La finca

1975

Tengo una finca. La he heredado de mis antepasados, unos auténticos hijos de puta. Mis vecinos (herederos a su vez de otros hijos de puta tan hijos de puta como mis antepasados) insisten en que mi finca está descuidada, y no les falta razón: mientras ellos modernizaban sus explotaciones, yo confié su administración a un tarugo a quien no me atreví a despedir porque temía que perdiera la cabeza y me partiera la crisma, así que tuve que esperar a que se muriera. Ahora no sé qué hacer: ¿contrataré a otro administrador, arriesgándome a que me salga tan tarugo como el anterior, o confiaré en la pericia de los jornaleros de mi finca?

1978

Después de todo, dejar que mis jornaleros gestionen mi finca no ha sido tan terrible. Todavía no ha mejorado la producción (de hecho hay quien dice que ha empeorado), pero es solo cuestión de tiempo. Ocurre que mis jornaleros le ponen ganas, pero les falta experiencia en lo de gestionar, y aunque algunos de ellos han aprendido algo en la taberna, escuchando a los jornaleros de mis vecinos, sus métodos siguen siendo anticuados y su entusiasmo, un tanto forzado, no demasiado convincente. Pero al menos trabajan, y eso ha reducido los recelos de mis vecinos, que temían ver la finca echada a perder (con la consiguiente desvalorización de sus propiedades). He recibido varias ofertas de administradores independientes y he sopesado algunas. Todavía estoy a tiempo de volver al viejo sistema.

1981

Demasiado tarde para contratar a un administrador independiente. Tendré que conformarme con lo que tengo.

1982

He confiado la gestión de la finca a los jornaleros más jóvenes. Se les llena la boca hablando de autogestión, socialización, propiedad comunal y qué sé yo qué más, pero a la hora de la verdad son dóciles y poco ambiciosos. Bueno, son bastante ambiciosos, pero se conforman con poco. Su cabecilla es un tarado mental, pero, chico, qué don de gentes, hasta cuando se pone en plan capataz le ríen las gracias. Hay gente con suerte.

1996

Me hago viejo. Eso sí, la finca produce por primera vez en cien años. Algo podré dejarles a mis herederos. Con los jornaleros me llevo mejor que nunca, ahora resulta que les caigo bien y todo, me hacen fiestas, me invitan a las bodas de sus hijas. El grupo dirigente ya no es tan joven, así que me he visto obligado a cambiarlo. Resultó que mucha autogestión y mucha propiedad comunal, pero al final los cabecillas se embolsaban la mitad del jornal de los demás jornaleros. No es que me importara gran cosa (yo llevo haciéndolo a gran escala desde que tengo uso de razón), pero los demás empezaban a olerse la tostada y no quiero líos, fundamentalmente no quiero líos. He puesto al frente de la explotación a otro tarado. Es un poco más tarado que el anterior, pero ahora la finca es productiva y no hay que ser un lince para mantenerla como está.

2004

Debí contratar al lince. El tarado casi me cuesta la vida. Resultó ser tan corrupto como el tarado anterior. Además, se rodeó de viejos colaboradores del tarugo que se me murió (él mismo era un admirador declarado del tarugo que se me murió). Después, a su condición de tarado hay que sumar un carácter violento que casi me cuesta un disgusto con mis vecinos. Las condiciones de trabajo de mis jornaleros han empeorado sensiblemente, pero no me deshago del tarado por esa razón, sino porque sus métodos se han vuelto tan autoritarios que temí que lo lincharan. Algo que decir en su favor: la finca produce más que nunca. Esperemos que el nuevo no la cague. Es un tarado también, pero este por lo menos se lava y se afeita, de hecho es el primero de mis capataces que no parece recién salido de una fosa séptica.

2011

Estoy en un lío. Mucho producir y de repente no hay nadie que quiera comprar lo que produce mi finca. Me sobra producción. A mis vecinos les pasa igual. Y el tarado aseadito no supo verlo a tiempo. Y cuando lo vio, se me vino abajo. Por primera vez desde que se me murió el tarugo, tengo pesadillas en las que mis jornaleros me rebanan el pescuezo. Se han vuelto un tanto levantiscos. Dicen que gasto mucho, como si fuera asunto suyo. También están cabreados con el capataz aseadito. Los más acomodados le echan la culpa a él y reclaman al capataz anterior, al de los malos modales. Ahora tengo uno nuevo, un viejo amigo del de los malos modales. Tarado en grado superlativo. Le he encargado que se deshaga de la mitad de mis jornaleros. Espero que cumpla, porque me gustaría volver a tener una finca rentable antes de morirme.

2013

Esto va cada vez peor. Echo de menos al tarugo que se me murió. Serán cosas de la vejez, pero me parece que me equivoqué de medio a medio. En fin. Ahí viene mi yerno. Espero que traiga buenas noticias.

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