Cambio de hora

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No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo

El cielo puede esperar

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Supongo que soy de esos izquierdistas trasnochados que piensan que al PSOE, ni agua. Oigo PSOE y automáticamente pienso en el GAL, en la OTAN, en la reconversión industrial, en la Ley Corcuera, en la reforma del 135 CE, en la Ley de Partidos, en los insumisos presos, en los sindicalistas presos, en las puertas giratorias, en la religión en las escuelas, en la sumisión a la monarquía, y todo eso sin necesidad de prestar atención a Felipe González en su ultimísima faceta de capo di tutti capi. Lo confieso: yo soy el que aplaudió cuando Pablo Iglesias dijo aquello de la cal viva. Lo hice: aplaudí mentalmente y acto seguido me mandé a mí mismo al rincón de pensar. Continuar leyendo

Ecualízame esto

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Les elecciones que vienen van ser, según dicen, les definitives. Nun s’especifica en qué sentíu van ser definitives, pero caún supón el d’él y, de xuru, acertará. Na intimidá de les sos moliciones, Rajoy verá pasar tola so vida política per delantre, probablemente’l biopic más aburríu de ver si nun ye ún el protagonista, y sentirá, seique, que pue xugar una prórroga y, con un poco de suerte y otro poco d’abstención, nun pasar a penaltis. Pa Pedro Sánchez y Albert Rivera ye, a priori, una mala noticia, porque van tener que pasar fuera de la caxa más tiempu del previstu y eso a nengún xuguete-y sienta bien, cuantimás si la so finalidá ye facer guapo nel armariu d’un coleccionista. IU y Podemos, bien, en xeneral. La familia bien tamién. El tiempu, regular. Continuar leyendo

Retratu de grupu en bancu d’acusaos

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Hai un fechu diferencial asturianu. Resulta qu’en tol reinu d’España la pallabra “marea” suena a reivindicación social, ye parte de la sutura política con que se pensó estos últimos años la crisis del réxime, mientres qu’equí tien visos de vergüenza, o más bien ye síntoma y consecuencia de la sinvergonzonería política y empresarial que nos gobierna dende tiempos non necesariamente meyores. “Marea” soldóse d’una vez pa siempre con “casu” y, na memoria d’estos años, la nuestra indignación nun va ser causa de nenguna marea nin verde nin blanca nin de nengún otru color sinón efectu xudicial d’un empoderamientu más básicu y tradicional, a saber, el de les elites y los sos mercenarios funcionariales. Continuar leyendo

El candidato independiente

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Va cogiendo cuerpo la propuesta de investir presidente del gobierno a un “candidato independiente”. Hace unos meses, cuando se planteó este mismo asunto, hubo quien objetó falta de tradición histórica, hostilidad natural de los españoles a aceptar que les gobierne alguien a quien no hayan votado, y todo esto se dijo sin rubor alguno, como si ni los monarcas ni los dictadores formasen parte de esa misma tradición histórica. Por supuesto que nadie quería referirse a una historia tan histórica, sino tan solo a la más reciente y democrática; por eso es tanto más extraño que no se haya invocado el ejemplo de nuestros vecinos europeos, que siempre tienen la democracia más larga y no se cortan un pelo a la hora de ungir a cualquier espadón postmoderno, con la única condición de que se deje llamar “tecnócrata”. Por lo demás, ese temor a una reacción furibunda, incluso violenta, de la plebe, estaría justificado si hasta ahora se hubiese al menos emplumado a alguno de los muchos políticos corruptos de los que desfilan a diario camino del juzgado (o del senado), pero en vista de la impasibilidad y la paciencia que estamos mostrando, y teniendo en cuenta la contumacia con la que tantos millones de ciudadanos siguen depositando su confianza y su voto en partidos no solo salpicados sino anegados por la corrupción sistémica, a nadie le extrañaría que saliéramos en masa a aplaudir a ese supuesto independiente si de veras lo parece. Continuar leyendo

Volver a empezar

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Ni gobierno a la valenciana ni pacto a la portuguesa. Salvo sorpresas de última hora, volveremos a votar dentro de unos meses. El gobierno en funciones seguirá en funciones hasta que se hayan abierto las urnas o peor aún, hasta que se hayan abierto los cielos, pues todavía nos quedará por delante otro largo y agónico proceso de investidura. Podremos darnos con un canto en los dientes si conseguimos desalojar a Rajoy de la Moncloa antes de octubre. De las iniciativas legislativas en curso, mejor ni hablamos.

Ese es al menos el panorama más verosímil después de que Podemos y el PSOE dieran por rotas las negociaciones para formar gobierno. Podemos ha anunciado que consultará a “las bases”. La consulta será, suponemos, un prodigio más de democracia interna, de esos que tanto abundan en los últimos meses. En la ciudad donde vivo, y aun fuera de ella, no ha faltado quien ha querido establecer comparaciones con la consulta por la que Xixón Sí Puede decidió no apoyar al candidato socialista a la alcaldía, pero, al margen de lo que cada uno quiera tener en el gobierno, lo cierto es que hay una gran diferencia entre un proceso y otro: así, los concejales de Xixón Sí Puede se comprometieron a acatar lo que se decidiera en aquella consulta, mientras que el grupo parlamentario de Podemos en las cortes españolas decidirá por su cuenta y riesgo el sentido de su voto, con independencia de lo que digan las bases.

Donde sí hay semejanzas es en que ambas consultas rubrican sendos fracasos. Tanto Podemos como Xixón Sí Puede, cada uno en su escala, tenían su razón de ser en el éxito electoral. No había plan B: se trataba de ser, como ya dije una vez, o César o nada. El candidato de Podemos llegó a decir que, si no ganaba, “igual se iba”. El de Xixón Sí Puede nunca dijo tal cosa, pero el resultado en ambos casos fue el mismo: ni ganaron ni dimitieron. En ambos casos quedaron por detrás de la fuerza ganadora (PP/Foro) y por detrás del PSOE. Como era de esperar, el PSOE jugó el triunfo que reserva siempre para estos casos: o nosotros, o el caos (la derecha); o con nosotros, o con el caos (la derecha); o gobierna el PSOE, o es que hay pinza (con el PP; de hacer pinza con Ciudadanos nadie ha dicho aún una palabra).

Xixón Sí Puede hizo, en su momento, lo que debía hacer. Lo hizo mal, cierto, con una consulta torpemente organizada, una política de comunicación chapucera y una soberbia digna de mejor causa, pero lo hizo. Podemos no lo hizo ni mal ni bien: ni en Asturies, tras las elecciones autonómicas, donde no hubo consulta alguna, ni en España, tras las legislativas, donde tampoco; en ambos casos se jugó a golpe de inspiración de la nomenklatura, con similares y desastrosos resultados. Similares en cuanto a los puntos obtenidos (ninguno) y desastrosos en cuanto a las formas, por las cuales Podemos quedó en evidencia como aspirante a matón de los billares y el PSOE demostró, una vez más, que los billares son suyos y que me vas a venir tú a mí con sonrisas del destino. Menudo es el PSOE para estas cosas.

Todos hemos conocido impostores. Los hay que hacen de ello un oficio, como los actores y casi todos los personajes públicos. Pero los hay, al mismo tiempo, solventes e insolventes. En Podemos hubo impostura el día que se decidió hacer como si el partido no hundiera sus raíces en la izquierda más extrema, con todo su legado moral y con toda una trayectoria de derrotas, impostando una altanería de casa grande como si sus dirigentes provinieran de largas y cruentas batallas coronadas por el éxito en lugar de proceder de las honradas profundidades de la UJCE e Izquierda Anticapitalista. Era lo que había que hacer, aunque algunos sobreactuaran (y siguen sobreactuando, sacudiendo sin rubor a todo aquel que huela a “izquierda perdedora”), y habría estado bien si hubiese resultado creíble. Pero ocurrió como cuando yo era un chaval y llegaba a los billares algún niño pijo disfrazado de quinqui: era cuestión de tiempo que el quinqui de verdad lo pusiera en su sitio.

El quinqui de nuestro cuento es el PSOE. Si tiene que arrojar a toda una ciudad y a sus propios concejales a los pies del PP, como hizo en Uviéu, lo hará. Está dispuesto a vencer o morir. Le importa un rábano aliarse con Ciudadanos y le importa otro rábano que Ciudadanos traicione su acuerdo a la primera de cambio, como hizo esta semana al votar en contra de la paralización de la LOMCE: entre quinquis, eso es lo esperable. Como también lo era que el niño pijo se llevara una buena paliza al haberse atrevido no solo a ponerse chulito con el más chungo del barrio sino a hacerlo sin tener con qué defenderse. Es entonces cuando te cogen entre cuatro, te sacan de los billares a hostias y te dejan en la acera cubierto de sangre y preguntándote cómo ocurrió.

Algo ha fallado en la poderosa máquina electoral que diseñara Íñigo Errejón, y no faltarán teorías de todo tipo: que si el fallo fue del maquinista, que si de los fogoneros, que si las vías estaban en mal estado o se había racaneado con las piezas, o simplemente que el chisme se quedó sin combustible cuando tocaba subir la cuesta más empinada. No importa gran cosa ahora mismo: el hecho es que, cuando uno diseña una herramienta y esta no funciona, lo más sensato que puede hacer es cambiarla por otra.

Podemos salió a surfear cuando empezaba a bajar la marea del 15M y logró pillar una gran ola en las elecciones europeas de 2014. Pero no supo mantenerse sobre la tabla y prefirió quedarse con los pies en remojo a la orilla del bipartidismo, aunque lo hiciera con un bañador con la cara de Gramsci estampada en el culo. Algunos dirán que no lo vieron venir y otros reconocerán que sí lo vieron pero prefirieron mirar a otro lado en aras de un bien mayor. Yo no sé si diré una cosa o la otra o las dos. Probablemente las dos, dependiendo del día.

Lo que sí sé es que dará igual lo que digan las bases el próximo 18 de abril, porque el resultado de esa consulta habrá que combinarlo con la habitual acidez de Pablo Iglesias, haya cal viva o no la haya. Y todos sabemos qué se obtiene cuando se mezclan ácidos con bases: sal más agua. Siempre podremos cocinar unos garbanzos y decir que son marisco.

[Artículo publicado en Asturias24.]

Esllendor y escayencia d’Izquierda Xunida

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Agora que ta de moda referise a les dos almes de Podemos, nun ye mal momentu pa discutir de les dos almes d’Izquierda Xunida: ye una discusión más granible, de la que podemos deprender muncho más que de la otra, una y bones en Podemos, hasta onde yo sé, nun hai dos almes, hai munches más. Ello ye que, cuando nel futuru escribamos la historia primitiva de Podemos, va ser difícil simplificar hasta’l puntu de someter toles posiciones en xuegu dientro d’una tipoloxía binaria, mientres que con Izquierda Xunida, seique pola perspectiva que dan los años y el dexar atrás la historia primitiva, sí que ye dable facelo. Y ye útil por dos razones: de mano porque, por muncho qu’Izquierda Xunida nun tea anguaño na meyor de les situaciones, ye posible, nostante, que se recupere; y depués porque, a poco que pongamos el focu na xenealoxía común de munchos componentes de Podemos y d’Izquierda Xunida, tolo que se diga d’esta última formación va tener una traducción verosímil pal casu de la primera.

Non siempre de manera esplícita, incluso a veces negándolo con más pasión qu’aciertu, Izquierda Xunida naz de la constatación del fracasu del PC de Carrillo. Naz asina, cierto, pero col PC reclamando y exerciendo una posición de fuerza dientro d’una formación que se proclamaba plural y autónoma. Munchos tics que tovía pesen n’Izquierda Xunida provienen d’esi momentu fundacional, del numantinismu del PC, mui dau a identificar la so propia supervivencia cola del comunismu internacional, mui dau tamién a resolver les fractures internes aplicando’l manual de la clandestinidá, como si fuera posible al mesmu tiempu reconocer el fracasu de Carrillo y mostrar con arguyu una historia ensin fracasu nengún. Ehí ta en parte la clave de que nos primeros diez años de navegación d’Izquierda Xunida (más o menos la fase Gerardo Iglesias) el pesu na construcción de discursu políticu lu llevara’l movimientu sindical, y que como consecuencia d’esto s’asumiera’l marcu institucional impuestu pol partíu del gobiernu, el PSOE. Tantes veces se diz eso de “la muleta del PSOE” que s’escaez, inoportunamente, qu’esa muleta valía tanto p’apoyase nella como pa sascudir. Nun ye nada d’estrañar qu’estos díes, contemplando’l lentu coitus interruptus de Podemos col PSOE, munchos nos alcordemos d’aquella versión beta d’Izquierda Xunida, sacante qu’onde daquella había cuadros del sindicalismu, hai güei militantes del 15M y les marees.

Lo qu’aquella primer Izquierda Xunida soterró en beneficiu d’un papel subordináu al PSOE, ello ye, un modelu nuevu de sociedá, una alternativa al capitalismu avanzáu y a los roles residuales de la izquierda dientro d’esti, nun remaneció tampoco cuando llegaron los tiempos d’Anguita y el sorpasso. Tengo que reconocer que, nin daquella nin muncho menos nos últimos tiempos, nunca fui quien a columbrar les presuntes virtúes polítiques, estratéxiques y retóriques de Julio Anguita, un personax al que lo único que-y puedo reconocer ye la valentía d’asumir que n’España nun va haber una alternativa global d’izquierda mientres el PSOE siga esistiendo o, a lo menos, mientres el PSOE siga teniendo la hexemonía. Pa tolo demás, Anguita representa n’Izquierda Xunida la esibición d’un modelu de xerencia fundáu nel carisma, desconectáu del sindicalismu y de los movimientos sociales, y ancláu na acción coyuntural. Compárese la so denuncia de la “Europa de los mercaderes” cola que pueda exercer Pablo Iglesias de la UE actual: siempre la contradicción de primer planu, pero nunca la contradicción fundamental, que diría un maoísta (lo que nun quita, naturalmente, qu’esa denuncia siga siendo acertada).

El post-anguitismu n’Izquierda Xunida ye la historia médica d’una agonía con esteroides: disputes internes que nun yeren de dos modelos políticos sinón alpenes de dos modelos estratéxicos pero que teníen tamién la so llectura en clave moral, y nun dexa de tener encantu esa combinatoria interna pola que, cuanto más s’aporfiaba nos valores de la izquierda, más s’exercía internamente la cooptación y el mandarinismu, mientres que los momentos de mayor tibieza política solíen ser tamién los de mayor tresparencia y fair play.

Carrillo fracasó (y reconoció’l so fracasu) al querer competir col PSOE nel terrén del PSOE, y otro tanto-y pasó a Anguita (que nunca lo reconoció) venti años más tarde. Les fases intermedies tuvieron siempre presidíes pola indefinición táctica y la displicencia política, un poco a la manera de Refundazione Comunista n’Italia, pero con menos convulsiones (y tocando menos poder, too hai que lo dicir). Siempre que n’Izquierda Xunida se faló de refundase, de reinventase, saltaron les alarmes de los guardianes de les esencies, pero cada vez qu’estos llevaron la voz cantante y anularon el debate internu, la consecuencia foi la d’entregase al PSOE con tanta alegría como intransixencia, tratando de vendíos a tolos demás. La escayencia electoral solo fixo qu’acentuar y diversificar eses posiciones, hasta’l puntu de volveles irreconocibles na Izquierda Xunida de güei. Lo que separa a Cayo Lara d’Alberto Garzón ye esactamente lo mesmo que separa a esti de Gaspar Llamazares: la entropía del sistema. Por supuesto que les engarradielles internes pol control de la organización son una variable a tener mui en cuenta pa facer un diagnósticu precisu, pero nun lo ye menos l’alternancia, dientro de caún de los grupos en conflictu, d’eses dos almes, la estetizante y la moralizante, la del sorpasso y la de la resistencia, la de la muleta pa sascudir y la de la muleta pa sofitar. Y otro tanto pudiera pasar con Podemos, a poco que los años pongan orde nel caos primitivu.