Es texto largo

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Vamos poco a poco aterrizando, unos más rápido que otros, después de unas elecciones elocuentes y atípicas, y yo supongo que a estas alturas ya se habrán producido dimisiones y ceses en el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cuyos técnicos fueron absolutamente incapaces de prever el ascenso de Podemos y las verdaderas dimensiones del declive del bipartidismo. A propósito de esta enésima cagada metedura de pata del CIS, una página web cometía hoy un lapsus muy significativo: “Los resultados comienzan a ofrecer dudas de si la mitología del CIS se adapta a las nuevas realidades sociopolíticas del país”. Seguro que el redactor quiso decir “metodología”, pero el azar o el corrector o ambos pusieron las cosas en su sitio, pues no es otra cosa que mitología lo que entorpece tanto la capacidad predictiva de las encuestas como las posibilidades reales de un cambio social en España. El caso de Podemos es un buen ejemplo, tal vez el ejemplo.

En los últimos meses he estado muy pendiente de la evolución de Podemos, al principio con más dudas que certezas, hasta implicarme finalmente, en la medida de mis posibilidades (no sin dudas, nunca sin dudas, ni en esto ni en nada), en un proyecto que empieza ahora, y no antes. Por cierto que no he podido dejar de observar cómo algunas voces entusiastas de primera hora se desinflaban a medida que avanzaba la campaña electoral, tal vez poniéndose la tirita ante una previsible herida, para regresar hoy, como si nada, a aquella efervescencia inicial. Pero dejemos eso para otro momento. Quedémonos con esas expresiones de entusiasmo y proyectémoslas donde mejor se vean para mejor analizarlas. Y la pantalla ideal para hacerlo es, a día de hoy, Izquierda Unida.

Izquierda Unida (La Izquierda Plural) ha obtenido 6 eurodiputados y un 9,99 % de los votos. En 2009 fueron 2 diputados y un 3,8 %. Eso se llama triplicar, y es un dato no solo aritmético, sino político, que nadie debería infravalorar, so pena de querer quedar a la altura de un técnico del CIS. Que entre buena parte de la militancia de Izquierda Unida y muchos de sus cuadros se haya extendido hoy una sombra de frustración, solo atenuada por la evidencia de sus buenos resultados, nos permite medir el alcance de la apuesta de Podemos (5 diputados y un 7,97 % de los votos). Nadie lo dice (o yo no lo he oído), pero en muchas miradas parece asomar un reproche dirigido no se sabe a quién: “Esto lo deberíamos haber hecho nosotros”. “Sí, pero la cara de Pablo Iglesias en las papeletas…”, amaga el superego del centralismo burocrático, intentando todavía convencerse de que la disensión es esa, solamente esa y nada menos que esa.

Sea como fuere, que tanto Willy Meyer como Cayo Lara hayan hecho un llamamiento a un “proceso de confluencia” con Podemos es un gesto importante que abre más puertas de las que cierra. Otra cosa es lo que signifique “proceso de confluencia”, y no es menos cierto que se prevén sonoras dificultades a la hora de entender cómo entenderse con algo que, en cada uno de sus movimientos, desborda tanto las ambiciones como las potencialidades de los partidos clásicos. Será complicado establecer unas reglas de juego si al menos uno de los jugadores no reconoce el tablero, y si a eso le sumamos que, en este caso, los tableros son muchos, el pronóstico es que el romance, si lo hay, será tormentoso.

No es factible, ni debería serlo, que Izquierda Unida se lance a ese proceso sin haber interpretado antes los resultados de estas elecciones, y aquí es donde la cosa puede ponerse fea. Yo tengo la convicción de que leer cualquier proceso electoral tiene más que ver con la alquimia que con las ciencias sociales, pero hasta los alquimistas tienen un método, por extravagante que este sea. ¿Qué método se seguirá para leer el 25M? ¿La cruda aritmética electoral con sus gráficos de quesitos y sus “fugas de votos”, escenario ideal para una cargante exposición de filias y fobias? ¿El nauseabundo DAFO del que siempre se extrae la lacerante conclusión de que la historia universal camina en nuestra dirección y no a la inversa? ¿O se estrenará en esta ocasión no tanto el razonamiento táctico como la inteligencia de las voluntades, esto es, dejar que el entusiasmo haga su parte y reconocer que nada entusiasma tanto a un entusiasta como dejarle expresar sus emociones?

En modo alguno se trata aquí de privarse de razones y ceder a pulsiones prerracionales. Al contrario, nada más racional que un diálogo intersubjetivo sin cerrojos burocráticos. Ahora bien, para que esas subjetividades (los militantes de Izquierda Unida, en este caso, solo a título de ejemplo) puedan dialogar, y confluir en un diálogo con otras subjetividades (las que dialogan en Podemos), deben primero poder expresarse. Y esa expresión puede ser entusiasta o no serlo, pero será tan pasional como racional, y no menos racional (y no menos pasional) que el supuestamente frío discurso del aparato y sus cauces de decisión. De nuevo habrá que reventar una mitología: la mitología de la representatividad, con todas sus figuras (consejos políticos, asambleas federales, secretarías generales) y todas sus narrativas.

Lo dijimos en su día: el 15M fue acontecimiento. El 25M no puede leerse ni entenderse sin ese acontecimiento y supone haber leído y entendido ese acontecimiento. Podemos ha hecho esa lectura, al igual que (a su manera) la han hecho Anova y Esquerda Unida o (por una vez) la izquierda soberanista asturiana. No es que Izquierda Unida se haya desentendido del acontecimiento, ni mucho menos, y tampoco ha sido la suya una mala lectura, solo una lectura incompleta. Ya es hora de que se lea el texto hasta el final.

¿Cabe esperar que otros lectores se sumen a ese reto? En principio, no parece descabellado anticipar que algo va a moverse en el subsuelo de la política española, y no solo la placa tectónica catalana. La mitología de la representatividad, si bien no ha muerto, ha empezado a mutar. No ha sido más que eso: no inflemos el 25M hasta convertirlo en otro icono castrante. Pero tampoco ha sido menos que eso, y esa frágil certidumbre justifica, creo yo, un poco de alegría. La misma que deberían sentir no solo los activistas de Podemos sino también (esto lo creo sin ambages) todos los militantes y votantes de Izquierda Unida, Anova, Compromís, Equo y tantos otros agentes y colectivos que han hecho de la resistencia un espacio de diálogo.

Hoy empieza todo.

Un comentario en “Es texto largo

  1. Manuel

    Desde luego, yo no creo que en 2015 se deba presentar una coalición IU-PODEMOS. Este último ha sido sobre todo un instrumento para concentrar el voto de protesta en una alternativa de izquierdas. Hasta ahora ese voto de protesta solo lo canalizaban opciones de derechas (FORO, UPyD… ). Esta es, a mi parecer, la novedad. Sin embargo, no estoy nada seguro de que los que votaron a PODEMOS para protestar por muchas cosas lo hagan igual si su voto sirve para apuntalar a Izquierda Unida.

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