Cambio de hora

No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo “Cambio de hora”

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Estas multas las pagamos entre todos

La democracia no es gratis. Ni siquiera es barata. Tampoco puede serlo: es un mecanismo complejo que requiere un mantenimiento delicado, y esas cosas se pagan. Ese ruido de fondo sobre el despilfarro de las instituciones democráticas, tan audible en mentideros no precisamente desinformados, no deja de ser pura y simple demagogia: suprimir el sueldo de los diputados equivale a convertir la política en una ocupación de la clase ociosa, y eso es algo que saben muy bien cuantos ociosos se sientan en esos escaños tan caros.

Se da, no obstante, una indignación más que justificada ante los dispendios de los presuntos representantes del pueblo. Las cifras que acaba de publicar eldiario.es, correspondientes al presupuesto del Congreso para 2013, están llamadas a incrementar la llamada “desafección ciudadana”. Estoy seguro de que cada partida de ese presupuesto tiene su justificación formal, y hasta en muchos casos estoy dispuesto a comprender que el derroche es más aparente que real. Pero todo ello desprende un tufillo versallesco difícil de compaginar con el êthos democrático. ¿100.000 euros en reparación y sustitución de iPads? Suponiendo que los iPads fuesen imprescindibles para el correcto ejercicio de la representación popular, que ya es mucho suponer, ¿acaso esos aparatos no tienen dueño? ¿No son del común? ¿No debería el usuario conservarlos en perfecto estado, o es que eso sólo puede ocurrir en un Estado perfecto? No me contesten ahora, háganlo después de la publicidad (de Apple).

La indignación, como el ser de Aristóteles, es una pero se dice de muchas maneras. Tantas como temperamentos. El mío debe de ser un temperamento tirando a gilipollas, porque lo que en verdad me ha encendido la sangre ha sido el monto de 7.000 euros para multas de tráfico. No es dinero, al menos si lo comparamos con la pensión de Bono (170.128 euros de vellón es el rescate por apartarlo por fin de la política), pero es un dinero cuyo destino escapa a mi comprensión. Ignoro si la condición de aforado te protege de las sanciones administrativas, pero no creo que, aunque así fuese, esa condición se propague por contagio, y en todo caso, si un diputado no puede traspasársela a un familiar cercano, me imagino que tampoco podrá prestársela a su chófer. Es, en el fondo, como eximir a esos conductores de la obligación de respetar las normas de tráfico: sus multas las pagamos entre todos, y roguemos para que no nos quiten también los puntos del carné.

Insisto: la democracia es un juguete caro. Pero es para jugar todos, no para que un puñado de afortunados se pasee por ahí como si les hubiese tocado una canonjía. Sáquense el carné. Usen el transporte público. Y páguense ustedes sus multas, ya que no tienen la decencia de respetar las normas que ustedes mismos aprueban en nuestro nombre.