Monarcosis preventiva

Estas últimas horas han dado mucho de sí. Sí. Pensándolo fríamente, se trata de un asunto que no mueve a risa, pero ya sabemos, con o sin ayuda de Bergson, que la risa sacude sin el concurso del sano juicio, y en este asunto, ciertamente, el sano juicio brilla por su ausencia.

Resumiendo. Presentamos en sociedad la Fundición Príncipe de Astucias. Los sismógrafos no advierten ninguna conmoción extraña. La vida sigue igual. A efectos de sanear la (prácticamente inexistente) economía de la criatura recién parida, solicitamos a cierta persona jurídica que nos devuelva un dinero que nos debe. ¿Acreedores ya, recién nacidos? ¿Será el signo de los tiempos? Nada que ver con la prima de riesgo, sin embargo: sucede que, antes de echar a andar este invento, habíamos solicitado (previo pago) los dominios fundicionprincipedeastucias.es y fundicionprincipe.es, los cuales nos fueron denegados por inextricables razones. Es ahora, al pedir la devolución del dinero adelantado, cuando nos permiten conocer una parte del misterio: resulta que Red.es, organismo dependiente del Ministerio de Industria, tenía bloqueados ambos dominios y los había reservado para la casa real (así, en minúsculas, nos lo comunicaron).

Mira tú qué bien. A partir de ahí, y después de airear un poco este asunto, nos aclaran que bueno, que los dominios reservados no estaban, pero que, al pedirlos nosotros, a alguien le entró el prurito corrector y, entonces sí, los bloquearon y reservaron para no perjudicar a terceros en cuya economía doméstica influya la expresión “Príncipe de Asturias”. Todo muy poco legal y bastante lamentable. Público y El Confidencial lo han difundido y un par de compañeros de Fundición, Jaime Poncela y Fernando de Silva, lo han comentado con sobrada elegancia. A sus palabras me remito.

Por mi parte, es cierto, me río con la risa pequeña. Al ponernos la zancadilla, nos han proporcionado un eco inesperado, pero las causas son tan indecentes, tan de mesa camilla, que hubiera preferido un anonimato mucho más regio (si es de cosas regias de lo que se trata). No logro imaginar más mano negra en este asunto que un francotirador temeroso de ofender a entidades invisibles: un oscuro porcelanista de la mediocridad que se ha excedido en sus atribuciones creyéndose más monárquico que el palacio de La Granja. Tal vez me equivoque y haya otras manos negras, o enguantadas en blanco, y desde luego no descarto esa posibilidad ni me sorprenderé si las próximas noticias tienden a confirmarla. Pero tampoco así se me quitará esta sensación de haber atravesado un bucle del tiempo de la mano de Pepito Piscinas y Don Erre Que Erre.

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