No soy yo, eres tú

Creo que todo el mundo guarda el recuerdo de haber sido engañado por sus padres en alguna ocasión. Nada especialmente dramático: me refiero a esa técnica de aplazamiento de la frustración que consiste en diferir una negativa haciendo creer al hijo o a la hija que sus expectativas se verán cumplidas a su debido tiempo. Funciona casi siempre, pero por si acaso los padres expertos van dejando caer, a lo largo de esa prórroga que se autoconceden, posibles razones por las cuales esos planes (ir al cine, estar una semana sin bañarse, celebrar un cumpleaños en la luna) tal vez no lleguen a buen término. Al final hay cabreo, claro, pero atenuado por la fatiga de la espera, aunque es probable que el resentimiento producido sea más perdurable que el que habría generado la sinceridad inmediata: me sale más barato comprarte cocaína que llevarte al cine, hueles a rayos, el PP ha privatizado la luna.

Una de las pocas cosas que cabe esperar de la vida es que, al crecer, nuestros padres dejen de tratarnos como a gilipollas. La posibilidad de que sean otros adultos los que nos traten así, ni se nos pasa por la cabeza, toda vez que a nadie más le ha sido concedido el don de verlo todo (una cualidad que el pensamiento infantil atribuye a los padres y que no se borra con el paso del tiempo, por muchas ciencias que te enseñen en la secundaria, aunque es posible que fuera de otra manera si en la secundaria se enseñara más ciencia y menos religión o Empresa Joven Europea). Calculando a ojo, el resentimiento producido por una promesa traicionada en esas circunstancias viene a ser el producto del resentimiento infantil multiplicado por el número de años transcurridos desde que dejaste de creer que te habían robado la nariz.

Todo eso le da igual a la Federación Socialista Asturiana, experta en practicar una técnica de negociación tan compleja como sutil: primero prometer y después meter. Convenzamos a estos memos de que pacten con nosotros, prometámosles lo que quieran, ya habrá tiempo no solo de romper esa promesa sino de hacer creer al público que son ellos los que rompen, por infantiles e insolidarios. Los memos en cuestión (no solo IU y UPyD, sino sus votantes, entre los que me cuento y no me cuento, adivinen) tienen, encima, que dejarse la piel para no pasar por simples y caprichosos: No me digas que vas a romper el pacto por esa tontería de la ley electoral, que no le importa a nadie. Pues mira, va a ser que sí que importa, si fue una condición que te pusimos y tú la aceptaste. Da igual que hayas dicho que no creías en ella y que tus votantes no te eligieron para eso: si así fue, no deberías haber pactado, pues traicionabas a esos votantes, y si pactaste, no deberías romper el pacto, pues traicionas a tus socios. Eres doblemente traidor y, por si fuera poco, pretendes ahora hacerte el agraviado.

Lo peor, me temo, es que esta frustración en diferido no es sino el preludio de una mayor y no menos esperada: el hermanamiento definitivo entre los dos campeones del bipartidismo, PSOE y PP, siguiendo el ejemplo de sus primos alemanes. Dejen de negar con la cabeza y demuestren con hechos que me equivoco.

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El tonto útil del fascismo

Hablamos poco de fascismo, y mientras tanto el horizonte se nos llena de fascistas. Cierto, cuando se ha abusado tanto de un término, aplicándolo a casi cualquier cosa que no nos gusta, y cuando incluso el régimen (heredero de un régimen fascista, nunca lo repetiremos lo suficiente) hace uso de él para condenar cuanto considera intolerable, resulta entonces difícil manejar ese término con otra intención que la meramente connotativa. Pero no cuesta nada ser precisos, o no debería costarnos.

Las semejanzas de UPyD con los partidos fascistas del siglo XX no son cosa de risa. Los modales de sus dirigentes no se apartan mucho de ese mismo guion y nos devuelven, de vez en cuando, una parodia de lo que en su día caracterizó a sus modelos. Así ha vuelto a ocurrir con Toni Cantó, ahora reconvertido en paladín de los varones humillados por la ideología de la igualdad de género. Armado con datos falsos, el diputado de UPyD alza la voz para denunciar los malos tratos sufridos por los varones a manos de sus mujeres, e insiste en el abuso que suponen las denuncias falsas por violencia de género (del orden de un 0,01 por ciento, según datos oficiales). No me sorprende la falsa gazmoñería del diputado, pero sí, o al menos un poco, la de cuantos se han aprestado a hacerse eco de ella, que los hay: por todas partes brotan gentes (varones en su mayoría) que conocen a uno que fue denunciado por maltrato sin que hubiera habido delito (y dicho sea de paso, yo no sé para qué existen los procesos judiciales, cuando todo lo que hay que hacer es creer a pies juntillas lo que nos cuenta el interesado, pues a ver quién es el guapo que reconoce que tiene amigos o familiares maltratadores), y no falta quien se declara harto de las feministas y de lo políticamente correcto y ve en conductas como la de Cantó una vindicación de “lo sano, lo normal, lo de toda la vida”. Toni Cantó deviene, así, portavoz de un estado de ánimo: el del ciudadano de a pie sin filiación política pero hastiado del lenguaje democrático y hasta cierto punto nostálgico de “cuando se llamaba a las cosas por su nombre”.

Una democracia es un sistema garantista, o aspira a serlo, y en todos los sistemas garantistas lo normal es que haya denuncias falsas. Sobre cualquier cosa. Que esto sea así no disminuye un ápice la enorme cantidad de denuncias bien fundadas en cuya existencia se apoya y se pertrecha el aspirante a defraudador. Y son esas denuncias las que debieran preocupar al diputado Cantó, no las excepciones ni las generalizaciones inductivas basadas en rumores. No le quitemos hierro al asunto: cuando Toni Cantó decide poner el foco sobre las supuestas injusticias derivadas de las políticas de igualdad, sabe perfectamente a quién se dirige y quién le hará la ola. Los datos falsos son lo de menos: el anzuelo ha sido lanzado sobre un prejuicio, y los prejuicios pican siempre. El pescador de prejuicios lo tiene todo a su favor: el desencanto con la democracia, la desideologización del lenguaje, la desorientación producida por un entorno donde ya no hay instancias naturales a las que recurrir para definir la normalidad. Toni Cantó se identifica, como personaje, con ese ciudadano inclasificable, no marcado, irreductible a estereotipos. Da voz al resentimiento.

De todo esto puede salir un infierno o simplemente nada, pero yo no apostaría. Después de todo, en el ascenso del fascismo jugó un papel nada desdeñable el encogimiento de hombros ante el histrión o el mediocre que lo representaba: ninguno de sus mesiánicos caudillos hubiera superado una prueba de carisma antes de conquistar el poder. A Toni Cantó le hemos visto en la tele recibiendo collejas y nos hacía mucha gracia, pero a mí se me han quitado de repente las ganas de reírme.

Fidelidá y cartomancia

Los resultaos de les elecciones asturianes del 25 de marzu nun dan pie a llectures mui de fiar. Dan pie, eso sí, a reacciones emocionales de signu mui variáu: ataques d’indignación, efusiones de misantropía, esibiciones de miopía y cara dura, lloriaes d’euforia o resignación o euforia resignada. A lo incognoscible pertenecen les motivaciones (o les desmotivaciones) d’un 44% d’abstencionistes. A lo interpretable, un repartu d’escaños que, como poco, da pa rascase la cabeza unos cuantos años.

El partíu gobernante (ye un dicir), FAC, pierde 55000 votos en comparanza coles elecciones de 2011. Nun gana. Tampoco n’escaños, a pesar de la llei electoral. Gana’l PSOE, pero nun-y da pa formar gobiernu nin siquiera col apoyu d’Izquierda Xunida. El PP, esperable beneficiariu del xostrazu de FAC, non sólo nun recupera nenguna d’eses 55000 papeletes casquistes, sinón que pierde tovía otres 10000, lo que lu convierte, incontrovertiblemente, nel partíu más castigáu del arcu parllamentariu, cuantimás depués de xugar a “o César o nada”. A la fuerza la reforma llaboral tenía que pasar factura.

Si nos conformamos con buscar el titular más fácil, obligao ye concluir que la vida sigue igual. Presumiblemente, tendremos un gobiernu en minoría. Presumiblemente, esi gobiernu va tar encabezáu por Francisco Álvarez-Cascos. Si al final (queda’l recuentu del votu esterior) nun ye asina, habrá que ver si Javier Fernández, solu o acompañáu, cuenta col apoyu d’UPyD na sesión d’investidura, y eso en casu de que decidiera ser fiel a sigo mesmu y presentar la so candidatura a presidente del Principáu. Too depende, nel fondu y na forma, de demasiaes fidelidaes: Javier Fernández prometió postulase si sacaba más escaños que nadie (y sacólos), UPyD prometió apoyar la investidura de la formación más votada (que ye’l PSOE), Cascos y Cherines prometieron que nun había posibilidá nenguna d’arreglase (y por eso hubo estes elecciones). Qu’agora toos ellos se desdigan, por desgracia, nun ye imposbile, nin tampoco improbable. Lo qu’esplica, en parte, esi 44% d’abstención.

Otra cosa ye la cartomancia, a la que se dedica bona parte del análisis políticu (y con cierta xustificación, una y bones la demoscopia nun vive’l so meyor momentu).  ¿Úlos, los mios votos?, paecen entrugase la mayoría de les formaciones polítiques que presentaron candidatura. Difícil de dicir ye. Puestos a conxeturar, ún diría que munchos de los del PSOE quedaron en casa, en cuenta de dir pa FAC (como nes últimes): ¿fálta-y credibilidá al partíu, o sólo al candidatu? Tamién quedó en casa munchu votu del PP. Tamién munchos d’Izquierda Xunida, la única candidatura, con UPyD, que sube en votos absolutos amás d’en porcentaxe, anque pudiera esperase una subida aínda más acusada (que sí se da n’Andalucía). Nun salen per nenguna parte los votantes de Bloque por Asturies-UNA, a nun ser qu’especulemos que munchos d’ellos optaron por FAC (que l’antagonismu ente Shakespeare y la madreña prendió, anque non onde yera más fácil d’esperar) , y otros, la mayoría, pola abstención. Pero too esto ye matemática demente y nun val pa otro que pa matar el tiempu cuando nun se quier mirar la realidá de frente.

Llectures, llectures, llectures. Habrá que falar estos díes (y estos años) de desafección, de desencantu, de castigu y d’espectáculu (l’escañu d’UPyD: una combinación d’espectáculu, oportunidá y esnobismu). En tou casu, la vida nun sigue igual: hai movimientu nes trincheres, anque’l frente nun se mueva.