Cincuenta sombras de Monedero

Creo que no me convencen las explicaciones de Juan Carlos Monedero sobre sus intimidades fiscales y financieras. Les encuentro un defecto muy difícil de corregir, a saber: que aún no entiendo qué debe ser objeto de explicación y/o justificación. Me pasa aquí lo mismo que cuando Pablo Iglesias salió disculpándose por llamar lumpen al lumpen: no era necesario.

O tal vez sí, aunque lo necesario no tenga por qué ser eficaz, ni siquiera lo más aconsejable. Monedero podría haber seguido a lo suyo, sin hacer el menor caso de las portadas de El Mundo, y esperar pacientemente a que la radiación gamma alcanzase niveles tolerables para el debate político. En lugar de eso, ha preferido salir a la palestra con un puñado de informes para demostrar lo que nadie, salvo un juez, podría exigirle. Hay quien aplaude el ejercicio de transparencia que ha practicado, pero no es mi caso: no hay transparencia ninguna en sumar más ruido al ruido, y un aluvión de términos legales, cruces de fechas, fotocopias de facturas y declaraciones de expertos es, según mi nada modesto punto de vista, un montón de ruido, y no precisamente de fondo.

¿Qué gana Monedero con todo esto? ¿Obedece esa estrategia comunicativa a algún tipo de intento de ocupar la centralidad del tablero? Si es así, forzoso es reconocer que el tablero en cuestión es un tablero de damas y poca cosa más. Monedero no necesita enseñar ninguna factura porque todo el mundo sabe que no se está cuestionando su honradez fiscal (en el supuesto de que uno pudiera ser honrado con el fisco). Tampoco se está discutiendo su vinculación con los demonios bolivarianos, pues esa vinculación está perfectamente clara para sus detractores y, en cuanto a los demás, el argumento nos suena un poco a “agentes de Moscú”, “contubernio judeo-masónico internacional”, “eje del mal” y cosas parecidas. No: lo que cierta prensa ha tratado de cuestionar es el derecho de Monedero a su propio discurso. “Está forrado”, es lo que llevan varias semanas diciendo. Monedero es casta porque cobró un potosí por algo que cualquier duque de Palma haría gratis e incluso pagando, como es bien sabido. La centralidad del tablero de damas: todo por la pasta.

Desde hace meses, buena parte de la estrategia del gobierno y de los partidos afectos al régimen del 78 ha consistido en tratar de relacionar a Podemos con aquello que Podemos combate o, al menos, con aquello que combaten los simpatizantes de Podemos. Con poco éxito, a juzgar por las encuestas. El caso Monedero prometía, pero parece haber entrado en vía muerta. Cierto que ha reforzado el compromiso anti-Podemos de algunos sectores, pero la sensación que uno tiene es que se está repitiendo demasiado la misma serenata. Y la repetición, en un contexto como este, no solo no asienta el mensaje que se pretende transmitir, sino que lo neutraliza. Puesto que el gobierno se está esforzando lo suyo en tratar a Podemos como trataría a Batasuna, la única noticia en portada que podría servir a sus intereses sería la de la cúpula de Somosaguas esposada, con las caras pegadas al suelo, delante de una ikurriña. Puesto que El País se empeña en tratar a Podemos como trataría, trató y trata a Fidel Castro o a Maduro, la única fotografía de Monedero que le sería útil incluiría algún tipo de chándal de colores llamativos. Puesto que El Mundo… En fin, a El Mundo le serviría cualquier cosa.

Sugerir que Monedero está forrándose a costa de denunciar a los que ya están forrados: no puede ser esa la única arma de un régimen que, por muy rápido que se esté descomponiendo, había logrado salvar la cara ante la historia, a pesar de sus sombras y sus contraluces. Es un consuelo saber que, a cambio de esa torpeza, lo que han obtenido los trompeteros del régimen es una comparecencia pública de Monedero haciendo lo que hace la gente poderosa: hablar en público de sus asuntos privados. Hasta ahora lo habíamos visto en platós de televisión, en mítines o en ruedas de prensa donde comparecía no para hablar de sí mismo sino para representar a un partido. Faltaba ese ingrediente que adorna a todo personaje público con capacidad para crear estados de opinión: faltaba el momento psicopornográfico, el tránsito del nosotros al yo, la apoteosis. Los chicos de Montoro han vuelto a hacer lo que tan bien se les da: meter la pata. Querían convertir a Monedero en uno de los suyos y lo han conseguido: le han transferido cincuenta toneladas de sex appeal.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s