Atavismos agraviados

Al PP le ha salido un tumor en uno de sus muchos costados derechos (izquierdo no tiene ninguno): en la manifestación del domingo, convocada por la AVT para protestar contra la derogación de la doctrina Parot, varios dirigentes del partido, entre ellos Javier Arenas, el pobre, que últimamente no gana para sustos, tuvieron que salir por piernas ante la muchedumbre enfurecida que les gritaba: “No os hemos votado para esto”. A María Dolores de Cospedal, secretaria general y crepuscular del PP, le ha dolido: cree ver “grave ignorancia” y “gran injusticia” en esas actitudes tan poco democráticas. Menos mal que no ha puesto ejemplos de sabiduría y justicia en las filas de su partido.

No es la primera vez que Cospedal menciona la ignorancia contra algún oponente especialmente intimidatorio. Lo hizo cuando desmintió las acusaciones de Bárcenas y ya entonces resultaba difícil comprender por qué sacaba a relucir la ignorancia cuando la gran baza retórica de su autodefensa consistía en denunciar calumnias y mentiras. Cabría preguntarse si un mentiroso y un calumniador puede ser, a la vez, un ignorante, pero lo verdaderamente significativo es el extra de desprecio que el cargo de ignorancia añade a los calificativos de mentiroso y calumniador.

¿Tiene razón Cospedal? Esa masa de extrema derecha que hasta ahora ha apoyado al PP y ha sido objeto de adulación por parte de sus dirigentes, esa sopa biológica del fascismo en la que beben las gaviotas de su logotipo, ¿padece algún tipo de ignorancia o propensión a la injusticia? ¿Puede padecer ambas cosas? Y asumiendo que sean verdaderamente más ignorantes que las luminarias que nos gobiernan, ¿son esos manifestantes más injustos que el gobierno del PP, o lo son menos?

Uno diría que Cospedal razona de un modo más o menos socrático, al dar a entender que el ignorante tiende a ser tanto más injusto cuanto mayor es su desconocimiento del tema en cuestión. A su vez, el que sabe, si es que sabe lo que hay que saber, tenderá proporcionalmente a la justicia. Naturalmente, los que saben son menos que los que ignoran, de ahí que las decisiones y aun las deliberaciones sobre lo justo y lo injusto no puedan estar sometidas a un arbitraje democrático, sino al dictamen de un grupo de expertos. La mayor parte de las impugnaciones históricas de la democracia parten de ese postulado, pero también, paradójicamente (o no tanto), la mayor parte de las apologías de la representación parlamentaria.

No es ese siempre el proceder socrático. En el Hipias Menor, encontramos la siguiente conversación pre-cospedaliana:

SÓCRATES. -Y el cometer injusticia es hacer mal, y no cometerla es hacer bien.

HIPIAS. -Sí.

SÓCRATES. -¿No es cierto que el alma más fuerte, cuando comete injusticia, lo hace voluntariamente y la mala, involuntariamente?

HIPIAS. – Así parece.

SÓCRATES. -¿No es un hombre bueno el que tiene un alma buena, y es malo el que la tiene mala?

HIPIAS. -Sí.

SÓCRATES. -Luego es propio del hombre bueno cometer injusticia voluntariamente y del malo, hacerlo involuntariamente, si, en efecto, el hombre bueno tiene un alma buena.

HIPIAS. -Pero, ciertamente, la tiene.

SÓCRATES. -Luego el que comete errores voluntariamente y hace cosas malas e injustas, Hipias, si este hombre existe, no puede ser otro que el hombre bueno.

La conclusión es sorprendente, y ni Sócrates ni Hipias parecen muy dispuestos a admitirla: es mejor el que comete injusticia voluntariamente (a sabiendas) que el que la comete involuntariamente (por ignorancia). Ahora bien, dado que ese saber del que ayuna el ignorante no es otro, para Cospedal, que el que deriva de la cercanía a los entresijos del poder, se sigue que un gobernante que obre de manera injusta siempre será preferible a una multitud desbocada, por muy ávida de justicia que parezca esta, pues es el gobernante quien puede, si quiere, ser justo (otra cosa es que quiera o lo pretenda).

Pero si es el poder el que proporciona el saber que la masa ignorante ignora, entonces también se sigue que tanto Cospedal como el increpado Arenas, al igual que todos los dirigentes del PP, fueron en su día tan injustos e ignorantes como sus ahora indignados coribantes. Cuando acusaban a Zapatero de connivencia con ETA, manifestaban una ignorancia de tamaño similar a la que ahora denuncian en los manifestantes de la AVT. Cuando Rajoy, en 2006, presumía de que era su partido quien movilizaba y llenaba las manifestaciones de la AVT, era lo suyo profesión de ignorancia y de injusticia y, por tanto, fue por medio de la ignorancia y de la injusticia como llegó a erigirse en campeón del saber y de la justicia. No necesitaba uno remontarse a los clásicos para llegar a una obviedad tan obvia.

Tal vez toda esta historia no trate sobre justos e ignorantes, sino sobre poderosos e impotentes, y sobre el alejamiento entre representantes y representados, y sobre los peligros de alimentar atavismos para extraer beneficios electorales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s