Deseo de ser chipriota

Parece que ha pasado un siglo desde que el arúspice mayor del reino, don Mariano Rajoy, descerrajó el aforismo “España no es Uganda”. La sociedad civil aprendió, gracias a solo cuatro palabras (diecinueve caracteres: tuiteable sin problemas), varias cosas de un plumazo. De entrada, una constatación geográfica que nunca viene mal, especialmente ahora que parece que nada está claro. De paso, comprendimos que uno no llega a presidente de ningún sitio construyendo largos y complejos discursos, sino armando enunciados cargados de futuro o al menos disparados con intención de que el futuro se pliegue a las ingenuidades (o a las puerilidades) del pistolero. Por último, pero no menos importante, se nos instruía una vez más acerca de una cuestión que en las Españas tendemos a olvidar, a saber: que España es diferente, diferente de todo, incluso (y muy especialmente) de sí misma.

En realidad, el aforista ya había ensayado meses antes un mensaje similar, tanto en su estructura lingüística como en la tesis hipernacionalista de fondo, cuando declaró expresamente que “España no es Grecia” (en este caso, tal vez sospechando que los orígenes de la suegra de Urdangarin inducen a confusión). No tuvo tanto éxito en aquella ocasión, pero la geografía es contundente: Grecia no es Uganda (pues sí que es fácil esto), y por lo visto tampoco evocan las mismas imágenes en la mente de Luis de Guindos, destinatario último del mensaje.

Pues bien: la sociedad civil ha captado la idea, y esta vez (esta semana fantástica patrocinada por Angela Merkel Confecciones) no hemos necesitado a Rajoy para gritar al unísono: “España no es Chipre”. Cierto es. Al menos, el parlamento de Chipre acaba de rechazar, prácticamente en bloque, el atraco a mano armada negociado por su irresponsable presidente con los irresponsables capos de la Troika. En España, hasta donde yo sé, el parlamento reformó la Constitución para plegarla a los caprichos de la banca internacional.

España no es Chipre, y Acrotiri no es Gibraltar. Los demás secretos ya nos los irá revelando nuestra casta sacerdotal, que para eso la pagamos.

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