Cambio de hora

No tengo el día. Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno español, ya no en funciones, aunque eso qué más da, si después de todo su prioridad más inmediata es irse de puente. El PSOE, aquel partido que cacareaba hace unos meses su insobornable identidad de izquierdas frente a la indefinición de Podemos, ha entregado a Rajoy no solo el gobierno de España sino también la cabeza de su propio secretario general y aspirante a presidente y, de regalo, una profesión de inconstitucionalidad en la persona de Adriana Lastra, quien ha afirmado abstenerse “por imperativo”. Y encima nos cambian la hora. Quién necesita Halloween. Continuar leyendo “Cambio de hora”

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El cielo puede esperar

Supongo que soy de esos izquierdistas trasnochados que piensan que al PSOE, ni agua. Oigo PSOE y automáticamente pienso en el GAL, en la OTAN, en la reconversión industrial, en la Ley Corcuera, en la reforma del 135 CE, en la Ley de Partidos, en los insumisos presos, en los sindicalistas presos, en las puertas giratorias, en la religión en las escuelas, en la sumisión a la monarquía, y todo eso sin necesidad de prestar atención a Felipe González en su ultimísima faceta de capo di tutti capi. Lo confieso: yo soy el que aplaudió cuando Pablo Iglesias dijo aquello de la cal viva. Lo hice: aplaudí mentalmente y acto seguido me mandé a mí mismo al rincón de pensar. Continuar leyendo “El cielo puede esperar”

Ecualízame esto

Les elecciones que vienen van ser, según dicen, les definitives. Nun s’especifica en qué sentíu van ser definitives, pero caún supón el d’él y, de xuru, acertará. Na intimidá de les sos moliciones, Rajoy verá pasar tola so vida política per delantre, probablemente’l biopic más aburríu de ver si nun ye ún el protagonista, y sentirá, seique, que pue xugar una prórroga y, con un poco de suerte y otro poco d’abstención, nun pasar a penaltis. Pa Pedro Sánchez y Albert Rivera ye, a priori, una mala noticia, porque van tener que pasar fuera de la caxa más tiempu del previstu y eso a nengún xuguete-y sienta bien, cuantimás si la so finalidá ye facer guapo nel armariu d’un coleccionista. IU y Podemos, bien, en xeneral. La familia bien tamién. El tiempu, regular. Continuar leyendo “Ecualízame esto”

Retratu de grupu en bancu d’acusaos

Hai un fechu diferencial asturianu. Resulta qu’en tol reinu d’España la pallabra “marea” suena a reivindicación social, ye parte de la sutura política con que se pensó estos últimos años la crisis del réxime, mientres qu’equí tien visos de vergüenza, o más bien ye síntoma y consecuencia de la sinvergonzonería política y empresarial que nos gobierna dende tiempos non necesariamente meyores. “Marea” soldóse d’una vez pa siempre con “casu” y, na memoria d’estos años, la nuestra indignación nun va ser causa de nenguna marea nin verde nin blanca nin de nengún otru color sinón efectu xudicial d’un empoderamientu más básicu y tradicional, a saber, el de les elites y los sos mercenarios funcionariales. Continuar leyendo “Retratu de grupu en bancu d’acusaos”

El candidato independiente

Va cogiendo cuerpo la propuesta de investir presidente del gobierno a un “candidato independiente”. Hace unos meses, cuando se planteó este mismo asunto, hubo quien objetó falta de tradición histórica, hostilidad natural de los españoles a aceptar que les gobierne alguien a quien no hayan votado, y todo esto se dijo sin rubor alguno, como si ni los monarcas ni los dictadores formasen parte de esa misma tradición histórica. Por supuesto que nadie quería referirse a una historia tan histórica, sino tan solo a la más reciente y democrática; por eso es tanto más extraño que no se haya invocado el ejemplo de nuestros vecinos europeos, que siempre tienen la democracia más larga y no se cortan un pelo a la hora de ungir a cualquier espadón postmoderno, con la única condición de que se deje llamar “tecnócrata”. Por lo demás, ese temor a una reacción furibunda, incluso violenta, de la plebe, estaría justificado si hasta ahora se hubiese al menos emplumado a alguno de los muchos políticos corruptos de los que desfilan a diario camino del juzgado (o del senado), pero en vista de la impasibilidad y la paciencia que estamos mostrando, y teniendo en cuenta la contumacia con la que tantos millones de ciudadanos siguen depositando su confianza y su voto en partidos no solo salpicados sino anegados por la corrupción sistémica, a nadie le extrañaría que saliéramos en masa a aplaudir a ese supuesto independiente si de veras lo parece. Continuar leyendo “El candidato independiente”

Volver a empezar

Ni gobierno a la valenciana ni pacto a la portuguesa. Salvo sorpresas de última hora, volveremos a votar dentro de unos meses. El gobierno en funciones seguirá en funciones hasta que se hayan abierto las urnas o peor aún, hasta que se hayan abierto los cielos, pues todavía nos quedará por delante otro largo y agónico proceso de investidura. Podremos darnos con un canto en los dientes si conseguimos desalojar a Rajoy de la Moncloa antes de octubre. De las iniciativas legislativas en curso, mejor ni hablamos.

Ese es al menos el panorama más verosímil después de que Podemos y el PSOE dieran por rotas las negociaciones para formar gobierno. Podemos ha anunciado que consultará a “las bases”. La consulta será, suponemos, un prodigio más de democracia interna, de esos que tanto abundan en los últimos meses. En la ciudad donde vivo, y aun fuera de ella, no ha faltado quien ha querido establecer comparaciones con la consulta por la que Xixón Sí Puede decidió no apoyar al candidato socialista a la alcaldía, pero, al margen de lo que cada uno quiera tener en el gobierno, lo cierto es que hay una gran diferencia entre un proceso y otro: así, los concejales de Xixón Sí Puede se comprometieron a acatar lo que se decidiera en aquella consulta, mientras que el grupo parlamentario de Podemos en las cortes españolas decidirá por su cuenta y riesgo el sentido de su voto, con independencia de lo que digan las bases.

Donde sí hay semejanzas es en que ambas consultas rubrican sendos fracasos. Tanto Podemos como Xixón Sí Puede, cada uno en su escala, tenían su razón de ser en el éxito electoral. No había plan B: se trataba de ser, como ya dije una vez, o César o nada. El candidato de Podemos llegó a decir que, si no ganaba, “igual se iba”. El de Xixón Sí Puede nunca dijo tal cosa, pero el resultado en ambos casos fue el mismo: ni ganaron ni dimitieron. En ambos casos quedaron por detrás de la fuerza ganadora (PP/Foro) y por detrás del PSOE. Como era de esperar, el PSOE jugó el triunfo que reserva siempre para estos casos: o nosotros, o el caos (la derecha); o con nosotros, o con el caos (la derecha); o gobierna el PSOE, o es que hay pinza (con el PP; de hacer pinza con Ciudadanos nadie ha dicho aún una palabra).

Xixón Sí Puede hizo, en su momento, lo que debía hacer. Lo hizo mal, cierto, con una consulta torpemente organizada, una política de comunicación chapucera y una soberbia digna de mejor causa, pero lo hizo. Podemos no lo hizo ni mal ni bien: ni en Asturies, tras las elecciones autonómicas, donde no hubo consulta alguna, ni en España, tras las legislativas, donde tampoco; en ambos casos se jugó a golpe de inspiración de la nomenklatura, con similares y desastrosos resultados. Similares en cuanto a los puntos obtenidos (ninguno) y desastrosos en cuanto a las formas, por las cuales Podemos quedó en evidencia como aspirante a matón de los billares y el PSOE demostró, una vez más, que los billares son suyos y que me vas a venir tú a mí con sonrisas del destino. Menudo es el PSOE para estas cosas.

Todos hemos conocido impostores. Los hay que hacen de ello un oficio, como los actores y casi todos los personajes públicos. Pero los hay, al mismo tiempo, solventes e insolventes. En Podemos hubo impostura el día que se decidió hacer como si el partido no hundiera sus raíces en la izquierda más extrema, con todo su legado moral y con toda una trayectoria de derrotas, impostando una altanería de casa grande como si sus dirigentes provinieran de largas y cruentas batallas coronadas por el éxito en lugar de proceder de las honradas profundidades de la UJCE e Izquierda Anticapitalista. Era lo que había que hacer, aunque algunos sobreactuaran (y siguen sobreactuando, sacudiendo sin rubor a todo aquel que huela a “izquierda perdedora”), y habría estado bien si hubiese resultado creíble. Pero ocurrió como cuando yo era un chaval y llegaba a los billares algún niño pijo disfrazado de quinqui: era cuestión de tiempo que el quinqui de verdad lo pusiera en su sitio.

El quinqui de nuestro cuento es el PSOE. Si tiene que arrojar a toda una ciudad y a sus propios concejales a los pies del PP, como hizo en Uviéu, lo hará. Está dispuesto a vencer o morir. Le importa un rábano aliarse con Ciudadanos y le importa otro rábano que Ciudadanos traicione su acuerdo a la primera de cambio, como hizo esta semana al votar en contra de la paralización de la LOMCE: entre quinquis, eso es lo esperable. Como también lo era que el niño pijo se llevara una buena paliza al haberse atrevido no solo a ponerse chulito con el más chungo del barrio sino a hacerlo sin tener con qué defenderse. Es entonces cuando te cogen entre cuatro, te sacan de los billares a hostias y te dejan en la acera cubierto de sangre y preguntándote cómo ocurrió.

Algo ha fallado en la poderosa máquina electoral que diseñara Íñigo Errejón, y no faltarán teorías de todo tipo: que si el fallo fue del maquinista, que si de los fogoneros, que si las vías estaban en mal estado o se había racaneado con las piezas, o simplemente que el chisme se quedó sin combustible cuando tocaba subir la cuesta más empinada. No importa gran cosa ahora mismo: el hecho es que, cuando uno diseña una herramienta y esta no funciona, lo más sensato que puede hacer es cambiarla por otra.

Podemos salió a surfear cuando empezaba a bajar la marea del 15M y logró pillar una gran ola en las elecciones europeas de 2014. Pero no supo mantenerse sobre la tabla y prefirió quedarse con los pies en remojo a la orilla del bipartidismo, aunque lo hiciera con un bañador con la cara de Gramsci estampada en el culo. Algunos dirán que no lo vieron venir y otros reconocerán que sí lo vieron pero prefirieron mirar a otro lado en aras de un bien mayor. Yo no sé si diré una cosa o la otra o las dos. Probablemente las dos, dependiendo del día.

Lo que sí sé es que dará igual lo que digan las bases el próximo 18 de abril, porque el resultado de esa consulta habrá que combinarlo con la habitual acidez de Pablo Iglesias, haya cal viva o no la haya. Y todos sabemos qué se obtiene cuando se mezclan ácidos con bases: sal más agua. Siempre podremos cocinar unos garbanzos y decir que son marisco.

[Artículo publicado en Asturias24.]

Esllendor y escayencia d’Izquierda Xunida

Agora que ta de moda referise a les dos almes de Podemos, nun ye mal momentu pa discutir de les dos almes d’Izquierda Xunida: ye una discusión más granible, de la que podemos deprender muncho más que de la otra, una y bones en Podemos, hasta onde yo sé, nun hai dos almes, hai munches más. Ello ye que, cuando nel futuru escribamos la historia primitiva de Podemos, va ser difícil simplificar hasta’l puntu de someter toles posiciones en xuegu dientro d’una tipoloxía binaria, mientres que con Izquierda Xunida, seique pola perspectiva que dan los años y el dexar atrás la historia primitiva, sí que ye dable facelo. Y ye útil por dos razones: de mano porque, por muncho qu’Izquierda Xunida nun tea anguaño na meyor de les situaciones, ye posible, nostante, que se recupere; y depués porque, a poco que pongamos el focu na xenealoxía común de munchos componentes de Podemos y d’Izquierda Xunida, tolo que se diga d’esta última formación va tener una traducción verosímil pal casu de la primera.

Non siempre de manera esplícita, incluso a veces negándolo con más pasión qu’aciertu, Izquierda Xunida naz de la constatación del fracasu del PC de Carrillo. Naz asina, cierto, pero col PC reclamando y exerciendo una posición de fuerza dientro d’una formación que se proclamaba plural y autónoma. Munchos tics que tovía pesen n’Izquierda Xunida provienen d’esi momentu fundacional, del numantinismu del PC, mui dau a identificar la so propia supervivencia cola del comunismu internacional, mui dau tamién a resolver les fractures internes aplicando’l manual de la clandestinidá, como si fuera posible al mesmu tiempu reconocer el fracasu de Carrillo y mostrar con arguyu una historia ensin fracasu nengún. Ehí ta en parte la clave de que nos primeros diez años de navegación d’Izquierda Xunida (más o menos la fase Gerardo Iglesias) el pesu na construcción de discursu políticu lu llevara’l movimientu sindical, y que como consecuencia d’esto s’asumiera’l marcu institucional impuestu pol partíu del gobiernu, el PSOE. Tantes veces se diz eso de “la muleta del PSOE” que s’escaez, inoportunamente, qu’esa muleta valía tanto p’apoyase nella como pa sascudir. Nun ye nada d’estrañar qu’estos díes, contemplando’l lentu coitus interruptus de Podemos col PSOE, munchos nos alcordemos d’aquella versión beta d’Izquierda Xunida, sacante qu’onde daquella había cuadros del sindicalismu, hai güei militantes del 15M y les marees.

Lo qu’aquella primer Izquierda Xunida soterró en beneficiu d’un papel subordináu al PSOE, ello ye, un modelu nuevu de sociedá, una alternativa al capitalismu avanzáu y a los roles residuales de la izquierda dientro d’esti, nun remaneció tampoco cuando llegaron los tiempos d’Anguita y el sorpasso. Tengo que reconocer que, nin daquella nin muncho menos nos últimos tiempos, nunca fui quien a columbrar les presuntes virtúes polítiques, estratéxiques y retóriques de Julio Anguita, un personax al que lo único que-y puedo reconocer ye la valentía d’asumir que n’España nun va haber una alternativa global d’izquierda mientres el PSOE siga esistiendo o, a lo menos, mientres el PSOE siga teniendo la hexemonía. Pa tolo demás, Anguita representa n’Izquierda Xunida la esibición d’un modelu de xerencia fundáu nel carisma, desconectáu del sindicalismu y de los movimientos sociales, y ancláu na acción coyuntural. Compárese la so denuncia de la “Europa de los mercaderes” cola que pueda exercer Pablo Iglesias de la UE actual: siempre la contradicción de primer planu, pero nunca la contradicción fundamental, que diría un maoísta (lo que nun quita, naturalmente, qu’esa denuncia siga siendo acertada).

El post-anguitismu n’Izquierda Xunida ye la historia médica d’una agonía con esteroides: disputes internes que nun yeren de dos modelos políticos sinón alpenes de dos modelos estratéxicos pero que teníen tamién la so llectura en clave moral, y nun dexa de tener encantu esa combinatoria interna pola que, cuanto más s’aporfiaba nos valores de la izquierda, más s’exercía internamente la cooptación y el mandarinismu, mientres que los momentos de mayor tibieza política solíen ser tamién los de mayor tresparencia y fair play.

Carrillo fracasó (y reconoció’l so fracasu) al querer competir col PSOE nel terrén del PSOE, y otro tanto-y pasó a Anguita (que nunca lo reconoció) venti años más tarde. Les fases intermedies tuvieron siempre presidíes pola indefinición táctica y la displicencia política, un poco a la manera de Refundazione Comunista n’Italia, pero con menos convulsiones (y tocando menos poder, too hai que lo dicir). Siempre que n’Izquierda Xunida se faló de refundase, de reinventase, saltaron les alarmes de los guardianes de les esencies, pero cada vez qu’estos llevaron la voz cantante y anularon el debate internu, la consecuencia foi la d’entregase al PSOE con tanta alegría como intransixencia, tratando de vendíos a tolos demás. La escayencia electoral solo fixo qu’acentuar y diversificar eses posiciones, hasta’l puntu de volveles irreconocibles na Izquierda Xunida de güei. Lo que separa a Cayo Lara d’Alberto Garzón ye esactamente lo mesmo que separa a esti de Gaspar Llamazares: la entropía del sistema. Por supuesto que les engarradielles internes pol control de la organización son una variable a tener mui en cuenta pa facer un diagnósticu precisu, pero nun lo ye menos l’alternancia, dientro de caún de los grupos en conflictu, d’eses dos almes, la estetizante y la moralizante, la del sorpasso y la de la resistencia, la de la muleta pa sascudir y la de la muleta pa sofitar. Y otro tanto pudiera pasar con Podemos, a poco que los años pongan orde nel caos primitivu.

 

Teoría de conxuntos

Pa según anda la lleonera últimamente, seique debiera empezar alvirtiendo al llector despistáu que, si usté votó o pensó en votar a Ciudadanos, o al PSOE, o al PP, ye fácil qu’esti artículu-y paeza mal, incluso que se sienta insultáu, agredíu, qué sé yo. Si ye asina, esti ye’l momentu de dexar de lleer: nun ye obligatorio, amás ta too escrito n’asturiano y ye poco probable qu’una llingua que nun val  pa la Xunta Xeneral del Principáu  pueda sirvir p’articular un solu pensamientu coherente. Si lo dexa equí, rabexín que s’aforra, y polo menos siempre va poder dicir qu’una vez vio una columna d’opinión con parental advisory.

Si, con too y con eso, sigue usté per equí y ye de los que votó o pensó en votar a Ciudadanos, créame si-y digo que pertenez usté a un colectivu que pa mi ye un misteriu. Les úniques persones que conozo y que me consta, poles sos declaraciones, que votaron al partíu de Rivera, formen parte d’un grupu de veceros colos que coincido dacuando en vez nuna cafetería de Xixón. Gasten un vocabulariu non mui diplomáticu pa colos xitanos, los inmigrantes, les muyeres de cualquier etnia y los sindicatos. Allá pel 2011 fixeron saber a tol que quixo, y al que non, qu’España solo lo arreglaba UPyD. En 2014, pa les elecciones europees, repartieron propaganda de Vox. Depués, como-y digo, fixéronse riveristes radicales. Nun me consta que dexaren de selo.

Creerá usté qu’esto ye una caricatura o un inventu y que lo que pretendo ye insultalu. Nun hai tal: esa xente esiste, y nun cuido que seya l’únicu grupu d’eses característiques que se pueda atopar na mio ciudá. Con too y con eso, tampoco creo que’l conxuntu de los votantes de Ciudadanos perteneza a esa categoría. Ún siempre tien un amigu que conoz a dalguién que conoz a otru, y afilvanando esa riestra de pistes llegué a la conclusión de que, d’una parte, hai votantes de Ciudadanos mui apegaos al franquismu ideolóxicu y al franquismu sociolóxicu, cierto, pero tamién munchos otros que, por edá o simplemente por coherencia histórica, arrenieguen de la historia del fascismu español ensin dexar de ser nacionalistes españoles. Creo tamién que, d’otra parte, munchos votantes de Ciudadanos tienen ciertos rasgos en común con munchos votantes del PSOE, incluso dellos pasaron d’una adhesión a otra ensin cortase por demás: xente que cree nel progresu, na fin de les ideoloxíes, na necesidá d’endelgazar l’Estáu, empezando peles comunidaes autónomes, y persuadíos de que ye menester acabar cola corrupción institucional y coles redes clientelares. Un mosaicu dalgo más complexu que lo qu’ún pudiera deducir de lo qu’espatuxen cuatro babayos nuna cafetería.

¿Tovía ta usté ehí? Chócame muncho. ¿O igual ye que nun votó usté a Ciudadanos, nin se-y pasó pela cabeza facer cosa tal, y ta esperando a que yo calle un poco pa declarase votante del PSOE y sí, un poco indignáu pol rumbu que ta garrando esti testu, pero muncho más indignáu énte un previsible pautu del PSOE col partíu naranxa qu’escribe fino? Eso ye porque nun pertenez usté a esi conxuntu intersección ente’l conxuntu de votantes socialistes y el conxuntu de votantes riveristes. Ye de la esistencia d’esi conxuntu intersección d’onde se pue deducir qu’un pautu d’investidura ente Sánchez y Rivera nun ye nenguna quimera. Pero claro, tamién tán ustedes, y pudiera dicise que fundamentalmente tán ustedes, los que por muncho que-y pese al aparatu del PSOE siguen sintiéndose d’esquierdes y ven esi pautu como dalgo antinatural y destinao al fracasu. Ehí opinen ustedes paecío a la otra metá de los votantes de Ciudadanos, los que consideren inalmisible un pautu con un partíu al que faen responsable de siete años de marafundiu: lliberales más o menos conscientes de selo y/o beneficiarios de les polítiques privatizadores de la era Aznar.

¿Ye usté, entós, esi socialista de corazón al qu’apellaba Pablo Iglesias na última campaña electoral? ¿Diba ver bien un gobiernu de coalición del PSOE con Podemos? Difícil me paez: l’antipatía qu’espierta Podemos ente los votantes socialistes ye solo comparable a la qu’espierta’l PSOE ente los siguidores d’Iglesias. Sicasí, hai bien de probabilidaes de que seya usté un individuu razonable, y pa con ello un socialista razonable, y tenga perfectamente asumío que, si Pedro Sánchez nun llega a la presidencia, los díes del PSOE tán contaos. Si nun m’abandonó a estes altures, seique convenga conmigo en que nes últimes elecciones, mayoritariamente, n’España votóse siguiendo les típiques instrucciones d’un monitor d’autoescuela: poniendo l’intermitente a la esquierda pero con cuidao. Unes elecciones nueves nun van alterar sustancialmente’l panorama. Solo van sirvir pa que tarde más tiempu n’abordase con xacíu la cuestión catalana, lo que nun ye bueno pa naide, solo pa la derecha más irresponsable que buscará aprovechar la tensión pa vender los sos cromos de Roberto Alcázar y Pedrín.

Pue ser qu’a usté-y preocupe, como a tantos votantes del PSOE, que si dexen entrar a Podemos nel gobiernu entren con ellos el 15M y l’anticapitalismu radical. Ye un riesgu que tendrá que correr: el mesmu qu’asumieron y asumen esos anticapitalistes que tanto tarrez y que yá ven venir que les sos aspiraciones van durar hasta los idus de marzu o, nel meyor de los casos, hasta les rebaxes de primavera. Tanto usté como ellos van tener que confiar en que nin Sánchez nin Iglesias van portase como dos sinvergüences. Muncha suerte con eso.

La semana de los muertos vivientes

Los medios leales redescubren la política vintage. Para qué poner el foco en las últimas y muy calientes hazañas del PP, pudiendo abrir el baúl de los recuerdos, u-u-u, y sacar de él a nuestros queridos y nunca bien valorados Corcuera y Leguina, ya que a Felipe González, desde la última vez, nadie ha conseguido volver a meterlo dentro. A sus anchas se mueven estos espectros de política ficción, como vejetes con sus batallitas en ristre, pero no están aquí para eso, para recrear el pasado, sino para amplificar el futuro, para inventar un futuro a la altura de sus profecías y prevenirnos contra su propia capacidad profética. Empiezo a sentir lástima por Pedro Sánchez. Recórcholis: relean lo que acabo de escribir. ¿Lástima por Pedro Sánchez? ¿En qué estaría yo pensando?

Pensaba en Corcuera. Al que siempre, no sé por qué (o sí), he asociado con José Luis Coll, el humorista, representantes ambos de una modalidad de socalismo-felipismo caracterizada por el lenguaje soez, el habano en la boca, la copa de brandy y la pose jactanciosa de los hombres muy hombres. Carecían de pudor, igual que Felipe González. De hecho, fue el propio González quien puso de moda la exhibición pública del impudor como virtud política. Ética y estética del desencanto. Así se forjó el carisma del gran timonel de la democracia española. Así se lo implantaron: yo, al menos, no recuerdo que González trajera mucho carisma de serie, igual que tampoco José María Aznar era nada parecido a un líder carismático antes de ganar por los pelos del bigote las elecciones de 1996. El carisma, en la política española, es como el bótox: algo que se les inyecta a los ricos y famosos después de serlo, nunca antes.

Los avances científicos suelen producirse a fuerza de descartar entidades y sustancias de esas que lo explican todo cuando no se sabe explicar nada. El éter, el calórico, el flogisto, una tras otra todas esas invenciones fueron cayendo, abonando con sus cadáveres el desarrollo científico. Que a día de hoy sigamos acudiendo al carisma como explicación plausible para ciertos fenómenos sociales solo indica que las ciencias sociales dejan mucho que desear. Como ocurría con el flogisto, que tenía peso negativo, el carisma solo se percibe in absentia: no sabemos en qué consiste, solo somos capaces de reconocer que determinados individuos carecen por completo de él. A Pedro Sánchez le ocurre lo que a todos los presidentes españoles de Azaña (y aun así) en adelante: nadie le atribuye la condición de líder carismático. Se parece demasiado a demasiada gente y demasiado poco a “la gente”. Si yo tuviera que corregir esa circunstancia, lo primero que haría sería darle profundidad, inventar alguna que otra sombra para que su rostro dejara de ser plano como el de un dibujo animado. Y eso solo se consigue por contraste: a Sánchez le pones al lado de un González o un Leguina y es inevitable que salga fortalecido y cargado de personalidad propia. Si el desfile de momias de esta última semana no fue planificado para apuntalar el discutible y discutido liderazgo del aspirante socialista, entonces es que en las catacumbas del PSOE están mucho peor de lo que parece a ras del suelo.

Pertenezco a una generación que nunca se librará del peso muerto de Felipe González, conducator de todas las grandes decisiones que condicionaron la mitad de nuestra vida. No nos sorprende ninguna de sus reapariciones, y en cuanto a Leguina e tutti quanti, damos por sentado que el espectáculo tiene que continuar y con algo hay que rellenar los telediarios a falta de verdades que decir. Pero Corcuera es un límite kantiano, una idea regulativa, un semáforo moral. Corcuera, de entrada, no. Con su imagen en la retina he ido esta mañana a ver una exposición de carteles sobre la insumisión al servicio militar y ese rostro de cemento se ha superpuesto con otro, el de José Manuel Chico, Pin, el primer insumiso asturiano que fue a prisión por serlo. Nos hacemos mayores. Demasiado mayores para seguir escuchando lecciones de quienes supuestamente nos otorgaron derechos y libertades. Para mi generación, Corcuera era parte del aparato que encarcelaba a personas como Pin. En materia de derechos y libertades, parece que está claro quién luchó aquí y quién fue carcelero. Es inexplicable e inadmisible (sí, muy lapidario todo, es lo que tiene sacar a Corcuera a pasear, que se pone de moda hablar y escribir en formato lápida), es también inverosímil, hasta cierto punto, que para formar un gobierno en 2016 haya que escuchar el parecer de un individuo incapaz de pronunciar correctamente “comité” o de dirigirse a una periodista sin que se le note en la jeta un inconfesable “mujer tenías que ser”. Solo espero que se trate de una operación para inyectarle carisma a Pedro Sánchez. Y aun así, insisto, no era necesario. Con Susana Díaz nos bastaba.

Expediente Iglesias

Vuelven Mulder y Scully. La cadena Fox va emitir capítulos nuevos de la serie Expediente X, un clásicu de la televisión de los noventa. Yá saben: FBI, extraterrestres, conspiraciones, fenómenos paranormales y demás. Unes trames más entreteníes y meyor interpretaes que’l culebrón de los pautos d’investidura que tamos viendo estos díes en toles pantalles, incluida la del móvil.

Tengo que confesar que solo entendí la metá de los episodios d’Expediente X: aquellos que constituíen trames zarraes, munches veces humorístiques, sobre monstruos, mutaciones xenétiques y vampiros. En cambiu, la llinia argumental qu’atravesaba tola serie y que se suponía que diba llegar al clímax na película que s’estrenó nos cines en 1998, siempre se m’escapó: nunca entendí si los extraterrestres yeren reales o non y nunca me quedó claro quién abducía a Scully, anque reconozo que nesa llinia argumental taba muncho de lo meyor de la serie: los personaxes supuestamente secundarios, como’l Fumador, Alex Krycek o los Pistoleros Solitarios.

Tenía munches veces la sensación de que non tolos guionistes de la serie sabíen de qué diba la trama o pa ónde empobinaba. Pásame dalgo paecío colos movimientos de Podemos estos últimos meses: nun sé si hai estratexa detrás d’eses fintes táctiques que Pablo Iglesias executa un día sí y otru tamién. Y conste que, seyan les que fueren les dimensiones de los mios desengaños, pásame con Podemos lo mesmo qu’al axente Mulder colos extraterrestres: quiero creer.

I want to believe. Quiero creer que, cuando los grandes medios xeneradores d’opinión s’emperren tanto en demonizar una opción política, ye porque esa opción política representa enveres una amenaza/promesa de cambiu. Tamién quixi creer a Pablo Iglesias cuando dixo que nun diba aceptar formar parte d’un gobiernu del PSOE, y velequí qu’acaba de postulase como vicepresidente d’un executivu presidíu por Pedro Sánchez. Los más sabios del llugar alvierten que, como maniobra táctica, ye una obra maestra. Pue ser, pero p’aceptalo tengo que dar por válidos dos supuestos que m’abulten contradictorios.

El primeru: que, si’l PSOE rechaza la ufierta d’Iglesias, esti gana l’órdagu y hai elecciones. O nun les hai y tenemos gobiernu PP-PSOE-C’s, lo que reforzaría inda más a Podemos como poder emerxente. En cualquier casu, si Sánchez refuga la ufierta, Podemos gana. Esti supuestu aliméntase de la creencia nel carácter suicida de Pedro Sánchez. Y Pedro Sánchez será munches coses, pero de suicida nun tien pinta. Sánchez, involuntariamente, ta agora na mesma situación en que se punxo Iglesias, voluntariamente, hai unos meses: o César, o nada. La diferencia ye que Sánchez diba preferir ser cualquier cosa intermedia, mientres qu’a Iglesias nun-y queda más remediu que ser esa cosa intermedia (porque yá ta visto que pa lo de dimitir nun atopa güecu na axenda). Pedro Sánchez solo va salvar la so posición nel PSOE si accede a la presidencia del gobiernu. Les presiones pa que nun acceda tán siendo tremendes, pero yo nun lu daría entá por acabáu.

El segundu: que, si’l PSOE acepta la ufierta d’Iglesias, un tripartitu PSOE-Podemos-IU va poder aparar n’España lo qu’una Syriza cuasi hexemónica nun pudo aparar en Grecia. Pémeque nin siquiera teníemos que tar imaxinando esa posibilidá, que diba tener, como previsible efectu secundariu, el de poner a Podemos a los pies de los caballos (electorales), salvándo-y al PSOE la cara y retrasando la so descomposición interna, como yá pasó en dellos ayuntamientos y comunidaes autónomes. Sacante que, pa esti viaxe, seique nun facía falta tanta maquinaria de guerra electoral nin tanta gaita zamorana. Cierto que, na situación en que tamos, ye cuasi un imperativu moral que Podemos s’inmole d’esa manera: nin yo mesmu diba entender otra cosa. Pero forzar un procesu constituyente con estes blimes ye prácticamente inviable.

Expediente X xugaba siempre nel proverbial filu de la navaya: los extraterrestres podíen esistir, pero tamién podíen ser un inventu del gobiernu, inventu que solo diba furrular a condición de que los ciudadanos nun supieren que lo yera. Pa mi Expediente X escarriló’l día que suxirieron que podíen ser ciertes dambes les dos posibilidaes: conspiración gubernamental en collaboración con verdaderos extraterrestres. ¿De qué val una conspiración pa facer creer a la xente qu’esiste lo que verdaderamente esiste? ¿De qué-y val a Iglesias proponer un pautu de gobiernu qu’en realidá nun quier y que-y diba resultar francamente contraproducente, si ye tan evidente que lo fai cola convicción de que la propuesta va fracasar? Si rescampla la insinceridá de la propuesta, la táctica nun va funcionar, incluso pue reforzar la posición de Pedro Sánchez. Na puesta n’escena d’esi órdagu hai muncho de xenialidá pero hai muncho, al mesmu tiempu, d’esibicionismu. Ye un rasgu distintivu del gremiu al que pertenecen Iglesias, Errejón y Bescansa: interpretar el mundu en clave d’oposiciones a cátedra. Nun tengo mui claro que seya esi’l signu de los tiempos, pero quién quita. I want to believe.

Seya como quier, de poco val especular colos poderes ayenos: les coses cambien rápido, les palabres apodrecen d’a poco, y a saber si la selmana que vien nun veremos un gobiernu presidíu pol eximiu diputáu  de Coalición Canaria o, nel so defectu, por Bertín Osborne. Lo que sí sé ye que nesta partida nun hai naide que xuegue pa llograr un optimum políticu, nin siquiera a cambiu d’un poco de dignidá o n’esficies d’acutar pequeños avances pal artista enantes conocíu como clas trabayadora. Lo más qu’ún pue ganar equí ye’l títulu de Mal Menor. Como puntu de partida pa una nueva transición, tampoco ye lo que se diz apasionante.