Apostilla (lingüística) a El ojo vago

Mockup_Portada_EL OJO VAGO

El ojo vago es mi primera novela escrita en castellano. Después de un cuarto de siglo escribiendo y publicando casi exclusivamente en asturiano, supongo que algo tendré que decir al respecto.

Antes de 2011 nunca me había planteado en serio que el asturiano dejara de ser mi lengua literaria. Justo ese año empecé a notar que algo había cambiado. Intenté aclarar mis ideas en una especie de confesión que titulé Ensayo sobre la sexualidad de los asturianos y que entregué, una vez finalizada, a la crítica roedora de los ratones, que diría Marx. A lo mejor un día rescato lo que queda de ella y la aireo un poco. Pero aún no.

Por el momento, bastará con esbozar las conclusiones de aquel ensayo. Muy resumidas, son las siguientes: 1) El desprecio histórico de los intelectuales asturianos hacia la lengua asturiana tiene un origen de clase pero funciona al mismo nivel que los mecanismos de represión de los impulsos sexuales. 2) Esos mecanismos establecen una cierta equivalencia entre la lengua de las clases populares, la sexualidad femenina y la suciedad del mundo campesino, poniendo en el otro fiel de la balanza a la lengua castellana junto con la ambición de poder del macho burgués asturiano y su obsesión por alejarse lo más posible del mundo campesino. 3) Ese distanciamiento, esa obsesión por la pureza y la limpieza, abre una herida, genera una frustración, un complejo. 4) Al constituirse como imagen invertida de ese sistema de pensamiento, el asturianismo cultural ha reproducido también esa herida interna, generando imágenes y anhelos de pureza y orgullo profundamente insatisfactorios. 5) Todo ello puede resumirse en el mandamiento único del superego asturiano, a saber: “Habla bien y folla mal”.

Vale. Supongo que a estas alturas ya no queda nadie por aquí que se lo tome en serio. El Ensayo sobre la sexualidad de los asturianos pretendía, fundamentalmente, hacer reír. Hacerme reír a mí, y hacer que me riera de mí mismo.

Empecé a escribir El ojo vago en 2012, pero solo empecé a dedicarle tiempo en 2013. Para entonces ya había descartado y casi olvidado la mayoría de las memeces que componían el Ensayo sobre la sexualidad de los asturianos, pero no así la enseñanza paralela que extraje de aquella experiencia: que podía utilizar el castellano para reírme de cualquier solemnidad que se pusiera a tiro.

La mayoría de las novelas que releo con frecuencia tienen que ver con la risa, de un modo o de otro: La conciencia de Zeno, Pálido fuego, Matadero Cinco, El lamento de Portnoy (y buena parte de la obra de Philip Roth), Yo serví al rey de Inglaterra (hay una cita de esta novela al comienzo de El ojo vago). Incluso el Faulkner que más me gusta es el que sabe hacer reír, el que se vale de la socarronería y la retranca. Y luego está Terry Pratchett, al cual solo me arrebataréis de mis frías manos muertas.

Medirse con los grandes exige un material que uno no tenga reparos en retorcer y manipular. Hacer comedia en asturiano, en cambio, me parece tan arriesgado como diseñar una fuente ornamental de nitroglicerina: material inflamable. Tal es el peso del desprecio hacia el idioma asturiano: acostumbrados a ver en él un vehículo para lo cómico, algo que hace reír por su mero uso, es verdaderamente difícil apropiarse de él en clave cómica sin caer en el cliché, sin convertir la burla en una burla hacia el idioma. No digo que no pueda hacerse, sino que es difícil; requiere una concentración y un cuidado que yo no podía garantizar cuando empecé a escribir El ojo vago. Además, sentía curiosidad por saber si sabría trabajar el metal después de tantos años esculpiendo en mármol.

Ya está. Hasta aquí mis aclaraciones sobre esa traición lingüística (veo venir la acusación a todo tren por las vías habituales). Desde luego, lo más recomendable es tomárselas tan en serio como las jeremiadas del Ensayo sobre la sexualidad de los asturianos: puede que estos sean los motivos, puede que sean otros, puede que no los haya.

En el fondo, tal vez la única razón de peso para usar un idioma u otro sea aquella que el filósofo Lluís Álvarez esgrimía para justificar escribir en asturiano: porque a uno le da la gana.

Por lo demás, en El ojo vago hay reencarnaciones, sí, unas cuantas, y sale David Bowie, y (cómo no) también sale un cuervo.

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6 comentarios sobre “Apostilla (lingüística) a El ojo vago

  1. 1. Magnífico y divertido texto, comme d’habitude.
    2. No entiendo por qué crees que debes explicar en qué idioma quieres escribir ni lo de la supuesta traición. ¿?

  2. Lo bono de poder falar más d’una llingua ye que pués escribir en más d’una llingua. Yo al menos nun te considero un traidor. Lleeréte en toles llingues qu’escribas. Saludos y muncha suerte!!!

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