Gambito de confluencia

Entre los tuits de Zapata y los de Errejón, se ha hablado poco de los de Gaspar Llamazares. Injusto es. Sin dejar de ser un político de esos de toda la vida, con su particular cuota de carisma y un instinto de supervivencia intacto tras varios decenios de sudar la corbata, Llamazares se desenvuelve inusualmente bien en el mundo de las redes sociales, lo cual es indicativo de que, para nadar a tus anchas en la buena sociedad, ya importa menos saber cuál es el tenedor del pescado que tener olfato para contratar a un buen community manager.

Entre el 15 y el 22 de junio, el ex coordinador de Izquierda Unida y diputado en Cortes redactó, o le redactaron, 66 tuits, de los cuales 44 tenían a Podemos como destinatario, tema u objeto de comentario. De los 22 restantes, apenas media docena comentando o criticando alguna acción del PP o del gobierno, y tan solo un par de ellos contra el PSOE. De estadísticas está empedrado el infierno, pero alguien podría decir, con estos números en la mano, que los intereses de Gaspar Llamazares están en un punto bastante diferente al que cabría esperar de quien encabeza una opción política con nombre de izquierda y apellido plural. Cierto que son días de negociaciones complejas, o eso dicen, pero eso no justifica que Podemos aventaje en un 200% al resto de las cuestiones que un político podría abordar desde su perfil en Twitter. Y eso sin tener en cuenta el aspecto cualitativo, tan elocuente como el cuantitativo: abundan en esos tuits las expresiones airadas, el tono bronco y la falta de mesura, todo ello adobado con una pizca de victimismo y un ramillete de soberbia que quedan bastante lejos de los aderezos habituales en quien hasta hace poco llevaba la voz cantante en Izquierda Unida.

Es poco sorprendente el crescendo tanto cuantitativo como cualitativo de los últimos días, conforme se acerca la votación de investidura del próximo presidente asturiano. Así, el 19 de junio hubo un pico de tensión provocado por la propuesta de Podemos de rebajar los salarios y el número de asesores de los diputados, y el 20 un segundo pico despreciando la propuesta de Podemos de sumar posiciones frente al PSOE. En ninguna de esas crisis se trata de confrontar puntos de vista divergentes, sino que es evidente la voluntad de justificar las propias decisiones: decisiones consumadas, como la de no sumarse a la limitación de salarios, o en trance de consumarse, como la de no apoyar la investidura de Emilio León, pero vestidas todas ellas con el mismo tipo de argumentos, casi todos ad hominem.

Sinceramente, no me creo que un tipo tan inteligente como Gaspar Llamazares se meta de manera gratuita en semejante exhibición de despecho: que si me insultaron, que si no nos quieren, que si nos llamaron corruptos o no nos cogen el teléfono. Tiene que ser otra cosa: o bien trata de sacar ventaja para llevarse la parte del león, y la de León (vendiendo sus cinco votos a cambio de una “confluencia de la izquierda” que le permita presumir de haber logrado acá lo que Garzón no consiguió allá), o bien exagera los agravios para justificar la difícil decisión de entregar el gobierno asturiano a Javier Fernández. Que los dos movimientos sean igual de verosímiles indica que Llamazares no ha dejado de estar siempre en el mismo lugar, y eso es lo relevante y lo que explica la dureza de sus posiciones.

Al contrario de lo que se dice por ahí desde hace algunos años, Gaspar Llamazares no fue pionero en eso de tender puentes entre Izquierda Unida y el PSOE. Sí lo fue en su estrategia de pretender elevar a Izquierda Unida al estatuto de referencia ideológica y moral del espectro de la izquierda española. Voluntariamente o no, jugó una carta peligrosa pero no demasiado infrecuente: la de la identificación de esa alternativa ideológica y moral con su propia persona. El hecho de que Izquierda Unida se esté precipitando al abismo en todas partes salvo (en términos electorales) en Asturies, refuerza su posición y le dota de un poderoso altavoz con el que hace unos meses ni se atrevía a soñar. Sabe, además, que muchos militantes de Izquierda Unida hacen a Podemos responsable del hundimiento y ese sentir es lo que Llamazares está explotando para obtener a cambio un cierre de filas en torno a su persona.

¿Durará mucho? Pues depende. Porque el envite a la grande con que Llamazares saluda a la nomenklatura de IU se compadece poco con el envite a la chica que parece estar preparando en Asturies. Desde luego, marcar distancias con alguien no parece la mejor manera de demostrar que se quiere “confluir” con ese alguien, ni aunque sea un ratito, pero hacer causa común con el adversario tampoco parece el mejor modo de convencer a los tuyos de que su salvación está en tus manos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s