Ecualízame esto

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Les elecciones que vienen van ser, según dicen, les definitives. Nun s’especifica en qué sentíu van ser definitives, pero caún supón el d’él y, de xuru, acertará. Na intimidá de les sos moliciones, Rajoy verá pasar tola so vida política per delantre, probablemente’l biopic más aburríu de ver si nun ye ún el protagonista, y sentirá, seique, que pue xugar una prórroga y, con un poco de suerte y otro poco d’abstención, nun pasar a penaltis. Pa Pedro Sánchez y Albert Rivera ye, a priori, una mala noticia, porque van tener que pasar fuera de la caxa más tiempu del previstu y eso a nengún xuguete-y sienta bien, cuantimás si la so finalidá ye facer guapo nel armariu d’un coleccionista. IU y Podemos, bien, en xeneral. La familia bien tamién. El tiempu, regular. Continuar leyendo

Estilos de dicción

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Por momentos no tengo muy claro que la mejor idea para seleccionar a los representantes del pueblo sea el sufragio universal. Cierto que no hay un sistema mejor, salvo el sorteo (soy un firme partidario del sorteo, dicho sea entre paréntesis pero completamente en serio, aunque ahora no venga a cuento); sin embargo, creo observar una cierta discordancia entre los procedimientos de elección de cargos públicos y el aparato propagandístico que estos últimos utilizan para hacerse los elegibles. Así, es un tanto absurdo que desconozcamos los méritos por los cuales un individuo va a ser nombrado director general o ministro de algo (y que, incluso conociéndolos, no podamos pronunciarnos al respecto), mientras que aquellas personas que se postulan para diputados y diputadas llegan a sernos inverosímilmente familiares, como si importara la formación o la trayectoria profesional de unos representantes que, para serlo, deberían esforzarse precisamente en lo contrario, en ser menos ellos mismos y ser más los demás. Pero así son las cosas, y no parece que podamos hacer mucho por evitar, a corto plazo, que todo dios se siga liando con los límites entre el poder legislativo y el ejecutivo, empezando por quienes ejercen uno u otro (del poder judicial, mejor ni hablamos: me gustaría acabar este artículo sin abusar de los exabruptos y de los paréntesis, aunque ya sea un poco tarde para lo segundo). Continuar leyendo

Cómo reaccionar como dios manda ante un atentado islamista

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¿Aún no ha dicho usted la última palabra sobre los atentados de Bruselas, o sobre el islamismo, o sobre la islamofobia, o sobre el capitalismo global, o sobre todo ello a la vez? ¿Y a qué espera? La ocasión la pintan calva, barbuda y con turbante. Desaprovéchela y venga luego a reclamar sus cinco minutos de homilía en la próxima cena familiar: de eso nada, la condición de todólogo hay que currársela, de lo contrario cualquiera puede alzarse con el título y dejarle a usted en un humillante segundo puesto. Cierto, eso que siente ahí, a la altura del diafragma, se parece mucho al remordimiento: desearía usted haber leído más, o haber leído algo, sobre yihadismo, sobre Siria, sobre Frontex, sobre Erdogan, pero quién puede predecir por dónde va a salir la actualidad candente, recuerde Ucrania, cuando todo el mundo tenía que decir algo sobre Ucrania y nadie sabía qué, cómo, dónde.

Sobre todo, apresúrese a condenar, sin tapujos ni matices. Sea rotundo: a estas alturas debería usted saber que, en materia de condenas, mejor pasarse que quedarse corto, y aun así alguien se las apañará para reprocharle tibieza, ambigüedad, afán de hacer tortilla sin romper huevos. Sea rotundo, he dicho, y golpee el primero y con saña. Si no está dispuesto a hacerlo, asegúrese de contar con un buen puñado de fieles y sea rotundo en la no condena, aproveche la ocasión para deconstruir o sencillamente destruir un par de convenciones o tres, no hace daño a nadie, casi nadie se entera y queda bien en los periódicos de pequeña tirada. Sobre todo, insisto, nada de Condenar Pero: se meterá usted en discusiones que no desea, le costará hacerse oír, pasará por tirio con los troyanos y por troyano con los tirios y, lo que es peor, caerá en la cuenta de que nadie tiene la menor idea de quiénes fueron los tirios, ni usted tampoco.

Si me ha hecho usted caso y ha condenado sin melindres ni aspavientos el terrorismo en todas sus formas, añada los anexos que le convengan según el caso. Si se dedica usted a la política, ya sea usted portavoz parlamentario o secretario general de algún micropartido o agrupación de electores en alguna remota pedanía, póngase a disposición del gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado para lo que haga falta: nadie va a preguntarle exactamente qué podría hacer usted para ayudar en la lucha contra el terrorismo, de hecho es más que probable que nadie le tome en serio, pero por si acaso. Asegúrese bien de que su ofrecimiento salpica a algún oponente. Si ha hecho bien los deberes, seguro que encuentra a alguno que una vez estuvo de vacaciones en Túnez o en Bidart, todo vale. Si no se dedica a la política, expláyese: la culpa es de los políticos, de todos, y si de usted dependiera ya habría solucionado el problema. Muy importante: no se empeñe en explicar cuál es, a su juicio, el problema, déjelo así, de ese modo la solución será plausible por sí sola. No lo estropee: recuerde que la imaginación ajena es el mejor aliado de las mentes poco imaginativas.

¿Ya se ha hecho un hueco en la conversación? ¿Ya ha pergeñado un par de tuits o, en su defecto, alguna lapidaria frase en su grupo favorito de Telegram o Whatsapp? ¿Ya ha actualizado su estado en Facebook y cosechado los previsibles likes? ¿Ya ha apabullado a sus compañeros de trabajo con su delicada exégesis de la situación? Enhorabuena: lo peor ya ha pasado. Ahora viene el momento divertido: la interacción. Por lo que veo, aún no se ha provisto usted del indispensable catálogo de interlocutores plastas, aquellos que debe usted evitar si quiere hacer carrera. Es imperdonable, así nunca llegará usted muy lejos. Memorice al menos los siguientes estereotipos y úselos con discreción pero a discreción. No se arrepentirá.

Tenemos, en primer lugar, al islamófobo convicto y confeso, tradicional o ilustrado. Al islamófobo tradicional le reconocerá usted fácilmente: no sabe pronunciar “islam”, prefiere el genérico “moros” y, más concretamente, el no menos genérico pero mucho más descriptivo “putos moros”. El islamófobo ilustrado, no obstante, hace gala de una paleta más compleja de adjetivos, sabe a grandes rasgos qué es el yihadismo y puede que hasta el salafismo y el wahabismo, incluso hay alguno que sabe decir “muyaidín” sin escupir; ha leído a Houellebecq o al menos le suena, y es un paladín de las libertades femeninas, salvo que hablemos de mujeres con hiyab; está suscrito a Mongolia desde el atentado contra Charlie Hebdo. La diferencia entre uno y otro tipo de islamófobo depende de las ganas que tenga usted de perder el tiempo: con el primero se pasa el trago fácilmente, es parco en palabras y, por regla general, de temperamento colérico, de modo que la cruzada le durará hasta que alguien cambie de tema o hasta que se acabe el pacharán; en cambio, el islamófobo ilustrado puede ser un problema si no es usted uno de ellos: su islamofobia es estructural y de largo recorrido; la discusión, si se produce, puede durar semanas.

En el otro extremo del espectro campa por sus respetos el rojo de toda la vida, del que también cabe encontrar dos ramas o facciones, lo que, para tratarse de un grupúsculo de izquierdas, es todo un mérito (lo normal es que haya veinticuatro o veinticinco). Por un lado, el Rojo De Toda la Vida Pero Compasivo es, hay que reconocerlo, un tipo dialogante, incluso demasiado dialogante; es fácil empatizar con él, a poco humano que sea uno; es de condena rápida (de la violencia en todas sus formas) y de soluciones lentas (la educación para la tolerancia suele ser su receta para todo). Por otro lado, el Rojo De Toda La Vida Y Hasta La Victoria Siempre, aunque tenga sus ramalazos compasivos, hará todo lo posible por enterrarlos bajo una capa de resentimiento global y soluciones draconianas. No gaste saliva con este último: cualquier término que usted saque a relucir se diluirá como un azucarillo en agua, ya sea “terrorismo” (qué habrá más terrorista que la OTAN salvo ese oscuro ex compañero de fatigas del Rojo De Toda La Vida Y Hasta La Victoria Siempre que un día justificó los bombardeos de Libia: ese es el verdadero terrorista), ya sea “derecho internacional” (una broma del capitalismo) o “fanatismo religioso” (la religión del dinero, etcétera). No le pierda de vista. Si ve que empieza a tratar al terrorista suicida como a un mártir anticapitalista, aléjese: el universo podría implosionar por anemia de sentido común.

Están en tercer lugar los (previsiblemente pocos) musulmanes con quienes pueda o se atreva a hablar de estas cuestiones. Un islamófobo ilustrado le diría que tenga usted cuidado: es costumbre musulmana practicar la taqiyya, el disimulo de las propias convicciones ante los infieles. Un Rojo De Toda La Vida Pero Compasivo le replicaría que, en materia de simulaciones, tampoco es que los firmantes de pactos antiyihadistas lo hagan mal del todo.

Nos quedan, por último, los niños. Déjeme que le diga una cosa, solo una, sobre los niños: no los meta usted en esto. No necesitan su opinión, ni su odio religioso ni su humanitarismo global, ni su tendencia a los matices ni su afición a la truculencia. Los niños ya saben que el que mata se llama asesino y el que es asesinado, víctima. No los confunda, no les riegue los oídos con clichés. Si lo deja estar, cuando crezcan sabrán perfectamente distinguir a un asesino de una víctima sin importarles que el primero mate en nombre de Alá o de la UE o que la víctima lo sea del DAESH o de los guardacostas turcos o de ambos verdugos a la vez.

Venga, campeón, al lío. Verá qué fácil.

 

Los que tienen que sirvir

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Hailos que nun necesiten nenguna reforma del Códigu Penal, qu’ellos solos se tapen la boca o, como muncho, namás la abren pa facer piña cola oligarquía. Pa facer esa piña namás que necesiten una cuenta en Twitter y restolar a la busca d’elementos como esi tal Xandru Fernández qu’escribió, mira tu pa él, “oligarquía”, juas juas, emoticón partiéndose la caxa. Refiérome a xente que tien la suerte de contar con un detector de términos potencialmente risibles, ente ellos “oligarquía”, pero tamién “pueblu”, “clase obrera”, “llucha de clases” o cualquier espresión que suene un poco a manual de Marta Harnecker. Nengún d’esos creadores d’opinión, o alpenes un puñadín d’ellos, lleó nada de Marta Harnecker, pero alimentáronse colos prexuicios de mentores que sí la lleeron, munchos d’ellos con devoción incluso, enantes del previsible desencantu.

Periodistes, escritores y profesores, por mencionar namás que tres profesiones difuses y confuses del gremiu de trabayadores de la ideoloxía, furrulen, igual que los demás mortales, d’alcuerdu con unes pautes culturales y biolóxiques y mui davezu como partes indistinguibles d’un cuerpu colectivu. Asina, nun ye nengún secretu qu’una parte d’esa colectividá, la parte de mayor edá y esperiencia, militó formal o informalmente na esquierda política nos años sesenta y setenta p’arrenegar, en llegando al poder el PSOE, d’aquellos compromisos históricos de la so mocedá. A eses persones quedó-yos un bagaxe cultural y políticu que, con rancura o ensin ella, lexitímalos pa usar y criticar con propiedá un discursu que, les más de les veces, intenten ridiculizar como si fuere una llocura xuvenil tan difícil de reivindicar como los discos de Cecilia. Tán depués los fíos o hermanos pequeños d’esa xeneración, los que llegaron (lleguemos) a l’arena política cuando’l referéndum de la OTAN, más o menos, y que, anque tuvieren (tuviéremos) tamién les sos ortodoxes, acusaron recibu d’esi desencantu ayenu y entamaron la so propia trayectoria a partir d’esi desencantu y envolubraos de cinismu preventivu. Queden, finalmente, los que saltaron a l’adolescencia na época de les Mama Chicho, una xeneración post soviética a la que yo personalmente tiendo a supone-y cierta claridá na mirada y munchos menos prexuicios llingüísticos.

Por eso nun dexa d’asombrame la ductilidá con que dellos presuntos progresistes s’amolden a conductes que pa mi, que-yos saco a lo menos un deceniu, abúltenme mayuques por nun dicir que pura antigualla. Esti últimu añu ta sacando lo meyor y más vergonzoso d’esi colectivu amigu d’identificase con cantautores con canes y piscina privada qu’amiren pa la escena política con güeyos avieyaos y chistes que yá yeren malos na época de los cineclubs. La simple convocatoria d’un referéndum nun llugar tan distante como Grecia enllénalos d’una soberbia que pa él la quixera Joaquín Leguina. Faltos de les llectures de los sos guíes espirituales, nin siquiera-yos algama’l xuiciu pa ver nellos mesmos la ilustración viviente d’una hexemonía cultural agonizante. Nada que nun podamos atopar n’otros sectores de la nuestra sociedá, pero que nesti casu, al tratase de xente que contribúi al desenvolvimientu públicu d’una determinada ideoloxía, choca y da repilu poles mesmes razones poles que choca y da repilu ver a dalguién que quier borrar una pizarra con un borrador llenu de tiza: la única esplicación pa esa conducta irracional ye qu’esi suxetu nun quier borrar sinón facer como que borra, nun quier sirvir sinón mostrase servil. Cronistes d’un tiempu nuevu que se vuelven la encarnación periodística d’aquel personaxe de Atraco a las tres: “Fernando Galindo, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo”.

Derecha de punta fina

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Cuando la realidá se pon difícil d’entender, siempre ye útil encomendase a Forocoches. Sobre Ciudadanos atopa ún discusiones interesantes nesa nueva Atenes de la cibernética, y nun lo digo con retranca: hailes muncho más interesantes que na mayor parte de los foros de discusión onde pue ún participar ensin pagar matrícula (y hasta pagándola). Yo atopé, ente otres coses, una comparativa escelente y pertrabayada de los programes electorales de Ciudadanos y Podemos. La única tacha ye que Podemos nun tien tovía un programa electoral stricto sensu, pero sacante eso la comparativa prometía discusiones de nivel, vete a saber de qué nivel. Solo por aciu d’esa asimetría yá ganaba Ciudadanos na comparanza: de Podemos esbillárense solo les midíes más xenériques que perfilara esti partíu pa les elecciones europees, mientres que les propuestes de Ciudadanos taben actualizaes al día del post, tabulaes y numberaes. Quedaba too mui guapo. Y lo mesmo que pasaba con UPyD cuando UPyD importaba dalgo, munches d’eses midíes, bien vistíes, pintaben absolutamente defendibles. La mayor parte d’elles yeren (son) un despropósitu absolutu, pero tanto rellucíen que paecíen, cuando menos, escandinaves. Esperaba ún atopar de siguío un volume bien grande de manifestaciones de foreros posicionándose a favor de, por exemplu, la investigación médica d’enfermedaes rares, el fomentu del software llibre nes escueles o l’accesu gratuitu a los museos, midíes bien razonables y que, per otra parte, yá incluyía Izquierda Unida nel so programa en 2011. Nostante, nun me sorprendió gota que la mayoría de los comentarios s’interesaren por otru tipu de propuestes, a saber: les rellacionaes cola inmigración y los nacionalismos.

Un tema recurrente nes tertulies polítiques españoles ye l’ausencia (n’España) d’una derecha civilizada al estilu de la derecha “europea”. Cuando se diz esto, polo xeneral, naide nun ta pensando na derecha húngara, sinón más bien na francesa, y piénsase más bien nuna derecha tipu De Gaulle o Chirac, y non tanto en Maurras o Le Pen. Mientres la gran esperanza de civilizar a les dereches hispániques foi Alberto Ruiz Gallardón, alentóse nos medios la creyencia de que nel PP, como en San Agustín, habitaben dos almes, una franquista, tradicionalista y de les JONS, y otra demócrata, lliberal y europeísta. Esi mitu funcionó hasta que foi público y notorio que tamién Gallardón gastaba alzacuellos: d’otra manera nun s’esplica qu’UPyD nun perpasara al PP yá nes elecciones de 2011. Sicasí, nun hai que desdexar, como factor mui influyente nel fracasu del partíu de Rosa Díez, qu’a fuerza de defender la desapaición de les fronteres interiores dexaron abandonada la defensa de les fronteres esteriores. Que ye xusto lo que Ciudadanos ximielga como reclamu, amás d’una xenérica apelación a la rexeneración democrática que, n’España, ye tan nuevo y atrevío como reivindicar la Dama d’Elche.

Si Ciudadanos llega a tener más ésitu qu’UPyD, cosa que ta por demostrar, obtendráse pol mesmu preciu la constatación de qu’esi desiderátum d’una parte de les clases altes españoles, a saber, un partíu de dereches que nun paeza escesivamente antediluvianu, ye tanta quimera n’España como en Francia o n’Hungría: nengún proyectu qu’atente contra los intereses de les clases populares pue tener nengún ésitu a nun ser que xorrasque lo más inflamable de les pasiones sociales, yá seyan estes relixoses, identitaries o xenófobes. Lo que de momentu diferencia a Ciudadanos del PP ye qu’a los primeros nun se-yos ve la sotana. Pa tolo demás, la diferencia ye tan simple como que’l BIC naranxa escribe fino y el BIC cristal escribe normal.

Cincuenta sombras de Monedero

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Creo que no me convencen las explicaciones de Juan Carlos Monedero sobre sus intimidades fiscales y financieras. Les encuentro un defecto muy difícil de corregir, a saber: que aún no entiendo qué debe ser objeto de explicación y/o justificación. Me pasa aquí lo mismo que cuando Pablo Iglesias salió disculpándose por llamar lumpen al lumpen: no era necesario.

O tal vez sí, aunque lo necesario no tenga por qué ser eficaz, ni siquiera lo más aconsejable. Monedero podría haber seguido a lo suyo, sin hacer el menor caso de las portadas de El Mundo, y esperar pacientemente a que la radiación gamma alcanzase niveles tolerables para el debate político. En lugar de eso, ha preferido salir a la palestra con un puñado de informes para demostrar lo que nadie, salvo un juez, podría exigirle. Hay quien aplaude el ejercicio de transparencia que ha practicado, pero no es mi caso: no hay transparencia ninguna en sumar más ruido al ruido, y un aluvión de términos legales, cruces de fechas, fotocopias de facturas y declaraciones de expertos es, según mi nada modesto punto de vista, un montón de ruido, y no precisamente de fondo.

¿Qué gana Monedero con todo esto? ¿Obedece esa estrategia comunicativa a algún tipo de intento de ocupar la centralidad del tablero? Si es así, forzoso es reconocer que el tablero en cuestión es un tablero de damas y poca cosa más. Monedero no necesita enseñar ninguna factura porque todo el mundo sabe que no se está cuestionando su honradez fiscal (en el supuesto de que uno pudiera ser honrado con el fisco). Tampoco se está discutiendo su vinculación con los demonios bolivarianos, pues esa vinculación está perfectamente clara para sus detractores y, en cuanto a los demás, el argumento nos suena un poco a “agentes de Moscú”, “contubernio judeo-masónico internacional”, “eje del mal” y cosas parecidas. No: lo que cierta prensa ha tratado de cuestionar es el derecho de Monedero a su propio discurso. “Está forrado”, es lo que llevan varias semanas diciendo. Monedero es casta porque cobró un potosí por algo que cualquier duque de Palma haría gratis e incluso pagando, como es bien sabido. La centralidad del tablero de damas: todo por la pasta.

Desde hace meses, buena parte de la estrategia del gobierno y de los partidos afectos al régimen del 78 ha consistido en tratar de relacionar a Podemos con aquello que Podemos combate o, al menos, con aquello que combaten los simpatizantes de Podemos. Con poco éxito, a juzgar por las encuestas. El caso Monedero prometía, pero parece haber entrado en vía muerta. Cierto que ha reforzado el compromiso anti-Podemos de algunos sectores, pero la sensación que uno tiene es que se está repitiendo demasiado la misma serenata. Y la repetición, en un contexto como este, no solo no asienta el mensaje que se pretende transmitir, sino que lo neutraliza. Puesto que el gobierno se está esforzando lo suyo en tratar a Podemos como trataría a Batasuna, la única noticia en portada que podría servir a sus intereses sería la de la cúpula de Somosaguas esposada, con las caras pegadas al suelo, delante de una ikurriña. Puesto que El País se empeña en tratar a Podemos como trataría, trató y trata a Fidel Castro o a Maduro, la única fotografía de Monedero que le sería útil incluiría algún tipo de chándal de colores llamativos. Puesto que El Mundo… En fin, a El Mundo le serviría cualquier cosa.

Sugerir que Monedero está forrándose a costa de denunciar a los que ya están forrados: no puede ser esa la única arma de un régimen que, por muy rápido que se esté descomponiendo, había logrado salvar la cara ante la historia, a pesar de sus sombras y sus contraluces. Es un consuelo saber que, a cambio de esa torpeza, lo que han obtenido los trompeteros del régimen es una comparecencia pública de Monedero haciendo lo que hace la gente poderosa: hablar en público de sus asuntos privados. Hasta ahora lo habíamos visto en platós de televisión, en mítines o en ruedas de prensa donde comparecía no para hablar de sí mismo sino para representar a un partido. Faltaba ese ingrediente que adorna a todo personaje público con capacidad para crear estados de opinión: faltaba el momento psicopornográfico, el tránsito del nosotros al yo, la apoteosis. Los chicos de Montoro han vuelto a hacer lo que tan bien se les da: meter la pata. Querían convertir a Monedero en uno de los suyos y lo han conseguido: le han transferido cincuenta toneladas de sex appeal.