El gato de Schrödinger, el perro de Zeeman y los papeles de Bárcenas

Dentro de la caja hay un gato. También hay un frasco con gas letal y un artefacto que contiene una partícula radioactiva. Si la partícula, al ser liberada dentro de la caja, se desintegra, el frasco se abre y el gato muere intoxicado. Transcurrido un tiempo t, hay un 50 % de probabilidades de que la partícula se haya desintegrado. La paradoja de Schrödinger afirma que, si abrimos la caja, veremos un gato muerto o un gato vivo, pero, antes de abrirla, lo que hay dentro de la caja es una superposición de ambos estados; en otras palabras, un gato muerto y vivo a la vez.

Hace unas horas, el diario El País hizo públicos los ya famosos “papeles de Bárcenas”, cuyo potencial efecto destructor debería poder medirse, para empezar, en dimisiones, y para seguir, ya metidos en faena, en imputaciones. Ha transcurrido un plazo más que razonable y va siendo hora de abrir la caja y ver si el gobierno de España sigue vivo o ya se ha muerto, pero de momento, dada la naturaleza cuántica del presidente Rajoy, pongamos que está simultáneamente vivo y muerto y asumamos de una vez que al Partido Popular lo gobiernan razones subatómicas. Igual que les ocurre a las reacciones químicas de las que provienen tantos y tan útiles compuestos sólidos como (y es solo un ejemplo) el cemento.

Si el gato de Schrödinger es el animal totémico de la física cuántica, el perro de Zeeman es su homólogo en la teoría de catástrofes. Dícese de un perro hipotético que puede experimentar tanto ira como miedo o ambas emociones a la vez. Puede conjeturarse la reacción esperable de ese perro a medida que siente más ira cada vez o a medida que siente cada vez más miedo, pero si ambas variables aumentan al mismo tiempo, el resultado (la catástrofe) es impredecible: puede ser una catástrofe de evitación (huida) o una catástrofe de agresión (ataque).

Los papeles de Bárcenas han desencadenado una serie de reacciones públicas y privadas cuyo desenlace es tan impredecible como el comportamiento del perro de Zeeman, y no menos catastrófico. La única certeza, de hecho, es que, sea lo que sea, será una catástrofe, dicho sea en sentido matemático. ¿Será una huida, y los ciudadanos indignados, airados pero intrínsecamente horrorizados, correrán a refugiarse en las montañas, o más previsiblemente en esas montañas virtuales del maquis actual: las redes sociales? ¿O será un ataque, y esos mismos ciudadanos indignados, horrorizados pero inequívocamente airados, optarán por abrir de una vez la caja y comprobar el estado del gato y, si por un casual este estuviera vivo (cosa que dudo), acelerar la desintegración de los enlaces químicos pertinentes?

Lo primero, y no lo segundo, sería propiamente una catástrofe.

Sea como fuere, yo apuesto por el perro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s