La hora de Fu Manchú

FumanchuEn la fortaleza de Fu Manchú no tenían timbre. Anunciaban a los visitantes haciendo sonar una campana gigante con aspecto de reliquia venerable. Al villano más malvado de Asia, capaz de agenciarse submarinos y aparatos de rayos rarísimos y seguramente muy caros, nunca le interesó la domótica, ni siquiera la de nivel principiante. Eso sí, hay que reconocer que la campana daba ambiente. Impresionaba a las visitas. Casi tanto como el propio Fu Manchú. O puede que más, ya que, después de todo, las artes maléficas del susodicho parecían basarse tan solo en su insólita capacidad para no pestañear y coleccionar bichos asquerosos en los sótanos de su fortaleza.

Los guionistas del caso Bárcenas, sean quienes sean, se han puesto a dar campanazos a lo loco, un poco por asustar al público, pero fundamentalmente, me parece, para asustar al propio Fu Manchú. Que podría ser Rajoy si no fuera porque el despacho de este último es un poco más sobrio y sus métodos de tortura un tanto más refinados que los del mítico personaje de Sax Rohmer.

“Vete preparándote”, parece anunciar esa campana. Y es probable que Rajoy obedezca, que allá en lo más recóndito de su fortaleza le parezca que tocan a muerto. Rajoy se siente amortizado, es evidente, pero siempre se ha sentido así, desde antes de los hilillos de plastilina. También a Fu Manchú le dieron por muerto en alguna ocasión.

Las películas de Fu Manchú han envejecido mal, muy mal, en parte porque ya nacieron viejas, al igual que las novelas en que se inspiraban, y si el personaje no se ha evaporado por completo de la memoria colectiva, el mérito, sin duda, es de Boris Karloff y de Christopher Lee. Noto ahí una cierta desventaja: Rajoy tiene que hacer de sí mismo, algo que no debe de ser plato de gusto, ni siquiera para él. En cualquier caso, en ambos personajes hay mucho de proeza. ¿Quién es capaz de mirar al presidente y creerse que hayamos llegado a esto, que a semejante individuo le haya tocado semejante responsabilidad? ¿Quién habría supuesto que el inútil de Fu Manchú llegaría a gozar de fama internacional, tratándose de un villano, oriental para más señas (en una época de eurocentrismo galopante), prácticamente incapaz de moverse como un ser humano y de pensar como un ser racional? En el caso de Fu Manchú, la explicación es sencilla: Nayland Smith. Frente a un antagonista tan gris, tan incoherente, tan falto de ingenio y de carácter, hasta Homer Simpson parecería una eminencia del crimen organizado. A Mariano Rajoy las reglas del bipartidismo le han puesto en bandeja un oponente igual de misérrimo y es normal que el hombre se haya venido arriba y se haya figurado que, con poner a Marhuenda a hacer cabriolas vestido de ninja, la guerra estaba ganada. Se equivocaba: el enemigo estaba en casa. Es lo que pasa cuando convives con animales venenosos. Al menos, Fu Manchú se los comía.

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