Vistalegre II: Más allá de la cúpula del Telegram

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No me saco de la cabeza aquella escena de Morir todavía en la que el psiquiatra (Robin Williams) explicaba al detective (Kenneth Branagh) cómo dejar de fumar: “Uno es fumador o no fumador. No hay término medio. El truco consiste en averiguar qué es lo que uno es, y serlo”. Continuar leyendo

Cambio de hora

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No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo

El cielo puede esperar

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Supongo que soy de esos izquierdistas trasnochados que piensan que al PSOE, ni agua. Oigo PSOE y automáticamente pienso en el GAL, en la OTAN, en la reconversión industrial, en la Ley Corcuera, en la reforma del 135 CE, en la Ley de Partidos, en los insumisos presos, en los sindicalistas presos, en las puertas giratorias, en la religión en las escuelas, en la sumisión a la monarquía, y todo eso sin necesidad de prestar atención a Felipe González en su ultimísima faceta de capo di tutti capi. Lo confieso: yo soy el que aplaudió cuando Pablo Iglesias dijo aquello de la cal viva. Lo hice: aplaudí mentalmente y acto seguido me mandé a mí mismo al rincón de pensar. Continuar leyendo

No ha sido el señor D’Hondt

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El Partido Popular ha vuelto a ganar las elecciones. Era difícil otro resultado sin que mediara una catástrofe biológica, tipo peste bubónica: una sociedad no cambia tanto en seis meses. Igual de previsible era que los demás partidos mantuviesen su cuota de poder, salvo Ciudadanos. (Hay algo en Ciudadanos que se impugna a sí mismo, igual que lo había en UPyD, y ese es ahora mismo uno de los asuntos que más me intriga de la política española, pero no es de eso de lo que tratan estas líneas. Cada cosa a su tiempo.)

Estas líneas tratan del resultado de Unidos Podemos, de su relación con el electorado del PSOE y con la evolución de Podemos desde su creación hace dos años y medio. Y no pretendo disfrazarlas con retórica pseudocientífica (las ciencias sociales, para quien las trabaja): es personal, no son negocios. Continuar leyendo

Volver a empezar

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Ni gobierno a la valenciana ni pacto a la portuguesa. Salvo sorpresas de última hora, volveremos a votar dentro de unos meses. El gobierno en funciones seguirá en funciones hasta que se hayan abierto las urnas o peor aún, hasta que se hayan abierto los cielos, pues todavía nos quedará por delante otro largo y agónico proceso de investidura. Podremos darnos con un canto en los dientes si conseguimos desalojar a Rajoy de la Moncloa antes de octubre. De las iniciativas legislativas en curso, mejor ni hablamos.

Ese es al menos el panorama más verosímil después de que Podemos y el PSOE dieran por rotas las negociaciones para formar gobierno. Podemos ha anunciado que consultará a “las bases”. La consulta será, suponemos, un prodigio más de democracia interna, de esos que tanto abundan en los últimos meses. En la ciudad donde vivo, y aun fuera de ella, no ha faltado quien ha querido establecer comparaciones con la consulta por la que Xixón Sí Puede decidió no apoyar al candidato socialista a la alcaldía, pero, al margen de lo que cada uno quiera tener en el gobierno, lo cierto es que hay una gran diferencia entre un proceso y otro: así, los concejales de Xixón Sí Puede se comprometieron a acatar lo que se decidiera en aquella consulta, mientras que el grupo parlamentario de Podemos en las cortes españolas decidirá por su cuenta y riesgo el sentido de su voto, con independencia de lo que digan las bases.

Donde sí hay semejanzas es en que ambas consultas rubrican sendos fracasos. Tanto Podemos como Xixón Sí Puede, cada uno en su escala, tenían su razón de ser en el éxito electoral. No había plan B: se trataba de ser, como ya dije una vez, o César o nada. El candidato de Podemos llegó a decir que, si no ganaba, “igual se iba”. El de Xixón Sí Puede nunca dijo tal cosa, pero el resultado en ambos casos fue el mismo: ni ganaron ni dimitieron. En ambos casos quedaron por detrás de la fuerza ganadora (PP/Foro) y por detrás del PSOE. Como era de esperar, el PSOE jugó el triunfo que reserva siempre para estos casos: o nosotros, o el caos (la derecha); o con nosotros, o con el caos (la derecha); o gobierna el PSOE, o es que hay pinza (con el PP; de hacer pinza con Ciudadanos nadie ha dicho aún una palabra).

Xixón Sí Puede hizo, en su momento, lo que debía hacer. Lo hizo mal, cierto, con una consulta torpemente organizada, una política de comunicación chapucera y una soberbia digna de mejor causa, pero lo hizo. Podemos no lo hizo ni mal ni bien: ni en Asturies, tras las elecciones autonómicas, donde no hubo consulta alguna, ni en España, tras las legislativas, donde tampoco; en ambos casos se jugó a golpe de inspiración de la nomenklatura, con similares y desastrosos resultados. Similares en cuanto a los puntos obtenidos (ninguno) y desastrosos en cuanto a las formas, por las cuales Podemos quedó en evidencia como aspirante a matón de los billares y el PSOE demostró, una vez más, que los billares son suyos y que me vas a venir tú a mí con sonrisas del destino. Menudo es el PSOE para estas cosas.

Todos hemos conocido impostores. Los hay que hacen de ello un oficio, como los actores y casi todos los personajes públicos. Pero los hay, al mismo tiempo, solventes e insolventes. En Podemos hubo impostura el día que se decidió hacer como si el partido no hundiera sus raíces en la izquierda más extrema, con todo su legado moral y con toda una trayectoria de derrotas, impostando una altanería de casa grande como si sus dirigentes provinieran de largas y cruentas batallas coronadas por el éxito en lugar de proceder de las honradas profundidades de la UJCE e Izquierda Anticapitalista. Era lo que había que hacer, aunque algunos sobreactuaran (y siguen sobreactuando, sacudiendo sin rubor a todo aquel que huela a “izquierda perdedora”), y habría estado bien si hubiese resultado creíble. Pero ocurrió como cuando yo era un chaval y llegaba a los billares algún niño pijo disfrazado de quinqui: era cuestión de tiempo que el quinqui de verdad lo pusiera en su sitio.

El quinqui de nuestro cuento es el PSOE. Si tiene que arrojar a toda una ciudad y a sus propios concejales a los pies del PP, como hizo en Uviéu, lo hará. Está dispuesto a vencer o morir. Le importa un rábano aliarse con Ciudadanos y le importa otro rábano que Ciudadanos traicione su acuerdo a la primera de cambio, como hizo esta semana al votar en contra de la paralización de la LOMCE: entre quinquis, eso es lo esperable. Como también lo era que el niño pijo se llevara una buena paliza al haberse atrevido no solo a ponerse chulito con el más chungo del barrio sino a hacerlo sin tener con qué defenderse. Es entonces cuando te cogen entre cuatro, te sacan de los billares a hostias y te dejan en la acera cubierto de sangre y preguntándote cómo ocurrió.

Algo ha fallado en la poderosa máquina electoral que diseñara Íñigo Errejón, y no faltarán teorías de todo tipo: que si el fallo fue del maquinista, que si de los fogoneros, que si las vías estaban en mal estado o se había racaneado con las piezas, o simplemente que el chisme se quedó sin combustible cuando tocaba subir la cuesta más empinada. No importa gran cosa ahora mismo: el hecho es que, cuando uno diseña una herramienta y esta no funciona, lo más sensato que puede hacer es cambiarla por otra.

Podemos salió a surfear cuando empezaba a bajar la marea del 15M y logró pillar una gran ola en las elecciones europeas de 2014. Pero no supo mantenerse sobre la tabla y prefirió quedarse con los pies en remojo a la orilla del bipartidismo, aunque lo hiciera con un bañador con la cara de Gramsci estampada en el culo. Algunos dirán que no lo vieron venir y otros reconocerán que sí lo vieron pero prefirieron mirar a otro lado en aras de un bien mayor. Yo no sé si diré una cosa o la otra o las dos. Probablemente las dos, dependiendo del día.

Lo que sí sé es que dará igual lo que digan las bases el próximo 18 de abril, porque el resultado de esa consulta habrá que combinarlo con la habitual acidez de Pablo Iglesias, haya cal viva o no la haya. Y todos sabemos qué se obtiene cuando se mezclan ácidos con bases: sal más agua. Siempre podremos cocinar unos garbanzos y decir que son marisco.

[Artículo publicado en Asturias24.]

Teoría de conxuntos

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Pa según anda la lleonera últimamente, seique debiera empezar alvirtiendo al llector despistáu que, si usté votó o pensó en votar a Ciudadanos, o al PSOE, o al PP, ye fácil qu’esti artículu-y paeza mal, incluso que se sienta insultáu, agredíu, qué sé yo. Si ye asina, esti ye’l momentu de dexar de lleer: nun ye obligatorio, amás ta too escrito n’asturiano y ye poco probable qu’una llingua que nun val  pa la Xunta Xeneral del Principáu  pueda sirvir p’articular un solu pensamientu coherente. Si lo dexa equí, rabexín que s’aforra, y polo menos siempre va poder dicir qu’una vez vio una columna d’opinión con parental advisory.

Si, con too y con eso, sigue usté per equí y ye de los que votó o pensó en votar a Ciudadanos, créame si-y digo que pertenez usté a un colectivu que pa mi ye un misteriu. Les úniques persones que conozo y que me consta, poles sos declaraciones, que votaron al partíu de Rivera, formen parte d’un grupu de veceros colos que coincido dacuando en vez nuna cafetería de Xixón. Gasten un vocabulariu non mui diplomáticu pa colos xitanos, los inmigrantes, les muyeres de cualquier etnia y los sindicatos. Allá pel 2011 fixeron saber a tol que quixo, y al que non, qu’España solo lo arreglaba UPyD. En 2014, pa les elecciones europees, repartieron propaganda de Vox. Depués, como-y digo, fixéronse riveristes radicales. Nun me consta que dexaren de selo.

Creerá usté qu’esto ye una caricatura o un inventu y que lo que pretendo ye insultalu. Nun hai tal: esa xente esiste, y nun cuido que seya l’únicu grupu d’eses característiques que se pueda atopar na mio ciudá. Con too y con eso, tampoco creo que’l conxuntu de los votantes de Ciudadanos perteneza a esa categoría. Ún siempre tien un amigu que conoz a dalguién que conoz a otru, y afilvanando esa riestra de pistes llegué a la conclusión de que, d’una parte, hai votantes de Ciudadanos mui apegaos al franquismu ideolóxicu y al franquismu sociolóxicu, cierto, pero tamién munchos otros que, por edá o simplemente por coherencia histórica, arrenieguen de la historia del fascismu español ensin dexar de ser nacionalistes españoles. Creo tamién que, d’otra parte, munchos votantes de Ciudadanos tienen ciertos rasgos en común con munchos votantes del PSOE, incluso dellos pasaron d’una adhesión a otra ensin cortase por demás: xente que cree nel progresu, na fin de les ideoloxíes, na necesidá d’endelgazar l’Estáu, empezando peles comunidaes autónomes, y persuadíos de que ye menester acabar cola corrupción institucional y coles redes clientelares. Un mosaicu dalgo más complexu que lo qu’ún pudiera deducir de lo qu’espatuxen cuatro babayos nuna cafetería.

¿Tovía ta usté ehí? Chócame muncho. ¿O igual ye que nun votó usté a Ciudadanos, nin se-y pasó pela cabeza facer cosa tal, y ta esperando a que yo calle un poco pa declarase votante del PSOE y sí, un poco indignáu pol rumbu que ta garrando esti testu, pero muncho más indignáu énte un previsible pautu del PSOE col partíu naranxa qu’escribe fino? Eso ye porque nun pertenez usté a esi conxuntu intersección ente’l conxuntu de votantes socialistes y el conxuntu de votantes riveristes. Ye de la esistencia d’esi conxuntu intersección d’onde se pue deducir qu’un pautu d’investidura ente Sánchez y Rivera nun ye nenguna quimera. Pero claro, tamién tán ustedes, y pudiera dicise que fundamentalmente tán ustedes, los que por muncho que-y pese al aparatu del PSOE siguen sintiéndose d’esquierdes y ven esi pautu como dalgo antinatural y destinao al fracasu. Ehí opinen ustedes paecío a la otra metá de los votantes de Ciudadanos, los que consideren inalmisible un pautu con un partíu al que faen responsable de siete años de marafundiu: lliberales más o menos conscientes de selo y/o beneficiarios de les polítiques privatizadores de la era Aznar.

¿Ye usté, entós, esi socialista de corazón al qu’apellaba Pablo Iglesias na última campaña electoral? ¿Diba ver bien un gobiernu de coalición del PSOE con Podemos? Difícil me paez: l’antipatía qu’espierta Podemos ente los votantes socialistes ye solo comparable a la qu’espierta’l PSOE ente los siguidores d’Iglesias. Sicasí, hai bien de probabilidaes de que seya usté un individuu razonable, y pa con ello un socialista razonable, y tenga perfectamente asumío que, si Pedro Sánchez nun llega a la presidencia, los díes del PSOE tán contaos. Si nun m’abandonó a estes altures, seique convenga conmigo en que nes últimes elecciones, mayoritariamente, n’España votóse siguiendo les típiques instrucciones d’un monitor d’autoescuela: poniendo l’intermitente a la esquierda pero con cuidao. Unes elecciones nueves nun van alterar sustancialmente’l panorama. Solo van sirvir pa que tarde más tiempu n’abordase con xacíu la cuestión catalana, lo que nun ye bueno pa naide, solo pa la derecha más irresponsable que buscará aprovechar la tensión pa vender los sos cromos de Roberto Alcázar y Pedrín.

Pue ser qu’a usté-y preocupe, como a tantos votantes del PSOE, que si dexen entrar a Podemos nel gobiernu entren con ellos el 15M y l’anticapitalismu radical. Ye un riesgu que tendrá que correr: el mesmu qu’asumieron y asumen esos anticapitalistes que tanto tarrez y que yá ven venir que les sos aspiraciones van durar hasta los idus de marzu o, nel meyor de los casos, hasta les rebaxes de primavera. Tanto usté como ellos van tener que confiar en que nin Sánchez nin Iglesias van portase como dos sinvergüences. Muncha suerte con eso.