Vistalegre II: Más allá de la cúpula del Telegram

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No me saco de la cabeza aquella escena de Morir todavía en la que el psiquiatra (Robin Williams) explicaba al detective (Kenneth Branagh) cómo dejar de fumar: “Uno es fumador o no fumador. No hay término medio. El truco consiste en averiguar qué es lo que uno es, y serlo”. Continuar leyendo

Cambio de hora

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No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo

El cielo puede esperar

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Supongo que soy de esos izquierdistas trasnochados que piensan que al PSOE, ni agua. Oigo PSOE y automáticamente pienso en el GAL, en la OTAN, en la reconversión industrial, en la Ley Corcuera, en la reforma del 135 CE, en la Ley de Partidos, en los insumisos presos, en los sindicalistas presos, en las puertas giratorias, en la religión en las escuelas, en la sumisión a la monarquía, y todo eso sin necesidad de prestar atención a Felipe González en su ultimísima faceta de capo di tutti capi. Lo confieso: yo soy el que aplaudió cuando Pablo Iglesias dijo aquello de la cal viva. Lo hice: aplaudí mentalmente y acto seguido me mandé a mí mismo al rincón de pensar. Continuar leyendo

Nuestro Cuarto Estado

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Parece que avanzan hacia la luz desde el interior de una caverna, pero ese fondo sombrío es un espacio abierto, verde y casi salvaje: Naturaleza en estado puro, solo que en penumbra. ¿No es extraño? Casi podríamos medir en siglos el tiempo que llevan los pintores transitando de la ciudad al campo, del bodegón a la fronda, y estos tipos, en cambio, lo hacen al revés: dejan atrás los verdes pastos en los que triscarían tan campantes no solo las cabras sino el mismo Claude Lorrain en pleno furor báquico; se visten con lo que aparentemente son sus mejores galas pero que, así y todo, el espectador burgués de 1901 aún consideraría ropajes poco apropiados para figurar en una pintura de ese tamaño (293 x 545 cm); y con ese semblante que solemos calificar de adusto (y algún día comprobaremos en el diccionario si lo es o no) pero que más parece un no semblante, el rostro sin estrenar de una multitud de iguales, caminan hacia nosotros, hacia la luz que irradia desde nuestra condición de observadores, más de un siglo después desde que Giuseppe Pellizza da Volpedo determinara que así serían los integrantes del Cuarto Estado, el Pueblo, la Clase Trabajadora. Los que dejan atrás las servidumbres del campo y vienen a enrolarse en el ejército del proletariado urbano. O tal vez los que ni desean ni se proponen dejar de ser campesinos, jornaleros, braceros, sino más bien dignificar su condición de campesinos, de jornaleros, de braceros, y deponen por un día sus aperos y se cruzan de brazos exigiendo lo que, a juzgar por lo convencionalmente adusto de ese semblante multitudinario, no puede ser sino Justicia. Continuar leyendo

No ha sido el señor D’Hondt

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El Partido Popular ha vuelto a ganar las elecciones. Era difícil otro resultado sin que mediara una catástrofe biológica, tipo peste bubónica: una sociedad no cambia tanto en seis meses. Igual de previsible era que los demás partidos mantuviesen su cuota de poder, salvo Ciudadanos. (Hay algo en Ciudadanos que se impugna a sí mismo, igual que lo había en UPyD, y ese es ahora mismo uno de los asuntos que más me intriga de la política española, pero no es de eso de lo que tratan estas líneas. Cada cosa a su tiempo.)

Estas líneas tratan del resultado de Unidos Podemos, de su relación con el electorado del PSOE y con la evolución de Podemos desde su creación hace dos años y medio. Y no pretendo disfrazarlas con retórica pseudocientífica (las ciencias sociales, para quien las trabaja): es personal, no son negocios. Continuar leyendo