De estilo y personaje

Estándar

No podemos ser nada sin jugar a serlo.

Jean-Paul Sartre

Recuerdo una conversación vía chat con Emilio León este verano. La recuerdo muy a menudo estos días. Hablábamos de papeles, de personajes. De cómo a veces ese paso tan temido y al mismo tiempo tan ansiado, a saber, mancharse las manos en política para evitar que a la política le siga saliendo la suciedad por todos los poros, implica reconstruir la propia identidad, adaptarla a lo que vaya surgiendo, enfrentar una visibilidad que muchos detestamos, y sobre todo acostumbrarse a leer en clave personal un texto político y viceversa. Estos últimos meses han sido algo así. Y es de justicia reconocer que el personaje se va resintiendo. No el de carne y hueso: uno vive las cosas como buenamente sabe y puede, y poco importa que la adrenalina fluya por una causa o por otra, al final el resultado es siempre el mismo. Me preocupa, en cambio, este otro personaje que es todo lenguaje y que ha intentado siempre, por encima de todo, ni reír ni llorar ni detestar las acciones humanas, sino tan solo entenderlas (Spinoza). Cuesta encajar el entusiasmo en esa ecuación. Cuesta hablar con voz de mitin cuando uno siempre ha susurrado y cuesta escribir en susurros cuando uno siempre ha exigido las mayúsculas como compromiso entre el texto y la actualidad.

Aceptemos, no obstante, que cada acción que emprendemos se extiende en dos sentidos que no tienen por qué ser opuestos: uno, el de lo inmediato, se agota en la reacción de los lectores, igual que un paso en falso se agota en la carcajada de los observadores; otro, el de más largo alcance, es el que te hace crecer y te construye a base de pequeñas destrucciones. Para quienes entendemos la vida como un largo y costoso experimento, el reto es llegar al final sin dejar un rastro de cobayas ensangrentadas. En otras palabras: también de estos entusiasmos, y de las perversiones ligadas a ellos, sacaremos alguna lección perdurable.

Nec spe nec metu.

Un comentario en “De estilo y personaje

  1. Laura

    Gracies por esta reflexión!
    Lleete siempre ye prestoso, faime pensar y entrugame coses…
    En so día escuchate tamién nos valió de muncho, agora, dempués de años quiero volver escuchate, n’otru contestu, n’otra realidá, lluchando coles pallabres y la filosofía! !

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