Ciudadano Montoro

El 20 de noviembre de 2011 el Partido Popular ganó las elecciones legislativas en buena lid y frente a una dura competencia. Ganó abanderando la seriedad y el trabajo duro, la cultura del esfuerzo y el saber de los expertos. ¿Alguien en su sano juicio podría preferir la acrimonia popular si pudiera elegir abandonarse a proyectos tan sensatos como Alternativa Motor y Deportes, el Partido del Karma Democrático o, mi favorito de entre todos, el inefable Sandía Tres Avances? Si el PP superó en votos a todas esas formaciones, fue debido, fundamentalmente, a que no prometía buen rollo sino, como hiciera Winston Churchill, “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. No podíamos asombrarnos de que, efectivamente, fuera eso lo que nos entregara. La seriedad tiene un precio. La austeridad tiene un coste. La mayoría eligió la bota malaya y nadie puede extrañarse de que la consecuencia de esa elección fuese un horrible dolor de pies.

A pocos meses de finalizar esta sesión de tortura, el balance es claramente positivo: sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor a borbotones. Nos dieron lo que prometieron. Aunque, naturalmente, una apuesta tan arriesgada puede perderse por una estúpida nimiedad. No voy a ser yo quien sugiera que Cristóbal Montoro sea esa nimiedad: considerar nimiedad a Montoro viene a ser como catalogar a Hitler de accidente histórico: puede ser verdad, pero es de mal gusto. Pero no me negarán a estas alturas que este hombre tiene la virtud de convertir a Rajoy en un gran estadista. En sus manos, cualquier asunto público se convierte en un chiste cargado de futuro.

Montoro ha hecho suya aquella definición de “patafísica” que se inventó Alfred Jarry y la ha aplicado a su propio oficio y en su propio beneficio: para él, la política es la ciencia de las soluciones imaginarias. Nadie podría reprocharle nada si los problemas a los que trata de dar respuesta fuesen también imaginarios, pero el caso es que, para desgracia de nuestro patafísico ministro, los problemas son reales. ¿Cómo calificar el estruendoso asunto de esa presunta puerta giratoria con la que se ha pillado los dedos? Un bufete fundado por el ministro facturó dos millones de euros a una empresa pública presidida por otro alto cargo del gobierno del PP, Antonio Beteta, entonces (2008) Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid y en la actualidad Secretario de Estado para las Administraciones Públicas y demostración palmaria de que, para algunos, el gobierno está donde están ellos, y no a la inversa. Montoro tiene un problema real, de un nivel de realidad Fiscalía Anticorrupción, y esa es mucha realidad para taparla con juegos de palabras, salvo que uno pertenezca al ilustre Colegio de Patafísica y presida la subcomisión de Incompetencia Realizadora u ocupe la cátedra de Cocodrilología.

De momento, el ministro no ha empleado mucha munición en este asunto, lo que podría ser un penoso indicador de que, en el fondo, también él pertenece al partido de la seriedad y el esfuerzo, a pesar de sus numerosas aportaciones a la poesía del absurdo. Cabe la posibilidad de que se esté reservando para el número final y que ahora mismo prefiera concentrar todo su ingenio en salir de ese otro atolladero en que se ha metido él solo, como debe ser, con la osadía que le caracteriza, al comparar las donaciones al PP con las donaciones a Cáritas y similares. Yo ya presupongo que, cuando uno se dedica a la literatura experimental, no pierde el tiempo investigando cómo funciona una ONG, y después de todo me parece, la de Montoro, una gran aportación, si no a la historia del arte de vanguardia, sí a la de la exploración del inconsciente. “Son fines sociales todos, unos a unos y otros a otros”, ha dicho, sin cortarse, lo cual de nuevo es un alivio, pues más de uno podría haber pensado que la seriedad sin fronteras del PP escondía algún tipo de utopía interclasista. Montoro, con su línea trazada entre los unos y los otros, ha vuelto a recordarnos que, como dijera George Bernard Shaw, mientras unos predican la lucha de clases, otros la practican, y que no están dispuestos a dejarles a los más necesitados ni las migajas ni los beneficios fiscales.

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