cuchara en equilibrio. Unos buscaban la letra pequeña del acuerdo. Otros pedían la dimisión de Rajoy. A algunos les extrañaba seguir sin saber hablar griego. Tongo. Decepción. Una sarta de embustes.

Por mi parte, no sé si hay letra pequeña o condiciones ocultas con mecanismo de relojería, pero ahora mismo me parece poco relevante: en realidad, el gobierno de Rajoy lleva ejecutando medidas de recorte y empobrecimiento social desde que cortó la cinta inaugural de la legislatura, con rescate o sin él, así que motivos para la indignación sobran hoy igual que sobraban ayer y sobraban hace dos meses. Lo que ha anunciado el ministro es, por otra parte, tan sumamente tóxico, que cualquier condición anexa sólo serviría para que el olor a azufre fuese menos intenso: nada menos que la inyección a la banca privada de millones de euros de las arcas públicas europeas. Un robo al común para reflotar un puñado de negocios privados. Y luego habrá quien diga que la minería asturiana vive de subvenciones.

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