Don de lenguas

Estándar

Un conocido diario asturiano, de los muchos que destacan por sus contribuciones a la opinión pública y a la renovación paulatina del menaje del hogar, se hacía eco esta semana de un escándalo mayúsculo, como si esta fuese la mejor semana para generar escándalos de ningún tipo. Resulta que a un grupo de padres (y es de suponer que también madres) de alumnos de Primaria se les hace difícil entender que sus hijos tengan que optar obligatoriamente entre Llingua Asturiana y Cultura Asturiana. Conociendo la larga y acreditada trayectoria de la prensa asturiana en defensa de la lengua propia de la comunidad, podría parecer que, efectivamente, esos padres reivindican el puro sentido común: ¿cómo que opcional? ¿No deberían los niños y las niñas aprender asturiano igual que aprenden matemáticas e inglés? ¿Qué es eso de que haya que elegir, como si conocer y apreciar la lengua propia del sitio donde vives fuese un asunto de conciencia, una creencia religiosa o un deporte de riesgo? ¿Y cómo que Cultura Asturiana, así sin adherencias (se supone) lingüísticas? ¿Qué clase de juegos malabares tendrá que ejecutar quien imparta esa asignatura para amputar un ingrediente básico de la pizza cultural asturiana? Aunque, por otra parte, ¿no tienen ya los escolares asturianos una asignatura de Conocimiento del Medio? ¿Está la Cultura Asturiana excluida de ese Conocimiento, o está excluida del Medio en el que viven? Y, ya puestos, ¿es Nacho Vegas cultura asturiana? ¿Lo es Javier Bauluz? ¿Es cultura asturiana el cine asturiano?

Apeémonos ya del guindo, porque lo que venía a airear el único diario cuyo suplemento de Cultura da cobijo una hoja parroquial es otra cosa: lo que quieren esas madres es que a sus retoños no se les imponga estudiar nada que tenga que ver con lo asturiano. Defienden que les permitan elegir una segunda lengua extranjera, y lo defienden sin que nadie (al menos no el diario que les sirve de altavoz) les pregunte por qué no lo exigían antes, eso de la segunda lengua extranjera, pues en Primaria, que se sepa, hace bastantes años que la lengua asturiana es opcional, aunque hasta ahora la opcionalidad era mucho más sencilla: o asturiano, o nada.

Una vez soltada la liebre, y alertadas las masas sobre lo poco democrático de esa optatividad obligatoria, la consejera de Educación, Cultura y Deporte comparecía para explicar el porqué de esa medida, y poco más o menos le echó la culpa a una comunidad educativa de la que se autoexcluyó sin que nadie se lo pidiera (del mismo modo que nadie le había pedido que se excusara). Llevamos ya muy avanzado el año 2014, lo suficiente como para poder prescindir de argumentos favorables a la enseñanza de la lengua asturiana (quien a estas alturas no los haya entendido, o es que no quiere, o es que le importan un rábano las argumentaciones racionales), pero precisamente por llevar muy avanzado el año 2014 sí deberíamos plantearnos cómo es posible que un ejercicio de sociopatía periodística como el perpetrado esta semana por La Nueva España condicione la agenda de la consejera de Educación, Cultura y Deporte de una comunidad autónoma.

Si de veras los periódicos impresos asturianos quieren ser algo más que una versión en blanco y negro del catálogo de Mediamarkt, y si en algún momento la consejera de Educación, Cultura y Deporte decide reintegrarse en la comunidad educativa, la prueba de fuego en ambos casos podría ser la misma: bastaría con que tanto los primeros como la segunda se interesaran por las demandas de aquellas familias que quieren tener la opción de que sus hijos estudien asturiano en Educación Infantil. Y ya puestos, y si quieren traerse todos los deberes hechos, que repasen el funcionamiento del sistema educativo asturiano: así se darán cuenta de que la lengua asturiana y la segunda lengua extranjera son las opciones entre las cuales debe elegir el alumnado de Secundaria, sin que hasta el momento esa opcionalidad se haya traducido en un mayor dominio ni de la primera ni de la segunda.

Todo lo que no sea empezar por eso es simplemente promover una guerrilla de opinión cuyos objetivos tácticos siguen siendo, aún, los hablantes de asturiano. Amparándose, eso sí, en un sonrojante doblepensar que hace del verdugo un angelito y de la víctima un tirano: si tan fácil es convertir la voluntariedad en imposición, tal vez sea hora de plantearnos la obligatoriedad como la única manera de garantizar el derecho a elegir.

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