Autoparodia revertiana (sin fondo de arcabuces)

El crítico Vicente Luis Mora tiene por costumbre explicar, cuando reseña un libro, qué tipo de relación mantiene él con el autor y la editorial del libro en cuestión. Me parece una costumbre magnífica y digna de ser copiada. Así pues, ahí va. Relación con Arturo Pérez-Reverte: ninguna. No nos hemos visto en la vida. Rizando el rizo, sería justo mencionar que la revista digital de la que es cofundador, Zenda, publicó un par de reseñas de mi última novela, y las dos bastante elogiosas. De modo que, si por ahí hay algo que rascar, más tendría que ver con la gratitud que con el resentimiento. Nobleza obliga. Continuar leyendo “Autoparodia revertiana (sin fondo de arcabuces)”

El tonto del pueblo

La semana pasada, Owen Jones escribía a propósito de la masacre de Alepo y decía: “Aquellos que apoyaron las guerras en Irak y Libia se sienten desprestigiados por el derramamiento de sangre y las calamidades que se sucedieron. Aceptan que los campos de la muerte de Irak y el Estado desintegrado de Libia debilitaron sustancialmente los argumentos morales a favor de la intervención occidental”. Jones se refería a la postura de los parlamentarios británicos que tumbaron la propuesta de una intervención militar en Siria, pero la descripción se corresponde bastante bien con el estado de ánimo de muchas personas que aceptaron al menos la intervención en Libia como mal menor frente a la crueldad desbocada que reflejaban entonces los medios de comunicación. Continuar leyendo “El tonto del pueblo”

Creo que mi vecino es Donald Trump

Hoy mi hija salió del colegio diciendo que, según sus compañeros de clase, iba a empezar la Tercera Guerra Mundial. No sé si debería conmoverme que la alarma por la victoria de Donald Trump haya llegado hasta una clase de sexto de Primaria, pero el caso es que me inquieta y me fascina a la vez: ¿cuánto tiempo han tenido esos niños para asimilar ese rumor? ¿Una hora y media, dos horas como mucho? Ha tenido que ser entre el momento de levantarse de la cama hasta el de pisar el patio del colegio a las nueve de la mañana. El canal, presumiblemente, la radio del coche o la conversación entre sus padres, tal vez la televisión mientras desayunaban. Pero no ha hecho falta más: ahí estaba, precocinada, la información del día, el canutazo que les ha hecho sentir que algo extraordinario acababa de ocurrir. Continuar leyendo “Creo que mi vecino es Donald Trump”

La Fundición: una antología personal

Los dominios de la extinta Fundición Príncipe de Astucias han vuelto al limbo y, con ellos, cientos de horas de trabajo y cachondeo. No me apetece esperar a ninguna efeméride para rescatar aquí algunas piezas que a mi juicio están entre lo mejor de lo que hicimos/hicieron entre 2012 y 2015. Recojo muestras de Alejandro Nafría, Juan Carlos Gea, Gallota, Silvia Cosio, Nacho Quesada, Goyo Rodríguez, Jandro Llaneza, Rubén Megido, Toño Velasco, Javi Guerrero, Ruma Barbero, Emiliano Alonso, Alberto Pieruz, Álvaro Noguera, Milio Loquemefaltaba, y otras con guión de Boni Pérez, Aitana Castaño, Enrique del Teso o de un servidor. Por si se nos olvida lo mucho que nos dio Rajoy (aunque no se nos olvidará fácilmente: ahí sigue).

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Cambio de hora

No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo “Cambio de hora”

Cuando la tuna te dé serenata

La novela más desconcertante que he leído es Robinson Crusoe. Es sencillamente asombrosa: no solo es la historia de un tipo que se pasa veintiocho años completamente solo, sino que también, y muy especialmente, es la historia de un tipo que cree que contarnos con detalle lo que le sucedió durante esos veintiocho años es, por alguna razón, interesante y no solo eso, también divertido. Encima, logra que sea interesante y divertido y lo hace sin renunciar a su condición de solitario absoluto, esto es, incluso cuando tiene que narrar algún encuentro con otro ser humano, ya sea al final del libro o al principio, se las ingenia para hacerlo como si hablara solo. Es algo insólito. Mucho más insólito si observamos que, en una novela, el mejor procedimiento para perfilar la identidad de un personaje consiste en hacerlo contrastar con otros. El protagonista de una acción existe contra alguien, se va haciendo a medida que interactúa con aquellos a los que se opone: sin Creonte, Antígona sería una moralista insoportable, y los personajes de Dostoyevski nos darían bastante pena si no interactuasen unos con otros revelando, entre tanto, que son mucho más complejos de lo que parece haber creído su autor. En cambio, Robinson ¿contra quién existe? ¿Quién es su antagonista en esa isla desierta? Continuar leyendo “Cuando la tuna te dé serenata”