Las viejas caras de la nueva política

Hace unos meses, cuando Pablo Iglesias dijo que consideraba un honor contar con Jorge Verstrynge en Podemos, un pequeño terremoto sacudió las entretelas de esta joven formación política, hasta el punto de que Iglesias tuvo que rectificar y admitir que había cometido un error. Entre los muchos activistas de Podemos que mostraron su disconformidad con el fichaje estrella de Verstrynge predominaba no tanto el rechazo a su pasado derechista como la repulsa por sus opiniones actuales sobre la inmigración, pero no cabe duda de que Verstrynge arrastra un pasado difícil de olvidar y que no es sencillo desvincular su nombre de la Cultura de la Transición (cultura que él mismo contribuyó a crear como colaborador de Manuel Fraga y secretario general de Alianza Popular y que siguió apuntalando como militante del PSOE y asesor de Francisco Frutos). También es factible que sus controvertidas propuestas en materia de inmigración, y su más que discutible biologicismo, constituyan la prueba de que, en cierto sentido, el giro a la izquierda de Verstrynge es, como todos los giros, absolutamente periférico: el eje de la rueda sigue pasando por donde pasaba.

Si de algún modo es necesario utilizar la expresión “nueva política” para acercarse a fenómenos como Podemos (pero no solo Podemos), no menos necesario es reconocer la fragilidad de esa etiqueta y evitar confusiones que ya se delatan a sí mismas por su ancianidad. La tentación de equiparar “nueva política” con “juventud” es irresistible, sobre todo cuando hay poca o ninguna voluntad de renunciar a la vieja (pero aún dominante) política de puertas giratorias y consejos de administración, con sus cargos electos sometidos a la presión de la banca y sus alcaldes enfangados en operaciones de blanqueo: poner de candidato a un chaval con cara de empollón no cambia nada, y no digamos ya cuando de empollón solo tiene la cara. Pero allá el PSOE con sus cooptaciones veraniegas. Las caras nuevas de la vieja política solo convencerán a los incautos.

La crisis política y el desgobierno económico nos han hecho a todos más precavidos, nos han vacunado contra ese tipo de operaciones de blanqueo de imagen y nos han arrojado al escepticismo pero, sin renunciar a este, también al entusiasmo suscitado por un cambio posible. No obstante, este es el clima propicio para que prosperen los cambiapieles, personajes de oscura trayectoria a los que la marea política de las últimas décadas fue arrinconando en el anonimato y que ven ahora su oportunidad para saldar cuentas con sus supuestos verdugos. Comparten muchos rasgos con aquellos profesionales de la conjura a los que se refería Marx y que Flaubert inmortalizó, en La educación sentimental, en la figura de Sénécal: “Algo frío y duro se percibía en sus ojos grises, y su largo levitón negro y toda su vestimenta olía a pedagogo y eclesiástico”. No es, desde luego, el caso de Verstrynge: al mudar de piel, o de partido, Verstrynge ha ido buscando nichos sucesivos para su particular evolución intelectual (que la ha tenido, por más que determinados componentes de su carácter y su ideología hayan quedado más o menos intactos). Las caras viejas de la nueva política, en cambio, no han evolucionado un ápice, y aunque hayan ido migrando de partido en partido y de sindicato en sindicato, probando suerte en asociaciones de vecinos y en tertulias deportivas y culturales, en el fondo siempre les ha sido indiferente el forro ideológico con el que envolvían su férreo individualismo y su inveterada voluntad de poder.

No se trata, en absoluto, de apostar por la juventud como un valor en sí misma. Pero mucho se equivocaría la nueva izquierda (llamémosla así provisionalmente, toda vez que a la derecha lo de “nueva política” sigue sonándole a oxímoron) si renunciara a los nuevos saberes y prácticas de una generación sin hipotecas ideológicas y confiara el futuro a rancios intrigantes de medio pelo que no vacilarán en convertirse, como Sénécal, en policías del resentimiento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s