Dylan, o De la frustración

[Este texto, en una versión abreviada, salió publicado en el número 79 de la revista El Cuaderno.]dylan

DYLAN[i], O DE LA FRUSTRACIÓN[ii]

-¿Adónde vas, Espeusipo[iii], con esas prisas? ¿Acaso ya nos hemos movilizado en apoyo a los tebanos?[iv]

-No, que yo sepa, maestro Platón. La ofuscación que me arrastra viene del temido futuro, no del odiado presente.

-¿Y qué nuevas son esas que aún tardarán en producirse?

-Una noticia que ha trascendido gracias al invento de Demócrito[v], ese telescopio[vi] que nos permite asomarnos a los siglos venideros sin ser detectados por sus habitantes.

-En más de un lío nos meterá el dichoso Demócrito si no se muere pronto, el muy imbécil.

-Puede ser, pero no por ello es menos inquietante lo que acaban de decirme. Resulta que dentro de dos mil trescientos años la Academia le dará a un tal Bob Dylan el premio Nobel de literatura.

-Aguarda, aguarda, Espeusipo. ¿No es buena noticia, por ventura, que mi gloriosa Academia siga existiendo después de dos milenios?

-Me temo, divino Platón, que de tu Academia no queda para entonces mucho más que el nombre. He visto en el telescopio de Demócrito que hay establecimientos de bastante peor tono que se llaman así. Academias de idiomas, las llaman. En ellas se enseña a hablar mal en varias lenguas.

-Pues sí que… ¿Y qué importancia tiene, pues, que uno de esos establecimientos premie a Fulano o a Mengano, si tan magro es su prestigio?

-Es que esta Academia, en concreto, sí que es prestigiosa. Y los premios que concede tienen eco en todo el mundo conocido, que en esa época de la que te hablo es, justamente, el mundo entero.

-Felicitémonos, pues, de que ese Bob Dylan sea merecedor del mismo. ¿Qué disciplina practica? Pues te confieso que te he oído decir “literatura” y me he quedado como estaba.

-Es que nosotros aún no le damos ese nombre, maestro, pero en el futuro llamarán literatura más o menos a lo que tú haces con tus diálogos: exponer por escrito, en caracteres bellos, nobles pensamientos que inviten a la reflexión.

-¿Y es a eso a lo que se dedica el tal Bob Dylan?

-Un poco, tal vez. Pero debería aclararte que lo hace usando versos.

-Grandes escritores de versos poseemos nosotros y aun los laureamos como se merecen, Espeusipo. ¿No honrarías tú la memoria de Safo y Alceo como nobles poetas en verso?

-Sí, maestro. Toda vez que sus palabras han trascendido la ejecución musical y podemos recrearnos con ellas a través de copias de sus obras.

-¿Y no es eso, por ventura, lo mismo que hace ese Dylan?

-Pues va a ser que no, porque este es famoso, justamente, por cantar sus propias composiciones.

-Un poeta lírico que ejecuta sus propias canciones. ¿Las canta bien?

-Más o menos como un perro cuando le pisas el rabo.

-Enigmático asunto. Imagino que, aunque viva, su propia obra le habrá trascendido en forma de libro.

-Sí que es cierto que se han publicado en libro sus canciones, mas no surten de este modo el mismo efecto que cuando son cantadas por él o por algún otro rapsoda.

-Muy mal deben de andar las cosas en el futuro, entonces, Espeusipo, pero eso no explica por qué corres de esa manera, como si hubiese algún modo de remediarlo.

-Se me ha ocurrido, divino Platón, que todo será diferente si evitamos que en el futuro conozcan a Homero y a nuestros poetas, pues no dejan de repetir que nosotros, los griegos de hogaño, a quienes según parece toman como modelo, reverenciamos a nuestros aedos y a nuestros rapsodas del mismo modo que ellos a sus cantantes populares.

-Alguna razón llevan, si es que piensan así.

-Y no digo yo que no, maestro, pero me he acordado de cuántas veces nos has prevenido contra la tentación de buscar respuestas en esos repetidores de versos y clichés como si en sus composiciones se hallara la verdad.

-Cierto es. Y por los dioses que yo mismo te incitaría a quemar cuantas copias de la Ilíada pudieras reunir. Mas juzgo que sería esfuerzo vano, pues basta con que se halle una sola a buen recaudo.

-El futuro, pues, está perdido.

-Amigo y sobrino Espeusipo, no dramatices. Cosas peores ocurrirán en el futuro. Me temo que lo que te enfurece es comprobar que la guerra contra el cliché, y por tanto la guerra contra la deformación de la palabra y el pensamiento, no la habremos ganado aún dentro de dos mil trescientos años. Era de esperar que fuese así.

-¿Cerramos, entonces, la Academia? ¿Nos mudamos a una comuna, como los seguidores de Aristipo[vii]?

-Ni pensarlo, Espeusipo. Más bien decretaremos medidas radicales, de suerte que nadie pueda acogerse al ideal de nuestras enseñanzas sin tener que practicar también sus exigencias.

-¿Y qué medidas serán esas?

-De momento, prohibir la presencia de poetas en nuestras ciudades. Y por si acaso alguien juzga que se trata de una figura retórica o un desahogo pasajero, lo pondré por escrito en el nuevo tratado que estoy escribiendo[viii].

-¿Cómo va de avanzado ese escrito, maestro?

-Muy avanzado, sobrino. Y aún lo estaría más si dejarais de correr de un lado a otro cada vez que el telescopio de Demócrito os da un susto como este. Cualquier día cojo un mazo y lo hago puré, y a su inventor con él, por las barbas de Pitágoras[ix].

Notas

[i] El bibliotecario alejandrino Demetrio de Falero (350 – 282 a. C.) atribuyó este fragmento de diálogo pseudoplatónico a Jenócrates, tercer director de la Academia, basándose en conjeturas que no han llegado hasta nuestros días. En todo caso, al descartar a Platón como autor del mismo, Demetrio obró con prudencia y buen sentido: no hay precedente de que Platón se haya introducido a sí mismo como personaje en uno de sus diálogos.

[ii] No hay constancia del título que Demetrio le puso al texto, si es que le puso alguno. Una traducción latina incompleta lo titula “De frustratione”, pero ni su origen ni su sentido son diáfanos en absoluto. Se ha sugerido que algún comentarista alejandrino leyera en la palabra “Dylan” la corrupción de algún otro término relacionado con el verbo δηλέομαι, “dañar”.

[iii] Espeusipo (408 – 338 a. C.) era sobrino de Platón y fue director de la Academia al morir su tío, lo que pone de manifiesto que, si hay que elegir entre el mérito y las relaciones personales, el mérito sale perdiendo incluso en el platónico “gobierno de los mejores”.

[iv] La referencia a la movilización de apoyo a Tebas permite situar el diálogo, que no su composición, en torno al 378 a.C., cuando los tebanos solicitaron ayuda a la ciudad de Atenas ante la perspectiva de una invasión espartana. (La ayuda, finalmente, fue concedida: un ejército de 5000 hoplitas atenienses comandado por Demofonte socorrió a los tebanos.)

[v] El desprecio de Platón por Demócrito (460 – 370 a. C.) es de tal magnitud que no le menciona ni una sola vez en sus escritos. Esa es otra de las razones que pudieron llevar a Demetrio de Falero a dudar de la autoría platónica de este diálogo, toda vez que, según Diógenes Laercio, Demetrio sostenía que Demócrito jamás había pisado Atenas.

[vi]Traducimos como “telescopio” el original griego τηλεθεάριον, con el que se alude a algún tipo de artefacto para contemplar cosas situadas a distancia (en este caso, a distancia temporal). Es prácticamente imposible imaginar a qué se refiere el autor con ese término, pero la expresión θεάριον nos permite suponer que se trataría de algo que podrían contemplar varias personas a la vez, algo así como la pantalla de un televisor, no tanto un telescopio o un catalejo.

[vii] Aristipo de Cirene ( 435 – 350 a. C.) defendía la equivalencia del bien con el placer. Platón tampoco lo menciona nunca; no obstante, el Filebo presupone el conocimiento de la doctrina cirenaica. Es curioso que se le mencione en este diálogo si, como afirman Philippson y otros, fue Espeusipo el principal antagonista de su doctrina en el seno de la Academia.

[viii] Se refiere, evidentemente, a La República.

[ix] Este rapto de furia es consecuente con la anécdota recogida por Diógenes Laercio según la cual Platón habría querido quemar todos los escritos de Demócrito.

 

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