Recuerdos aforados

Es inevitable que con el tiempo nos toque a todos sonrojarnos ante alguna pregunta sobre nuestro pasado. “Papá, ¿estás seguro de que en esa foto no ibas disfrazado?”. Tenemos, no obstante, coartada para todas esas fotos viejas, o para casi todas: están las fotos de los demás, la culpa compartida y atenuada por un horizonte que amarillea, el alivio de que nuestros rostros sean difícilmente reconocibles. Es más complicado afrontar otros manchurrones de nuestra hoja de servicios.

Haber votado a un partido político execrable, ridículo o superado por las circunstancias (los hay de los tres tipos) entra dentro de la clase de conductas de inútil justificación: el voto es secreto y, al igual que quedan muy pocos que presuman de haber votado a UCD o a Ruiz Mateos, es previsible que en un futuro no muy lejano la gente se avergüence de haber llevado a Rajoy a la Moncloa. Tampoco parece muy sensato andar pregonando por ahí que fuiste votante de IDEAS o del Partido Humanista y realmente a nadie le importa. Tus errores pasados están protegidos por el mismo secreto de sumario que los de los demás. Salvo alguna cosa.

Una de esas cosas es Foro Asturias Ciudadanos, alias FAC, a.k.a Foro. Haber votado a Foro, supongo yo, no se olvida. No pueden olvidarlo los que se arrepintieron y cambiaron su voto diez meses después, pero tampoco los que perseveraron y repitieron en segunda convocatoria. Los primeros puede que no lo olviden como uno no olvida que una vez le sorprendieron en posición poco decorosa, y los segundos seguro que lo recuerdan porque para votar dos veces por Cascos en menos de un año hay que ser muy militante de la propia testarudez. Claro que, entre un desliz y el siguiente, fueron muchos los que usaron su voto para enviar a Sostres a esa particular Estación Mir que ocupa en el Congreso de los Diputados, pero Sostres no es Cascos y uno siempre puede decir que se confundió y no sabía a quién votaba (de hecho, creo que la mayoría de los que le votaron siguen a día de hoy sin saber quién es Sostres exactamente); es imposible decir eso de Francisco Álvarez-Cascos.

La ascensión fulgurante de Foro al Olimpo autonómico es un hito en la historia política asturiana. Del mismo modo que Napoleón fue recibido y aclamado, a su regreso de la isla de Elba, por el mismo mariscal Ney que se había ofrecido a llevarlo a París encerrado en una jaula, así a Cascos lo jalearon no solo nostálgicos de Alianza Popular o admiradores de su intifada contra el grupo PRISA, sino también simpatizantes de una izquierda sin matices o de un asturianismo interclasista que vieron en el ex ministro la oportunidad de liquidar la hegemonía del tándem PSOE-PP sin necesidad de dar su voto a Izquierda Unida (recién salida de un gobierno en coalición con el PSOE) o al Bloque por Asturies (recién salido de una coalición con Izquierda Unida y del mismo gobierno de coalición con el PSOE). Un asturianismo indefinido, pero sobre todo la persistente denuncia pública de los atropellos cometidos por los gobiernos anteriores, incluido el de Gabino de Lorenzo, deshumanizó a Cascos y le convirtió en ese ídolo de cera que tanto desean los partidos populistas: un espejo donde cada uno ve una cosa y ninguno ve lo mismo que ve el otro. Y Cascos vio que dejaba de ser Cascos y vio que era bueno. Pero le duró lo que le duró.

Algunos ya dijimos en aquel lejano 2011 que el voto de Foro era, en buena medida, un voto antisistema. Pero Foro no era, ni es, un partido antisistema, a no ser que hablemos del sistema métrico decimal. Al contrario: del mismo modo que la retórica del casquismo reconstituido se remontaba al covadonguismo más rancio, al tradicionalismo de Vázquez de Mella y sus proclamas eucarísticas y antimasónicas, pero en versión pegatina “Ser español es un orgullo, asturiano es un título”, su manera de entender la administración pública era puro Antiguo Régimen: sumisión y manumisión. Se equivocaban el PSOE y sus medios afines al tratar de vestir a Foro con los ropajes clásicos de la derecha: Foro era, en el fondo, anterior a la división entre izquierda y derecha, y se diría que incluso era anterior a la invención de la rueda.

Si me refiero a Foro en pasado no es por sus características antediluvianas, sino porque ya es historia. Ha pasado, lo hemos pasado, y quienes lo votaron tendrán que vivir con ello. Si parece que sigue existiendo es, sobre todo, porque gobierna en Xixón, o algo parecido, y porque su impronta se notará en esta ciudad aun mucho tiempo después de que el olvido se haya hecho cargo de su taurina alcaldesa y su exorbitante concejal de cultura. Lo que no parece que haya pasado, y aun se diría que se ha redoblado, es el empuje antisistema que nos brindó toda esta dicha. Y bien está que así sea, porque más de uno tendrá ocasión de corregir su autobiografía y poder defender ante sus nietos que de aquel error de 2011 salió algo mejor en 2015.

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